Salieris de San Martín

Millonarios y mendigos: dramas, acuerdos y la agenda para salir del pozo

En Mendoza muchas familias de clase media ya son indigentes; pero también tienen confianza en el Gobierno. El apoyo pragmático de Cornejo, la cumbre que viene y datos que inquietan.

Pablo Icardi
Pablo Icardi domingo, 19 de mayo de 2024 · 07:19 hs
Millonarios y mendigos: dramas, acuerdos y la agenda para salir del pozo
Los recursos necesarios para no ser pobres rondan el millón de pesos. Foto: Mariano Ruszaj

Algunos emergentes dramáticos del impacto de la crisis se notan en las calles. Hay más de 500 personas que deambulan por el Gran Mendoza porque no tienen dónde vivir. Pero hay infiernos que se sufren de manera discreta puertas adentro: menos comidas, menos visitas al médico, remedios de enfermedades crónicas recortados y de divertirse ni hablemos. Ocurre, incluso, en casas pintorescas que simulan un bienestar pasado. En la Provincia la mayoría tiene orgullo de clase media, pero ingresos de pobreza. Los jubilados y el 40% de los trabajadores no registrados son los que más lo sufren, pero hay familias con "pleno empleo" que no solo no llegan a fin de mes, sino que comen salteado. Como explica un intendente a MDZ, hay indigentes, familias que no tienen para comer aunque vistan de marca. Desacostumbrados a esa realidad, no tienen gimnasia en la búsqueda de estrategias de supervivencia. Separaciones, violencia, problemas de salud mental y el orgullo herido son algunas de las consecuencias. 

La paradoja que está a punto de cumplirse de que en Argentina que “aún siendo millonario” (ganando un millón de pesos) una familia igual es pobre esconde dramas irresueltos. Pero también una realidad política sui generis: el respaldo a un presidente que promueve y milita los recortes, el abandono del Estado y el sálvese quien pueda. Las provincias y los municipios deben hacer frente a más demanda con menos recursos. Lo reconocen los intendentes, por ejemplo, pero aseguran que no ven un escenario de conflictos agudos. El dolor de la nueva pobreza se vive puertas adentro y con “alguna esperanza” para que haya mejoras. Las tarifas pueden convertirse en un catalizador, al punto que el propio Gobierno nacional lo entiende y le teme.

Cornejo, en el encuentro de la juventud radical.

El apoyo explícito o tácito disimula otra sensación: la desorientación que siente la mayoría de los decisores políticos. Milei puso a la política contra las cuerdas: la UCR sometida y sin rumbo, el Pro encandilado y el PJ sin liderazgos y como opositor aislado y conveniente para Milei. El Presidente pateó el tablero al capitalizar el mal humor contra la clase política y busca destruir esas bases. El kirchnerismo, por ejemplo, eligió estrategias distintas para enfrentar a la oposición. Desde la coptación realizada por Néstor, a la humillación de parte de Cristina. Pero en el fondo ese sector cree en la “orga”, en los partidos y las estructuras. Milei las aborrece y no lo disimula. No cree en los partidos, no los reconoce como pares para negociar. En Mendoza algunos, como Luis Petri, apuran su lanzamiento como si la carrera electoral fuera un esprit de 100 metros llanos. Otros, como los cornejistas y también Ulpiano Suarez, creen que es una maratón que se definirá “luego del kilómetro 33” y prefieren esperar como buenos tiempistas. Esa pelea por la futura sucesión sorprende que ocurra en un gobierno de Cornejo.  

El tren de la esperanza

En el tren de la esperanza está subido el gobernador Alfredo Cornejo. Cualquiera sea la motivación (se intuye que es más por pragmatismo que por convicción), el gobernador ya tenía boleto a Córdoba para firmar el Pacto de Mayo, aunque ese colectivo no tiene chofer, ni destino seguro. Con ese pacto en dudas, Cornejo sí formará parte de una mini cumbre en San Juan con los gobernadores de San Juan, Jujuy, Catamarca, Salta y Córdoba. No hay un punto político de afinidad que los mueva como bloque, pero sí una impronta de los nuevos tiempos: a ellos los une un tema en particular: el impulso de la minería, en particular del cobre. Todos también jugarán a favor de Mileli porque desde San Juan, sede de esa cumbre, volverán a reclamar por la sanción de la Ley Bases y en particular el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), la burbuja fiscal, aduanera, legal y de disponibilidad de divisas que buscan crear para inversiones superiores a los 200 millones de dólares y que tiene a la minería, el gas y el petróleo como principales potenciales beneficiarios.

