Crisis en la economía

El feroz ajuste tuvo su primer límite y el Gobierno nacional tomó nota

La suba en las facturas de medicina prepaga encendió alarmas en la paciencia social. La clase media destina demasiado porcentaje en la cuotas y aún resta un tramo importante del ajuste en energia.

Rubén Rabanal
Rubén Rabanal jueves, 18 de abril de 2024 · 10:33 hs
El feroz ajuste tuvo su primer límite y el Gobierno nacional tomó nota
Foto: EFE

Aunque muchos argentinos no lo crean, el Gobierno nacional testea continuamente los límites del humor social ante el ajuste. Y en ese scanner continuo, la semana pasada apareció un peligroso límite a la paciencia de los argentinos en el duro camino hacia la realidad económica. Uno mucho más sensible y doloroso para amplios sectores de la clase media. Así, la liberada suba de precios en las prepagas apareció como una competencia sanguinaria ante el resto del ajuste que lleva adelante el Gobierno para muchos argentinos que deben dividir cargas recortando gastos y costumbres en tarifas, transportes, alimentos, educación, vestimenta o el hogar.

La suba de las cuotas de medicina prepaga se había llevado un porcentaje demasiado grande del ingreso mensual de muchos argentinos desde que comenzó el alza fuerte en diciembre. Cualquier usuario, independientemente de la categoría o plan de prepaga que tenga, viene soportando desde fin de 2023 una suba que supera ampliamente la indexación por inflación. La medicina se instaló dentro del presupuesto mensual de muchos argentinos con una fuerza que nunca había tenido. En resumen: ese gasto comenzó a competir peligrosamente con el resto de la canasta de subsistencia del público de a pie y más con salarios que ni por lejos se actualizan a ese ritmo.

Las alarmas en Economía se encendieron rápidamente; quedó claro que el Gobierno se había dormido demasiado tiempo sin interpretar cabalmente el impacto de las decisiones que estaban tomando los dueños de las empresas de medicina prepaga.

Ese sector aparece como una competencia feroz dentro del bolsillo de los argentinos frente al ajuste que aún queda por delante a los bolsillos en Argentina; era demasiado porcentaje del sueldo de muchos cuando ahora también se debe enfrentar la suba de las tarifas de energía eléctrica que ya está impactada en las facturas que están llegando a cada casa estos días y a la del gas, que corre para los consumos desde el 1 de abril.

Al peso del costo de las prepagas se suma el déficit de ingresos que viven las mismas familias que son clientes del sistema de medicina prepaga. Hay una realidad allí que también tiene límites claros: muchos argentinos hoy están liquidando lentamente ahorros en dólares para cubrir cuentas y mas ahora que es altísimo el valor en dólares de la vida diaria. En muchos casos son votantes de Javier Milei que apoyan la idea del ajuste como único medio lógico para llegar a la normalidad, pero el esfuerzo es grande.

Frente a ese peligro apareció una decisión doble con ganancia inmediata para el Gobierno. Luis Caputo le llevó a Javier Milei la decisión de avanzar con una denuncia por cartelización y abuso de la posición dominante contra siete empresas de medicina prepaga, que la Coalición Cívica había presentado en diciembre. Se optó entonces por avanzar por el camino de la legislación antimonopólica que el país tiene sancionada, con variantes y parches, desde los años ’90.

No es casual que la Coalición Cívica haya avanzado con esa denuncia ya que Elisa Carrió fue una adelantada con la nueva Ley de Defensa de la Competencia sancionada en 2018. Esa norma fue impulsada por Carrió y el radical cordobés Mario Negri con apoyo total de Mauricio Macri.

“La institucionalidad en defensa de la competencia es fundamental para tener un país desarrollado, con mercados competitivos y transparentes”, había dicho en ese momento Francisco “Pancho” Cabrera, por entonces ministro de la Producción. Cabrera hace un tiempo que reapareció por algunos pasillos oficiales.

El sistema de control antimonopolios, de todas formas, sigue siendo imperfecto en el país. Por ejemplo, los gobiernos siempre se demoraron en formar el Tribunal de Defensa de la Competencia, órgano máximo y definitivo del sistema. Néstor Kirchner y su esposa siempre prefirieron mantener en suspenso la aplicación completa de la ley y delegar las funciones en la lapicera del Secretario de Comercio. Era obvio: siempre fue más conveniente para el kirchnerismo tener a Guillermo Moreno o sus sucesores en el cargo apretando empresas que hacer funcionar un sistema antimonopolios moderno y civilizado.

El capitalismo exige para su normal funcionamiento un esquema legal antimonopolios que permita el libre juego de la competencia en el mercado. Javier Milei lo sabe bien y ahora apela a ese instrumento en medio de la crisis con las prepagas.

La decisión de Comercio de obligar a las prepagas a retrotraer precios tiene sus límites. Después del decreto de desregulación de Milei que permitió a las empresas de medicina liberar los precios sin control, quedan dudas sobre la capacidad legal del Estado para fijar la actualización de las cuotas por inflación, como fija la resolución de ayer de la secretaria de Comercio y que implica una baja inmediata de alrededor de 33 % en el pago mensual a las prepagas.

El Gobierno al mismo tiempo recurrió a la Justicia donde se jugará un partido similar pero que puede tener consecuencias más directas sobre otros puntos, por ejemplo, la devolución o no de lo cobrado en exceso por las prepagas. El overshooting en el incremento de las cuotas que hasta duplicó la inflación del período tiene una contracara; la baja abrupta en el precio y la devolución del exceso dejaría a las empresas en un peligroso corte de su flujo de ingresos.

Economía, en su presentación judicial, pidió que la devolución se haga en cuotas desde junio a diciembre para compensar el efecto sobre las empresas y los usuarios. La Justicia deberá decidir si lo habilita. Mientras tanto, el último tramo del ajuste en tarifas ya está en marcha, el esfuerzo hay que distribuirlo, el Gobierno lo sabe y así se lo hizo saber a las prepagas.

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