Rojo, amarillo y verde: el desempeño de los ministros de Cornejo en los primeros seis meses de gestión
Se cumplen seis meses de un Gobierno que renovó sus votos. Son 8 años y seis meses de gestión. O nueve años desde que Alfredo Cornejo oficialmente tiene el poder (las elecciones de 2015 fueron en junio) y varios años más desde que craneó la estrategia política para lograrlo. Por esa permanencia inédita es complejo tomar algún hito temporal, pues siempre habrá un margen de error grande. Pero la nueva gestión del viejo líder radical tiene particularidades por la renovación generacional en el Gabinete y el esquema, la estructura de toma de decisiones que implementa.
La versión 2024 de Cornejo es menos omnipresente, más directa y con objetivos concretos. Arrastra también la frustración de no poder influir en el Gobierno nacional como se lo había propuesto y la expectativa de que a Javier Milei le vaya bien, aún con las mudas diferencias que tiene. Entre los ejecutores hay diversidad de caracteres y desempeño; desde temperamento de Jimena Latorre, hasta la parsimonia de Rodolfo Vargas Arizu.
En los primeros meses el Gobierno se caracterizó por la búsqueda de rearmar el macano de funcionamiento de la provincia, antes que ejecutar políticas más directas. Es lo que pasó con el sistema de Salud, con más de 20 leyes, y, sobre todo, con la búsqueda de impulsar nuevas actividades. El impulso de la minería como eje de la política productiva es el hito discursivo y de decisiones más importante. Porque Cornejo hizo propio el tema y tomó medidas en una parte de lo que le toca. El resultado se verá a largo plazo, pues la Provincia sigue estando en la B entre los inversores de gran escala. No es necesariamente una mala noticia, pues se trata de una industria que se maneja con esos cánones: a largo y larguísimo plazo.
La impronta de Cornejo evita que tomen más dimensión las flaquezas de esa estrategia, como ocurre con el debilitamiento del área ambiental, que no solo tiene un bajísimo perfil en el tema sino que ha vivido una crisis interna. La suma de funciones, que no había ocurrido antes en esa magnitud, puede afectar. De hecho están aglutinadas áreas que durante décadas tuvieron objetivos casi antagónicos con la minería: Ambiente impulsaba la creación de áreas protegidas, y Economía (donde estaba minería) promocionaba la exploración en Laguna del Diamante y Paramillos. Unos defendían la 7722, y otros buscaban modificarla. Ese equilibrio aún no se logra, pues ni siquiera se nombró a un reemplazante en el área ambiental; un gesto de subestimación política que ya se había notado con la conducción de un gestor ajeno al tema durante 8 años. Jimena Latorre llegó al cargo con un fuerte respaldo. Tiene formación técnica en algunas de las áreas que tiene a cargo y el roce logrado en el Congreso le dio experiencia política.
El enorme alcance que le dieron al Ministerio le suma complejidades: la promoción y el control de actividades estratégicas como el petróleo, la minería y el control ambiental; y la vinculación con sectores acostumbrados al lobby. El carácter irascible de la Ministra complica la convivencia. Cornejo confía en la gestión, pero supervisa casi todo. Es lo que ocurre con la negociación realizada con YPF, un tema subestimado. El abandono de la inversión de parte de esa empresa en las áreas maduras se arrastra desde hace años, pero le toca a Cornejo y Latorre firmar la nueva etapa.
Hay otro megaministerio que también suma funciones, responsabilidades, poder y diversidad política en su composición. Natalio Mema es otro de los “milenials” que gestiona, aunque tiene trayectoria en la función pública. Mema tiene tantas funciones a cargo, que se dispersa la responsabilidad. Una de ellas es, por ejemplo, la negociación política con la oposición, los gremios y otras fuerzas de poder. Como es un músculo atrofiado en Mendoza, no parece sumarse como exigencia, pero es Mema el que como ministro de Gobierno debería tratar de ejercitarlo. Pero no parece ser una demanda interna. Mema es también ministro de Obras, en un período donde la mayoría de los trabajos públicos se mantuvieron a un ritmo lento, solo para no suspenderlas. Se gotearon recursos a las empresas, salvo a CEOSA que recibió anticipos multimillonarios para el metrotranvía. El principal desafío de esa cartera es sembrar el futuro inmediato: el plan para invertir los 1023 millones de dólares que Cornejo ahora tiene liberados. Marité Baduí es quien cranea la estrategia. La híper responsabilidad que le dio Cornejo a Mema tiene que ver también con el intento de impulso político. Ya fue candidato a intendente de Luján y junto con Latorre, Rus y otros funcionarios son parte de un equipo generacional que, sin rebelarse contra Cornejo, tratan de hacer su propio camino. Justamente el “cornejismo millenials” no pierde los modos del cornejismo clásico: la obediencia.

