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La Argentina en su laberinto: de la tragedia de Loan al balance del Banco Central

Se inicia otra semana clave. ¿Que hará Milei con Sturzenegger? ¿Como reaccionará el mercado a los anuncios de Caputo del viernes pasado? La Argentina quebraba moralmente exige respuestas.

Argentina sigue dando muestras en todos los aspectos de su vida de la desintegración institucional y moral en la que está sumida desde hace décadas. Las alternativas de la horrible desaparición de Loan Danilo Peña lo dejan en evidencia cada día. La prensa ha devorado cualquier arista que provea esa historia y mucho más las declaraciones e imágenes de su tan poco confiable familia.

Nada de eso tendría relevancia institucional si la Justicia y las fuerzas de seguridad de la provincia de Corrientes hubieran seguido un camino acorde al derecho y los procedimientos para investigar su desaparición. No parece ser el caso. 

Lamentablemente las deficiencias están a la vista y 17 días después de la desaparición de Loan se sabe menos que el primer día; cualquiera de las posibles escenas del crimen están contaminadas y se fue comprobando que la dirección que siguió la investigación en el comienzo tuvo al menos deficiencias sospechosas. Vergüenza para las instituciones y también para la prensa que se prestó a reproducir teorías y declaraciones que quienes pueden ser responsables directos usaron para plantar coartadas inventadas e historias para distraer de la verdad.

En ese marco no se entiende, entre otros dislates jurídicos, que el propio gobernador Gustavo Valdés se haya adelantado el fin de semana por redes sociales a anunciar fuertes avances en la investigación cuando no existía confirmación judicial fehaciente de eso. La ensalada de jurisdicciones y competencias cruzadas ya es total en este caso.

El caso Loan mantiene al país en una nube de incertidumbres desde hace dos semanas, pero mientras marcha la investigación, Argentina se encamina a protagonizar momentos de nervio extremo para su futuro.

La carrera por aprobar la Ley Bases y la Ley Fiscal terminó la semana pasada con un saldo a favor para el Gobierno a pesar del tratamiento que casi desangró las leyes. Javier Milei tuvo que negociar con la "casta" durante seis meses para conseguir esas facultades para reformar el Estado, el regreso del impuesto a las Ganancias sobre la cuarta categoría, moratoria, el blanqueo y los cambios en Bienes Personales y Monotributo.

El Gobierno llegó a tener su primera ley, pero para ese momento se habían acumulado tensiones en la economía y la política que no dejaron demasiado espacio para prolongar el festejo.

El mercado siguió las alternativas de la votación primero en Diputados, luego en el Senado y mas tarde la revisión en la Cámara baja. En cada paso la exigencia de medidas sobre el Gobierno creció, al mismo ritmo que subieron las presiones.

Javier Milei tiene un problema instalado en el medio del Gabinete que aún no termina de solucionar: la llegada de Federico Sturzenegger como ministro reformador. Milei quiere convertir a Sturzenegger de arquitecto del DNU 70 y la Ley Bases en todas sus versiones en ejecutor de las reformas. Para eso tiene que dividir poderes con Luis "Toto" Caputo.

Esa tarea no es fácil: tiene que definir potestades entre los dos economistas que son enemigos declarados, al menos desde el 2017 públicamente. Por lo pronto Caputo parece haber ganado la primera batalla: en la división con Stuzenegger la Casa Rosada le reservó al ministro de Economía el control total de las empresas públicas. Eso implica que Caputo tendrá poder sobre su manejo, pero también sobre el eventual proceso de privatización o cierre. 

El presidente prometió ejecutar el nombramiento de Sturzenegger esta semana, después de haber demorado al menos un mes la decisión. Aún no se termina de armar la estructura de ese nuevo ministerio que será clave para testear la velocidad con la que el Gobierno va a aplicar las reformas que espera tanto el mercado como la gente. Las decisiones que tome Sturzenegger hoy se volvieron esenciales para un Gobierno que tiene límites cada día mas claros a su plan financiero y necesita avanzar con reformas reales al Estado.

