El arrastre de Alberto Fernández y el exorcismo laico que necesita Mendoza
El secuestro del teléfono del expresidente Alberto Fernández inquieta, particularmente a sus aliados más recientes de la política, el empresariado, la farándula y los eternos amigos del poder. Más allá de la prueba judicial, hay una carga política enorme en el análisis judicial de la vida íntima del expresidente. Es parte de un derrumbe de época; de un deterioro que acarrea a una generación. Mendoza no es ajena al arrastre, pues algunos de los principales dirigentes de la Provincia fueron parte de alguna de las etapas del sector político que se deshizo con el escándalo.
Igual, pueden estar tranquilos: cuando, por ejemplo, Alfredo Cornejo construyó la alianza con el primer kirchnerismo y tenía en Alberto Fernández al primer operador, no existía WhatsApp, por lo que cualquier vínculo, diálogo y acuerdo quedará flotando en el aire. Justamente, eran Cornejo y Alberto los armadores de aquel “sueño” político llamado Concertación, que derivó en éxitos personales y el inicio de una etapa de derrumbe provincial.
Coincidencia o no, el estancamiento de Mendoza en todos los planos cumple 20 años en los que pasaron 5 gobernaciones y 4 gobernadores, con improntas similares: siempre oficialistas o tibiamente opositores y con la provincia siempre profundamente perjudicada por factores externos y yerros propios. Julio Cobos fue oficialista arrastrando a la ruptura de la UCR; Celso Jaque y Francisco Pérez también por pertenencia partidaria. Alfredo Cornejo fue aliado de Macri y solo Rodolfo Suarez fue opositor explícito de Alberto Fernández. Cornejo, en su versión 2.0 es “opositor colaborador”, casi un abanderado del oficialismo culposo que representan frente a Javier Milei los gobernadores del extinto Juntos por el Cambio.
La “segunda era” de Cornejo tiene una especie de épica “refundacional” porque busca construir nuevas bases, pero con una idea que parece un oxímoron. Renombrar como nuevo, lo que en realidad todos conocen. Es que gran parte de las dos décadas perdidas tienen a los mismos protagonistas como eje. Un ejemplo que puede valer para la retórica es la política minera: el mismo partido que sancionó la ley 7722 es el que la boicotea y cuestiona por lo bajo como la “culpable” del freno a esa actividad, obviando otros factores también atribuibles a la falta de gestión interna.
En esas dos décadas Mendoza cayó en el ranking en casi todos los indicadores económicos. No es más el 4% de todo, pues en generación de riqueza está más cerca de provincias que tienen otra matriz mucho menos desarrollada. También esas dos décadas coinciden con la gestión íntegra de la Provincia sobre sus recursos naturales, particularmente el petróleo. Justamente también es la época de la decadencia: se estrujaron los recursos disponibles con bajísima inversión en exploración y menos estrategia para reemplazar los recursos que decayeron. La geología hizo lo suyo, pues la explosión de Vaca Muerta en Neuquén puso todas las miradas. Pero Mendoza no hizo sus deberes: Pata Mora es poco más que un pueblo fantasma, no se hicieron inversiones profundas y los activos estratégicos tuvieron, hasta ahora, traspasos que fueron poco productivos.
Recalculando
La mayoría de las licitaciones petroleras realizadas desde 2007 derivaron en negocios inmobiliarios y concentración en empresas que tienen más experiencia en las transacciones que en la extracción de petróleo. Es lo que ocurre con las empresas del grupo Integra. La misma concentración se dio con la adjudicación de obras públicas, que terminó en una dependencia enorme de pocas empresas, como ocurre con CEOSA.
Esa realidad con tendencia oligopólica (donde incluso los mismos dueños tienen intereses en rubros diversos) se trasladó a la política. Por ambición propia o porque supo leer los tiempos, Cornejo también construyó poder con esa idea de concentración y extensión fuera de los alcances, en su caso, del Poder Ejecutivo. Las últimas décadas de Mendoza tienen, entonces, esas características: concentración, especulación y, también, más discursos que hechos.
La salida de YPF de las áreas petroleras más grandes y viejas de la provincia puede convertirse, como cree Cornejo, en una oportunidad. En otra escala, lejos del boom de Vaca Muerta, aparecen empresas nacionales que tendrán como objetivo mantener un nivel de producción que venía en decadencia. Petróleos Sudamericanos en las 6 áreas de Mendoza Norte (que incluye los gigantes Barrancas y La Ventana) y la UTE Quintana y TSB (que debutará como Operador) en Mendoza Sur son actores nuevos para la provincia. Pero no está todo dicho. El Estado mendocino debe aprobar la transacción y, aseguran, habrá exigencias de inversión. El Gobierno elaboró una minuta con esos requisitos y se espera una dura negociación, pues además hay pasivos a sanear y también concesiones a prorrogar.

La política minera impulsada por Cornejo será una prueba para ver si se replica el modelo o hay cambios que favorezcan la actividad productiva. Solo en la primera etapa hay 34 proyectos de exploración en los que, como explicó MDZ, hay más abogados y contadores que geólogos detrás. El plan minero entrará en fase de prueba pública. La “batalla” política la tiene ganada el oficialismo en la Legislatura. En lo discursivo creen que también, pues no hay grandes objeciones a hacer exploración. El debate legal tiene zonas desenfocadas por la superposición de permisos y acciones. Y lo que le interesa en el corto plazo es la discusión pública. Cornejo quiere tener como logro aprobar un plan de actividad minera sin conflictos en la calle.
Lo había logrado con el fracking. Pero en ese caso la geología y las empresas (como El Trébol) le dieron la espalda. Con la minería, que tiene una proyección a muy largo plazo, se ilusionan con un final distinto: que haya buenos resultados y que las empresas ejecuten inversión real. De nuevo, la escala a la que Mendoza aspira es baja en la primera etapa; muy lejos por ahora de los mega proyectos que, RIGI y décadas de exploración mediante, se ejecutarán en San Juan. El Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones es un ejemplo de la realidad de la Mendoza de Cornejo: buena letra y generación de condiciones, pero falta de proyectos (fue una de las primeras en adherir, pero sin proyectos concretos). No hay postulantes reales, pero Potasio Río Colorado (que está adjudicado), la mina San Jorge (que tiene que actualizar su DIA) podrían aspirar a adherir. Lo mismo que, actualizando los planes, los parques solares de la empresa Geneia.
Cornejo es uno de los gobernadores que presiona para que hay un régimen de incentivos a las inversiones para Pymes; es decir de una escala menor, pero más diversa. Justamente es el tipo de negocios en los que Mendoza es altamente competitiva por su diversidad: más empresas, de más rubros. Por ahora la Nación no da ninguna señal favorable. Por eso hay empresarios locales piensan en una reconversión para prestar servicios puertas afuera de Mendoza.
Desde hace años la Provincia entró en un espiral que parece demandar una especia de “exorcismo laico” para que en las tierras donde gobernó San Martín las cosas ocurran; que termine la era del “no se puede”. El ejemplo extremo, ya citado reiteradas veces, es tener dinero disponible pero no un plan proactivo para invertirlo.

