La inseguridad y la abrupta caída de la actividad pone en alerta a la región más caliente del país
“Al final, terminamos todos muertos… Esto no es Alemania, donde los pueblos se reconstruyen luego de una guerra. Acá estamos llenos de argentinos y hay que conocerlos para saber cómo llevarlos”, le graficó a MDZ un reconocido dirigente peronista de la provincia de Buenos Aires a quien su experiencia lo hace ver un final poco venturoso de todo este proceso.
Debajo de la superficie en la que sobresalen los gritos y las acusaciones políticas, los intendentes de todos los partidos políticos, PJ, PRO y UCR, menos los libertarios, porque no tienen, afloran varias preocupaciones y percepciones comunes sobre los próximos meses y la posible turbulencia social. La inseguridad, que se encendió la semana pasada en Tres de Febrero con la quema de un auto frente a una comisaría, puso en alerta a todos los comandos y encargados de la Seguridad en el AMBA.
En general, los jefes comunales creen que era indispensable que hubiera un movimiento sísmico en la política porque "nosotros no hacíamos nada con tal de no perder", pero "una cosa es patear el tablero, y otra cosa es vivir a las patadas", le dijo a MDZ un intendente que siempre se sintió colaborativo más que otra cosa.
"Veíamos que los ajustes narcos eran más frecuentes. Y que las demandas de comida se acrecentaban. Pero lo de Capital Humano, la violencia de saber que había comida, poca o mucha, no importa, sin querer distribuirla, fue un detonante para un montón de gente... Yo no voy a salir a bancar a Grabois (Juan), pero en esta lo re banco", dijo el mismo funcionario que sabe que en este país la mínima chispa provoca un incendio descomunal.
Un intendente fue mucho más gráfico aún. “Si nos corremos un centímetro, esto es un quilombo”, alertando cómo deben continuar y acrecentar el reparto de comida en comedores, merenderos y cada casa que se predispone para atender a la gente.
En la zona norte, la diferencia de la encuesta es brutal entre los más pudientes y los que cada vez quedan más al margen, no solo de la actividad económica, sino de la comida tal cual estaba acostumbrado. “Estamos viendo una caída muy pronunciada en el cobro de Seguridad e Higiene”, remarcó uno de ellos. Esta tasa, una de las más tradicionales, y que recibe su ingreso a raíz de un porcentaje de la actividad comercial y las ventas de las firmas radicadas en cada localidad.
Otro, en cambio, se ve más sorprendido por la inseguridad. En un distrito que no sale en los medios por este flagelo, están apareciendo casi diariamente chicos con heridas de bala en los piernas. “Esto no es porque los que tiran tienen mala puntería, son alertas a los punteros narcos”, reconoció un funcionario de Seguridad. Pero ahora las miradas no se quedan en el ámbito bonaerense, sino que ya también se dirigen a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien también está actuando, según denuncian, con un “método muy K. A los propios, todo; al resto, nada”.
Los hospitales y salas de primeros auxilios empiezan a desbordarse, como así también los establecimientos escolares de administración privada o parroquial empiezan a tensionarse en su economía cotidiana. Las Iglesias, tanto Católica como Evangélica, están viendo como sus alumnos no pueden continuar por más que las cuotas sean bastante accesibles.
“Vamos a los clubes y el relato es desolador… Estamos hablando de entidades barriales, que tienen una cancha de papi fútbol y un salón de usos múltiples, que están pagando entre $1.000.000 o $1.200.000 de pesos. ¿Cómo lo costean? Han estado una vida poniéndole el hombro a lugares muy marginales o periféricos y hoy están decididos a entregarlos a cualquiera porque no los pueden mantener", agregó la misma fuente, quien por su responsabilidad institucional prefiere guardar bajo siete llaves su nombre y apellido.

La mayor sorpresa es, sin embargo, que ante este escenario apocalíptico, no hubo una explosión social como se vivió hace dos décadas. Todos reconocen que no se produce porque “los sectores más pobres, que siempre fueron pobres, reciben, por diferentes planes asistenciales directos, entre $500.000 y $600.000 promedio por hogar, a través de las tarjetas Alimentar, la AUH y la ayuda escolar, y eso se eleva según la cantidad de hijos y la edad de los mismos..
“La plata de la Tarjeta no la gastan en comida. Cambian la plata en el comercio de barrio y luego hacen otras cosas con eso. Esto es lo que te digo que si no conocés a tu gente, no vas a encontrarle la vuelta jamás. Además, están los canjes, las changas y todo lo que sobrevive en la informalidad que, hoy por hoy, es lo que hace que la gente no salga a quemar nada”, graficó la misma fuente.
Con respecto a los alimentos, la próxima polémica será cuál fue el criterio que utiliza CONIN, la organización no gubernamental que está colaborando con el Gobierno de la Nación en el reparto de los alimentos que estaban guardados en los depósitos de Capital Humano. “Llamás a la gente de CONIN y te dicen que no saben, que tienen un listado. Pero, ¿quién arma esos listados, cuál es el orden de prioridades? Nada de nada. No articulan con nadie más que con ellos mismos”, se quejó un intendente consultado.
Gustavo Menéndez, de Merlo, distrito del oeste del Gran Buenos Aires con cerca de 650.000 habitantes, expresó en sus redes sociales que “ayer llegaron solo 840 kilos de leche en polvo, que solo alcanza para 160 familias”. Pero luego se preguntó: “¿Cuánto tiempo más se podrá sostener sin la intervención y los recursos del Gobierno nacional? ¿Hasta cuándo van a incumplir con su obligación e insistir en negar el hambre? Sería bueno que designen algún funcionario con quien podamos hablar seriamente el gravísimo problema sanitario. Estamos siempre dispuestos a trabajar mancomunadamente”, terminó.
Lo que se está dando es un cambio de tercerización de la distribución de los alimentos. Lo que antes hacían las organizaciones sociales ahora lo realiza esta fundación. Lo que se perdió es el reparto de los productos frescos, que llegaban vía directa a cambio de una rendición inmediata. “No hay nadie que se haya un supermercado con comida del Estado”, le dijo a MDZ un reconocido militante social que aceptó que hubo excesos pero eran mínimos.
“Imaginate que alguien en el barrio se quede con la comida… Le queman la casa. Esto es simple”, reconoció la misma fuente municipal, quien además alertó que “todos los repartos se hacen con los viejos anotados, que venían congelados desde el año pasado. Ahora tenés muchísimos más que se caen de la antigua clase media” reconoció un secretario de Desarrollo Social bonaerense que sabe que el presupuesto provincial, además, está llegando al fondo de la olla. “Dos meses máximo”, alertó.