La llegada de Federico Sturzenegger al Gabinete genera controversia

Por eso no llamó la atención que sin descanso tras la votación de las leyes, el propio Milei anunciara la nueva "ley Hojarasca", ahora con reminiscencias literarias de Gabriel García Márquez, con la que Sturzenegger llevará adelante un mega paquete de desregulación de la economía. El presidente así fijó otra meta de pelea, sabiendo que la epopeya de la Ley Bases estaba terminada. 

Sturzenegger ya comenzó a negociar ese paquete con los bloques dialoguistas de Diputados. No está claro cual será el futuro de este nuevo lanzamiento del Gobierno y menos cuando aún no se definió cuánto poder tendrá el nuevo funcionario para ejecutarlo. En ese camino Sturzenegger y el Gobierno se cruzarán con otros problemas. Por ejemplo, la semana próxima el Senado puede convertir en ley una nueva fórmula de actualización, con retroactivo a enero, para los haberes jubilatorios. En ese punto el número estaría blindado para aprobar la ley y también para resistir un veto presidencial. 

El Gobierno está dando muestras de no querer esquivar el Congreso en el resto del año. A los poderes desreguladores puede sumar en breve otra batalla para intentar aprobar, empresa por empresa, la privatización de las que quedaron afuera de la Ley Bases. Los radicales están dispuestos a presentar un proyecto de privatización de Aerolíneas Argentinas y el Gobierno ya les dio apoyo.

En el medio la UCR debe enfrentar una crisis interna nunca vista entre su presidente, Martín Lousteau, que juega en línea con el radicalismo porteño y mantiene alianza con Maximiliano Pullaro, y el resto del partido que se coloca en la vereda de enfrente. No existe antecedente en el que el jefe partidario votara en un sentido y el resto del radicalismo en el contrario. 

Mientras tanto, el Gobierno avanza en otras batallas más complicada para lo inmediato. La conferencia del viernes de Luis "Toto" Caputo  y Santiago Bausili dejó dos mensajes para el público en general: el lanzamiento de una operación de traslado de la deuda del Banco Central al Tesoro y la certeza de que no habrá salida del cepo hasta el 2025. Es decir, la confirmación que la economía y las reservas del Banco Central no alcanzarán al menos durante este año para tomar esa decisión.

Caputo también anunció el final, ahora parece que real, de la emisión monetaria. Después de dos meses donde hubo aumento de la base monetaria, el ministro explicó que se cierra el grifo junto con la operación de traslado de pasivos al Tesoro. Es decir, se corta el financiamiento del Gobierno por parte del Banco Central, algo que Milei definió toda su vida como la madre de todos los males de nuestra economía. El ajuste, en esos términos, deberá ser mucho más duro. 

Esa conferencia no generó emociones y menos para una fría tarde de viernes. Milei sigue teniendo un alto nivel de imagen positiva a pesar de ajuste que sufren los bolsillos. Sigue siendo el principal activo del Gobierno, mientras intenta construir su epidermis política, pero todo tiene límites.

Mientras la inflación bajó, aunque puede ahora seguir un derrotero serrucho con alguna suba en junio, la actividad sigue paralizada. El ajuste y el recorte del gasto es una de las razones, pero el cepo y la restricción a importaciones se ubican también en primera línea para explicar el parate. 

Caputo apela a medidas heterodoxas para paliar esos efectos. Por ejemplo, suspender subas de tarifas de luz y gas en julio para no impactar en precios. Hay otras definiciones que son poco entendibles, como liberar el valor de los copagos en obras sociales sindicales y prepagas para las prestaciones del Plan Médico Obligatorio. ¿Acuerdo con la CGT o simpatía sin límites con las prepagas? Es un duda que se está instalando.

Este lunes volverá a ser clave para el país. El mercado y el dólar tendrán su primera rueda tras los anuncios de Caputo. La Casa Rosada debe solucionar sus cuitas de Gabinete y el propio Sturzenegger deberá dar señales de sus próximos movimientos. Es un momento para esperar novedades; ya no queda espacio para escuchar viejas explicaciones sobre los mismos problemas de siempre.