La votación de la Ley Bases

No son ellos, ni somos nosotros: es la Constitución

La tensión en el Congreso durante el debate de la Ley Bases dejó al descubierto la contradicción entre un intento destituyente disfrazado de protesta popular y el derecho de la mayoría.

Rubén Rabanal
Rubén Rabanal jueves, 13 de junio de 2024 · 01:42 hs
No son ellos, ni somos nosotros: es la Constitución
La izquierda irracional al servicio, una vez más, del kirchnerismo menos ilustrado Foto: Juan Mateo Aberastain Zubimendi/MDZ

El artículo 229 del Código Penal no deja lugar a dudas: "Serán reprimidos con prisión de uno a seis años, los que, sin rebelarse contra el Gobierno nacional, armaren una provincia contra otra, se alzaren en armas para cambiar la Constitución local, deponer alguno de los poderes públicos de una provincia o territorio federal, arrancarle alguna medida o concesión o impedir, aunque sea temporalmente, el libre ejercicio de sus facultades legales o su formación o renovación en los términos y formas establecidas en la ley".

Tampoco la Constitución Nacional en su artículo 22: "El pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución. Toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de éste, comete delito de sedición".

En pocos temas existe tanta unanimidad y equilibrio en nuestro cuerpo legal como a la hora de tipificar la sedición.

Las imágenes que se vieron en la Plaza Congreso y que nos remiten a otros dolorosos momentos de nuestra historia, no son el ejercicio republicano de una manifestación o protesta civilizada, sino un acto claro de sedición ejercido por una minoría claramente identificada con el interés de vulnerar la libertad de decisión que, obligatoriamente, deben ejercer los representantes del pueblo y las provincias sentados en sus bancas.

La izquierda irracional al servicio, una vez más, del kirchnerismo menos ilustrado, protagonizó una protesta que, desde la convocatoria en sí misma, intentó emular aquella penosa tarde del 14 de diciembre del 2017 en la que 14 toneladas de piedras destruyeron la Plaza del Congreso y dio a luz al tristemente famoso "gordo mortero" atacando a las fuerzas de seguridad, en un intento por frenar la votación de la reforma previsional que impulsó y logró aprobar el gobierno de Mauricio Macri.

No hace falta decir, basta con las imágenes, que la voluntad popular no está, por lejos, representada en la plaza con una minoría que incendia vehículos -como el móvil de Cadena 3 o el auto particular que le siguió-, tira piedras a la Policía e intenta avanzar sobre el Congreso.

¿Alguien en su sano juicio puede sostener que quienes estaban en la plaza protestando ahora tienen más derecho que el 55,65 % de la población (es el número que consiguió Javier Milei en el balotaje) a que su voto se vea reflejado en las leyes que deben instrumentar las reformas prometidas?

En medio de los disturbios que la Policía intentó controlar, algunos senadores del kirchnerismo propusieron salir a la calle para "ver qué pasa" en un claro intento por frenar el debate. Otros kirchneristas, en este caso diputados, quisieron repetir la historia de ese día de diciembre de 2017 y se metieron en el medio de la protesta. Todo es un juego de calcos históricos programados que parece no contemplar la responsabilidad institucional que le cabe a cada poder y a cada legislador.

Mas allá del contenido de la Ley Bases y la Ley Fiscal que propuso el Gobierno -y que llegó a la votación en una versión light absolutamente modificada por el Congreso- y del apoyo o no a esas medidas, el problema aquí es que la izquierda y el kirchnerismo, como brazo de un peronismo agónico que perdió identidad absoluta en manos del matrimonio santacruceño, intentaron frenar el ejercicio constitucional de la voluntad popular en los recintos a la hora de legislar.

El Código Penal y la Constitucional Nacional, entonces, no dejan lugar a dudas. Las imágenes de la Plaza del Congreso tampoco. No se trata de una minoría que intenta modificar aspectos de la ley, como ya se hizo y se siguió haciendo este miércoles en muchos artículos. Se trata de frenar el ejercicio del poder soberano representado en las bancas de Diputados y de la representación de las provincias, en el Senado; la intención, como fue en el 2017, fue voltear el Congreso y, si los hubiesen dejado, también el orden constitucional entero.

Una manifestante le grito a un policía: "Son ustedes o nosotros". No parece ser ese el dilema; la discusión es República o sedición, minorías imponiéndose a una mayoría o imperio de la ley. Difícil que el kirchnerismo lo entienda y menos la izquierda que, aunque logró en total 2,69 % de votos en la presidencial, aún cree que eso vale más que la voluntad de más de la mitad del país.

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