Tadeo García Zalazar, cornejista clásico, tiene en sus manos la otra gran apuesta de Cornejo: el abordaje integral de la niñez, sumando educación y el área de infancia. Como logro, el exintendente de Godoy Cruz acarrea que no se perdieron días de clases y los trabajos preventivos en infraestructura funcionaron mucho mejor. También el inicio del proceso de diagnóstico en matemáticas, una asignatura donde Mendoza tiene mala nota, igual que en comprensión lectora. García Zalazar convive con la frustración que le gestó su padre político, Alfredo Cornejo, cuando decidió ir por la reelección alternada. Es, al mismo tiempo, el abanderado de la “lealtad infinita”, la misma que el propio Cornejo ignoró para poder crecer políticamente. Ese cornejismo clásico comienza a avejentarse. El mega ministerio que conduce García Zalazar tiene a su cargo la principal deuda interna de la política argentina y mendocina: el deterioro de la expectativa de futuro sobre los niños y jóvenes.

Otra de las jóvenes ministras es Mercedes Rus, quien está a cargo de Seguridad y Justicia. Fue, quizá, la principal sorpresa del esquema de gobierno. También lo fue el incio de la gestión, con un Cornejo extrañamente distante. Esa situación cambió y el Gobernador volvió a la omnipresencia, al menos discursiva, con el tema seguridad. Los primeros pasos de Rus tuvieron una crisis emergente que mostró vulnerabilidades: los hechos de violencia, con una muerte incluida, alrededor de los espectáculos deportivos y la sensación de impunidad de los barras generó una mala imagen. El Gobierno buscó contrastar esa realidad con la idea de mano firme y una idea de “ofensiva” contra el delito, ejecutando operativos en barrios populares del Gran Mendoza. Detrás de esos ejercicios también aparecieron las lagunas investigativas que hay en la justicia provincial y federal. El Gobierno busca exportar normativas y el uso de tecnología en la prevención y represión del delito, mientras también propone flexibilizaciones para darle más poder a los fiscales y a la policía para allanar, entre otras cosas.
En ese ministerio, junto con Gobierno y Hacienda, también fue vidriosa la intervención política para accionar sobre la crisis en el Poder Judicial, que aún se mantiene.

Salud es el área en la que primero metió mano Cornejo, con un paquete extenso de reformas que buscan cambiar también lógicas políticas: darle a los médicos y empleados menos dependencia de los gremios del sector. Rodolfo Montero, el ministro, parece nuevo en la gestión, pero en realidad estuvo siempre cerca del cornejismo, aunque con perfil más bajo. Como Ministro tiene a cargo la superintendencia del sistema de salud de toda la provincia y hay una crisis en puerta: los problemas del sector privado que pueden repercutir fuertemente en el sector público. También el financiamiento propio. Como ocurre en todo el país, hereda la despreocupación nacional por la prevención, el abandono de campañas de vacunación y otros detalles.

Otra luz amarilla aparece con las finanzas. Mendoza mantiene equilibrio, pero con recaudación en picada. La recesión golpea y la Nación restringe. Quedaron anuladas algunas fuentes de ingresos sobre las que se apalancaba el Gobierno y la influencia política sobre la Nación será fundamental. El retorno del impuesto a las ganancias podría ser un alivio, pero en Casa de Gobierno protestan por las excepciones que se incluyeron y las categorías diferenciadas para la Patagonia. Todo repercutirá en menos ingresos. Fayad mantiene reserva sobre algunas estrategias y también custodia algunos números, pues la presión de los estatales va en aumento. También de los intendentes, que aún analizan el impacto de los cambios en la coparticipación.

Mientras que Cornejo concentró funciones en algunas áreas, en otras las dividió. Es lo que pasó con Producción, Turismo y ProMendoza, que están por separado. Las tres áreas son de las más golpeadas por la recesión y la retracción. El Ministerio conducido por Rodolfo Vargas Arizu es el primero en el que se ensaya la participación del sector privado en la gestión política. Los políticos de la vieja escuela cuestionan el ritmo. También fue ese Ministerio donde se vivió el primer hecho de corrupción de la nueva gestión, aunque fue detectado y denunciado por las mismas autoridades: el fraude y otras irregularidades con el programa Enlazados. En Turismo Mendoza tiene los peores números de los últimos años, aunque es más por herencia de gestión y por realidad económica.





