Jorge Macri con "tolerancia cero" en la Ciudad se quedó con el PRO, pero su desafío continúa
El jefe de Gobierno es el que puede torcer el destino del PRO y evitar su desaparición o pérdida de individualidad, eso que lo caracterizó en su nacimiento más allá de la épica frentista que siempre predicó. Es ahora una rémora de Javier Milei y lo saben todos, especialmente Mauricio Macri y el Presidente, los dos players que decidirán el rumbo de los amarillos. Patricia Bullrich es consciente de que ató su destino al de los violetas, y que los amarillos, en vaga generalidad, no tienen un buen sentir de su candidatura e intento de liderazgo bajo su presidencia durante el "descanso" de Mauricio Macri.
El Club Español despista los antepasados de Jorge Macri, en Italia, su papá en Roma. Jorge eligió esa sede para coronar su landing en la presidencia del PRO porteño, y explicar pasos a seguir antes y después. Sabe que el desafío es total y que si el plan económico de Javier Milei da lo frutos mínimos, el año que viene tendrá un único objetivo: no perder con el candidato del oficialismo nacional, por lo que deberá tejer una alianza electoral, lo menos borgeana posible, que le dé sobrevida a la marca y haga callar a los que lo asocian con lo que puede ser la primera derrota porteña en veinte años.
Buenos Aires es el caos más absoluto. Renuncia general, renovación de cargos, Cristian Ritondo subiendo el precio de su figura nacional para imponerse en Provincia con chances de ser ministro de Javier Milei. Diego Santilli buscando hasta ahora sin éxito el desembarco en el mundo liberal, pero vetado por Javier Milei y esencialmente Mauricio Macri, quien no quiere que llegue ese nombre ni esas formas de hacer política al oficialismo.
En el interior el PRO es el caos absoluto. Cuentapropistas sureños con dudosos que se tornan amarillo violeaceo y un norte de dudosa reciprocidad se mezclan con el amarillo más puro de la Ciudad y Buenos Aires, los dos lugares donde pisó fuerte Mauricio Macri, haciendo foco siempre en los porteños. Agustin Forchieri representa fielmente los intereses de Diego Santilli, hoy con acciones a la baja, Cristian Ritondo opera sistemáticamente a Ramón Lanuse a través de comunicadores amigos para esmerilar al intendente de San Isidro tras terminar con cuatro décadas de "possismo" en Melchor y Gustavo Posse. "Quedaron pocos y los peores en Buenos Aires, las peores formas y costumbres, va a ser un desastre si no hacen algo", dicen cerca de Lanús.
Cree Jorge Macri en su intimidad que Javier Milei no será coyuntural, y que sólo se podrá volver a revitalizar la marca PRO si hay unidad y endurecimiento. En la Ciudad, las críticas llueven y se perciben en distintos lugares, pero una batalla vieja, añeja, vencida, nunca jamás abordada, acaba de parir: las grúas y su casi cuarto de siglo de vencimiento sin que ni Mauricio Macri, ni Horacio Rodríguez Larreta, mucho menos Aníbal Ibarra o Jorge Telerman hubieran arreglado.
Las grúas son hoy una migraña para Jorge Macri, quien mandó a pintar cordones nuevamente, en un error que desnudó la falta de conexión con los porteños: aumentó la pobreza, la clase media se cayó de la lona y las grúas con un cuarto de siglo de irregularidad se llevan autos estacionados porque no hay espacios ni se pueden pagar cocheras, errores de principio de gestión fácilmente remediables si se declara la emergencia de tránsito, hoy un aspecto desastroso para la vida de los porteños.
Jorge Macri quiere un PRO fuerte, de alcance nacional, y ser el propagador de una nueva forma de ejercicio de liderazgo en el que se despejen dudas: "dentro de la norma, absolutamente todo, por fuera, nunca, ni un milímetro, nada". La frase se repitió muchas veces en el gabinete, pero el leading case fue hasta ahora sólo en Seguridad, de Waldo Wolff, ministro que terminó con las avenidas cortadas y "se paró de manos" frente al avance de Patricia Bullrich en términos de agenda y protagonismo, algo que extraña la ministra y se lo recordó más de una vez a Mauricio Macri.
