Opinión

Javier Milei, entre lo ideal y lo posible

El mundo de la política argentina en general sigue buscando posibles coincidencias al presidente Javier Milei, que sigue una clara línea con la tradición alberdiana. Fabrizio Zotta deja su mirada.

Fabrizio Zotta domingo, 14 de abril de 2024 · 03:35 hs
Javier Milei, entre lo ideal y lo posible
Javier Milei y Victoria Villarruel Foto: Instagram: (@javiermilei)

El arribo de Javier Milei a la vida institucional de la Argentina le asestó un duro golpe al sistema político tradicional, del cual no termina de recuperarse. Propios y ajenos no logran encontrar el tono para tratar con la figura que hoy preside el país. Podría decirse que esa disrupción tiene algo de saludable para una política profesional bastante prosaica, desconectada de sus fines de representación, y muy conectada con sus medios para conquistar y conservar el poder.

El gobierno fue conformándose y fue emergiendo en el discurso presidencial la ilusión de poder conquistar aquello que se propusiera, dominando las contracorrientes y las tempestades generadas por la casta, poniendo en manos de las Fuerzas del Cielo, y no en la cantidad -y pericia- de los soldados en tierra, el resultado de la acción política. Pero el Estado, por definición, es una estructura y la institucionalidad es condición de factibilidad de los procesos políticos en una democracia. Este punto fue el centro de una discusión histórica en la Argentina de la generación del 80, el período que reivindica el presidente en cada discurso.

Domingo Faustino Sarmiento, en los últimos años de su vida, reflexionaba que, si bien era muy digno y pródigo el esfuerzo argentino por construir una Nación, lo que el ánimo del 80 celebró fue la construcción del Estado. El avasallamiento económico y de progreso constante se había fagocitado a la construcción nacional que Sarmiento imaginaba, basada en la cultura, la alfabetización y la instalación de símbolos que unificaran al desierto argentino. Alberdi, por su parte, tenía al igual que Sarmiento, una confianza explícita en el progreso, pero en sus obras tardías formuló lo que llamó la república posible, cuyas características tenían que ver con el progreso económico sustentado en el orden de la autoridad política.

El arribo de Javier Milei a la vida institucional de la Argentina le asestó un duro golpe al sistema político tradicional Foto: EFE

Una república posible daría gradualmente paso a una república concreta, real.

Lo que Alberdi proponía era una monarquía tan institucionalizada que se presentara como una república y que ejerciera el orden y la autoridad para propiciar el posterior desarrollo económico. Lo que Alberdi había comprendido es que no había que desdeñar a la política, sino que había que fortalecerla todo cuanto fuera posible.

Casi 150 años después, el gobierno que toma su inspiración del doctor tucumano ha orientado su persistencia a chocar contra las instituciones del Estado. Sin tomar en cuenta al Alberdi de los últimos años, en su despliegue de enfrentamientos constantes con las estructuras, el gobierno hace que no haya transformación ideal en sus alcances y, a veces tampoco, transformación posible.

Queda la Argentina, entonces, atascada en una parálisis con mucho de ruido y bastante pocas nueces. En esa línea se inscribe hoy el Pacto de Mayo, por ejemplo, que se aleja cada vez más de lo concreto ante la sospecha constante que se tienen desde ambos lados de la mesa.

La política no le encuentra la vuelta a Javier Milei

Y Milei no le encuentra la vuelta al Estado. Esa tensión explica la dificultad de concretar planes ambiciosos y, quizá necesarios, que por ahora no llegan.

Ya lo dijo Alberdi: “Si la república es buena, si se está por ella, es preciso ser lógicos: se debe admitir su resultado, que son los jefes republicanos elegidos por la mayoría popular entre los de su tipo, de su gusto y de su confianza”.

No será lo ideal, pero es lo que permite lo posible.

Fabrizio Zotta

*Fabrizio Zotta, decano de la Facultad de Periodismo y Comunicación de la Universidad FASTA.

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