Mendoza mira de reojo porque es una provincia que tiene inversión dispersa, pero constante. No hay tantos proyectos de “más de 200 millones” esperando, pero sí muchos otros de valores menores pero con potencial. Entre los 15 proyectos inmobiliarios que hay en capital, por ejemplo, esperan tomar 4 mil trabajadores, más de lo que necesita cualquiera de los proyectos mineros de cobre que buscan ser beneficiados por el RIGI. Sí podría ingresar el proyecto Potasio Río Colorado, que tiene compromisos contractuales de inversión. Esa empresa podría recibir beneficios extra de parte de empresas asociadas. El apoyo de los dos senadores radicales y el Gobernador al RIGI es incondicional y no se han conocido pedidos de adecuación regional. El rechazo de la senadora del PJ es también radical.

Suarez ha dado su apoyo incondicional a la Ley Bases. 

En la misma línea, los proyectos de inversión para la actividad petrolera aún están por debajo de la línea de corte de las grandes ligas. Y se viene el tiempo límite para que YPF se deshaga de las 14 áreas petroleras que desde hace años desprecia y ahora abandona. El tema inquieta, como ha contado MDZ. Ya hubo ofertas a muchos trabajadores que serían indemnizados y podrían seguir trabajando un año más en los “herederos”. Otros decidieron renunciar antes de tiempo, sabiendo que luego habrá menos espacios y más desempleados en el sector. YPF no ha trasparentado aún el camino a seguir y el Gobierno tampoco. Los bloques que ofrece Mendoza tienen una alta complejidad por la dimensión, la inversión necesaria y la producción en caída. Áreas con un 95% de agua, con pasivos ambientales a cuidar y con muchos pozos a cerrar; con la necesidad de invertir mucho para estirar la vida útil y una herencia negativa de arrastre: costos altos, producción en baja y una industria que mira para otro lado. Entre los interesados en las áreas están Aconcagua (la única empresa que ha crecido), un pool de empresas de servicios que podría dar el salto a convertirse en operadores, además de otras firmas. Cornejo ha transparentado su visión en público y privado. Cree que peor que YPF no puede haber porque esa empresa estatal, asegura, no invierte en Mendoza desde hace años. Fuera de los recursos monetarios, está en juego además el ambiente.

La atención del Gobierno estará en los próximos meses en la inversión fresca que podrá hacer con los recursos provenientes del resarcimiento por los perjuicios de la promoción industrial. Cornejo se siente con la espalda suficiente para decidir. Repite que esos recursos llegan gracias a sus gestiones pasadas con Mauricio Macri y las actuales con Milei. La nueva máxima a la que se aferran en el Gobierno es que esos 1000 millones de dólares, “rindan 2000”. La intención es que por cada dólar que el Estado ponga, haya un capital igual proveniente del sector privado. Sea para invertir, o sea para recuperarlo luego. Cornejo busca multiplicar los panes, y también el capital político; pues la obra pública puede convertirse en el eje de la campaña de un 2025 que será complejo para los oficialismos. Los intendentes y el sector privado están atentos. Así como hay jefes comunales que ya prevén obras corrientes para ser financiadas con esos recursos, las cámaras de la construcción y las empresas que suelen estar atadas a la obra pública hacen lobby. Detrás de los reclamos regionales, hay también algo de ese condimento. Explican, además, que hay presión para que no se reproduzca la matriz de las últimas dos décadas, donde las grandes obras recayeron en las mismas manos: las que se hicieron, las que fracasaron y las que quedaron en proyecto.

La salud es uno de los sectores más golpeados. 

La gestión diaria igual se complica porque los coletazos de la desregulación total se sienten en el Estado. Más demanda de servicios, con precios elevados y abandono nacional. Hay sectores que se adecuaron rápidamente a esa realidad y son liberales para poner precios, socialistas para buscar beneficios y libertarios para escapar a regulaciones. Es lo que ocurre con la Salud: los insumos básicos subieron hasta un 600%, mucho más allá de la inflación y el dólar. Los medicamentos rondan el mismo porcentaje.

El Gobierno solo atendió la situación de las empresas de medicina prepaga, que representa apenas el 10% de la población. Las clínicas privadas, obras sociales provinciales, sindicales y el propio Estado están en rojo: sus ingresos crecen de manera ajustada por debajo de la inflación y los costos duplican esas subas. Las clínicas privadas reciben a casi el 60% de la población de Mendoza. Osep también lo sufre: sus ingresos están atados a la paritaria estatal, que está un paso atrás de la inflación. Los costos vuelan de la mano del la inflación en salud. Laboratorios, importadores, acumuladores y muchos intermediarios que pusieron precios con índices de usura están entre los ganadores. Eso es el sálvese quien pueda.

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