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Llamado a la paz con discurso de guerra: luces y sombras del Pacto de Mayo que logró Javier Milei

El presidente logró la firma de un pacto con temario y enfoque impuesto por él, pero con menos consenso del previsto: igual, tuvo una victoria política. Un discurso sin matices y con tónica de guerra.
Javier Milei impuso el temario y el enfoque de su Pacto de Mayo. Foto: Presidencia de la Nación
Javier Milei impuso el temario y el enfoque de su "Pacto de Mayo". Foto: Presidencia de la Nación

Javier Milei logró el "Pacto de Mayo", que se firmó en julio en la casa de Tucumán y que, parafraseando a la popular niña posesiva cuyos padres viralizaron a través de un video, puede ser bautizado como el pacto de “Micumán”. Un pacto supone un trabajo previo de búsqueda de acuerdos entre opiniones divergentes. En este caso el Presidente impuso el temario y hasta la redacción del decálogo, que en ambos casos tienen una intencionalidad marcada. Por eso le cabe mejor la primera persona, antes que la tercera: en la previa el llamado sonaba más a “su” pacto, que a al pacto de todos.

Un pacto es el resultado de un proceso, aunque tampoco es el punto final. En su convocatoria “refundacional” Javier Milei dejó la puerta abierta para que todos los sectores que estuvieron ausentes y le dieron la espalda se sumaran. Incluso llamó a dejar rencores, divergencias y diferencias de lado para poner por encima el bien común. O lo que él considera como camino al “renacimiento” argentino. 

Los gobernadores firmantes y el Presidente.

La convocatoria fue mucho más humilde de lo esperado en términos de representación y allí hay otro mensaje político. En lo negativo para el Gobierno está la falta de consenso general para aglutinar referentes que piensan distinto. Pero también es relevante desde lo político haber dejado “del otro lado” al kirchnerismo, esa idea de “pasado” que representa cualquier referencia al gobierno anterior y que aún representa el principal capital. Es, también, el ancla de gran parte de los gobernadores “no oficialistas” pero colaboradores, como lo son los integrantes del extinto Juntos por el Cambio. “Prefiero mirar los que sí vinieron, que son 18 gobernadores y es un buen número”, había dicho Alfredo Cornejo al llegar a Tucumán. El mendocino es uno de los que había apoyado a Milei, aún sin tener contacto directo previo. De hecho la foto de la firma del Pacto es la primera que tienen juntos. 

Discurso de guerra

La construcción discursiva sobre la que se basa el “Pacto” se sustenta sobre los extremos, incluso uno difícil de comprender. El Presidente puso a la Argentina en un contexto bélico. En una guerra no hay términos medios, grises, ni discusiones. Hay ganadores y perdedores; hay, también, flaqueza de palabras. Como ocurre en todas sus intervenciones, Milei plantea sus postulados desde el conflicto y sin matices. A todo o nada.

En el decálogo hay máximas casi incuestionables, como el equilibrio fiscal, la búsqueda de más y mejor empleo, el comercio, el respeto a la propiedad privada y, aún cuando no estaba previsto en la redacción original, la ponderación de la educación. El debate futuro que se hará en el “consejo de mayo” tiene un sesgo inicial porque los postulados acarrean una marca original: el achique del Estado en su rol de regulador, de mediador y de gestor de igualdad. Esa es otra palabra abolida del discurso oficial, pues en su lugar el mundo libertario promociona el concepto de competencia sin reglas. Fraternidad, claro, tampoco está en el diccionario oficial.

El Presidente obvió en todo el discurso esos matices. Por eso, por ejemplo, potenció la idea de aprovechar los recursos naturales para generar riqueza, pero demonizó a quienes se oponen a ese modelo productivo y obvió al viraje que tuvo el mundo y que es parte inseparable de la economía: la sustentabilidad ambiental y social de cualquier proyecto. Milei puso como ejemplo a la minería y en particular a la extracción de cobre. También a la pesca.

El acta firmada por Milei y 18 gobernadores. 

Milei leyó con cierta torpeza el discurso y puso énfasis reiteradas veces en el desarmado de la burocracia estatal que, para él, es obstaculizadora. Por eso repitió la necesidad de eliminar impuestos, trámites y otras intervenciones. En el pacto están, igualmente, las marcas de las negociaciones previas. Ocurre, por ejemplo, con la forma en la que quedó redactada la cláusula referente a la coparticipación. Allí está puesta la mirada de los gobernadores, que mencionan al Estado nacional como “extorsionador”. La otra señal de negociación previa está en la incorporación de la educación como uno de los ejes, tema al que Milei le dedicó mucho tiempo en su discurso. Claro, el presidente lo ajustó a su visión del tema y por eso no se mencionó la gratuidad y el carácter público. Además, hizo explícita mención a la “exageración” que hubo en el foco sobre la educación universitaria y el abandono de los otros niveles. Por eso el pacto incluye la alfabetización y los niveles inicial, primario y secundario. Allí hay una salvedad importante: el Estado nacional tiene a cargo solo las universidades, pues en el gobierno de Carlos Menem se transfirió toda responsabilidad del resto a las provincias.

El decálogo ahora debería trasladarse a proyectos de ley que le den forma al esquema de la "nueva Argentina" que propuso el Presidente. En realidad buena parte ya fue aprobada en la Ley Bases y vendrá en el nuevo paquete redactado por Federico Sturzenegger. 

Si de historia se trata, el lugar elegido fue escenario de la declaración de Independencia, que fue más un reinicio que un final. Alcanza con revisar las cartas de San Martín y otros líderes para visualizar las tensiones internas y búsquedas de la época. Las comparaciones pueden ser odiosas, pero fue el propio Presidente el que eligió hacerlas. Sin embargo, a su manera, con sesgos, un protocolo extraño y también con un futuro incierto; Milei logró "su" Pacto de Mayo.