La arena porteña se mueve, es más movediza que nunca, se esparce y nadie sabe quién va a quedar de pie. El gabinete hoy es "Jorge, Waldo, Tuta y para de contar", según describe un integrante del ampliado. Waldo es Wolff, el que hoy se lleva la marca de intolerancia a los violentos, piquetes y "casta". Tuta es César Torres, brazo político, hoy con la misión de volver a conectar a la política con los vecinos, depende directamente de Jorge Macri y aportó su territorialidad y conocimiento de los barrios más pobres por su pasado en Villa Soldati, donde su mamá con un merendero sacaba adelante chicos de casonas humildes de la zona.
Así entonces, Waldo Wolff es quien encarna la "Tolerancia cero" de Rudolph Giuliani, esa mirada intolerante con el delito y que busca hacer política sin castas. La falta de "casta" en Wolff lo posiciona el año que viene a la hora de pensar quién se enfrenta a los violetas a la hora de pensar en una senaduría que permita triunfar al PRO. Patricia Bullrich también tiene un perfil duro y honesto, pero su pasado multipartidario le tracciona en contra a la hora de contar lealtades y falta de actitudes camaleónicas. Waldo Wolff nació amarillo y pudo ser violeta, pero apostó por Jorge Macri y ganó.
Mauricio Macri ya sabe que no será parte de una boleta, que su primo cuidará el apellido y que su rol ahora es de mentor. Un mentor que manda mensajes a distintos sectores los siete días de la semana y veta candidaturas, pero un mentor. De mínima, raro, pero eso dice el ex presidente. Su relación con Patricia Bullrich no tiene retorno, el armado bonaerense lo dejó en claro apoyando a Jorge Macri y sus armados con Soledad Martínez. Hay una pieza que es una incógnita, que es María Eugenia Vidal, una mujer que supo ser fuerte y decisiva que se desdibujó y busca volver. Es joven, gobernó y demostró carácter, luego tomó malas decisiones, pero nunca es tarde.

Los de siempre van a estar. En la Capital, Jorge Macri no sabe con quién jugará, puede ser Waldo Wolff, o una mujer si Javier Milei elige jugar con femeninas, tal como se supone. Hay una garganta que azuza: "A Sandra no la pueden echar, pero sí convertirla en senadora, como el premio castigo de Diego Santilli". Remite entonces a 2013, cuando Mauricio Macri se quería sacar de encima al ministro de Espacio Público y su esposa, Nancy Pazos por diversos motivos. En ese entonces, fue premiado Diego Santilli con la senaduría y su anclaje en el gabinete dejó de ser una molestia para Macri. Tal vez entonces sea Sandra Pettovello candidata a senadora para desanudar ese gigante proyecto de Capital Humano que nunca se logró consolidar y aúna unas diez renuncias de peso, incluyendo la de Pablo De la Torre, quien ya recibió la confirmación De Santiago Caputo. Limpiarán su nombre, despejarán dudas y será la decisión del pediatra la de volver al Gobierno.
Hay liberales que son del PRO y actualizaron el LinkedIn a tiempo, sabiendo de sus deseadas habilidades y conocimientos. Uno que está en gateras pero puede entrar a jugar es Diego Valenzuela. Liberal, economista, historiador, el perfil que le gusta a Javier Milei, a quien conoce hace años. El intendente de Tres de Febrero es parte de los que Milei tiene en la mira siempre. Estará donde lo precisen pero es parte del PRO duro a pesar de haber militado a Patricia Bullrich. El intendente conforma el equipo de los que se subieron a la baja de impuestos, modernizaron y apostaron por la renovación.
Jorge Macri entonces buscará un norte en el cual deberá elegir: endurecimiento o derrota, no hay espacio hoy para otra alternativa y lo sabe. El espacio público entró en crisis, la seguridad optó por mano dura y salió ganando, el distanciamiento de la Agenda 2030 y los referentes progresistas del espacio como Emanuel Ferrario o María Migliore son los estilos que el PRO si quiere sobrevida deberá relegar para lograr, una vez más y como hace veinte años, ganarle al segundo.

