Opinión

33 Páginas de ignominia

Quebró su mutismo hace unas semanas y nos regaló un documento de 33 páginas en el que analizó al actual gobierno nacional.

Jorge Enriquez lunes, 18 de marzo de 2024 · 22:45 hs
33 Páginas de ignominia
Cristina Fernández de Kirchner Foto: EFE

Al diagnosticar la situación que vivimos, la expresidente Cristina Fernández de Kirchner señala: “Hasta el momento, el nuevo gobierno solo ha desplegado un feroz programa de ajuste que actúa como un verdadero plan de desestabilización y que no solo retroalimenta el espiral inflacionario colocando a la sociedad al borde del shock, sino que provocará irremediablemente el aumento de la desocupación y la desesperación social”.

Es increíble que a esta altura de los tiempos alguien que en su vida casi no hizo otra cosa que ser una dirigente política, que en la hora crepuscular de su trayectoria fue condenada penalmente por graves delitos de corrupción, no haya aprendido nada. O, si algo aprendió, que no pueda evitar caer en el cinismo más burdo. Porque algún turista desprevenido que leyera ese párrafo podría suponer que, hasta el 10 de diciembre pasado, la Argentina era un paraíso de estabilidad económica y de ocupación laboral.
Sabemos que la realidad es la opuesta: el kirchnerismo, en sus diversas versiones, fue incrementando la inflación hasta niveles intolerables, y con la inflación aumentó también la pobreza y la marginalidad social.

La inflación no es un fenómeno misterioso.

Por suerte, la ciencia económica ha identificado con claridad sus causas. Hoy el debate entre economistas serios puede pasar por ciertos énfasis en uno u otro aspecto, pero ninguno que esté en sus cabales niega que la causa inmediata es un exceso de la cantidad de dinero con relación a la producción de bienes y servicios. Y la causa mediata, la verdadera madre del borrego, es el déficit fiscal.

Cristina Fernández de Kirchner. Foto: MDZ

La inflación se produce porque el Gobierno emite dinero para financiar el desequilibrio entre sus gastos y sus ingresos. Esa emisión aumenta la oferta de pesos en la economía, y como cualquier bien cuya oferta sube, su precio cae. La inflación es el reflejo de un peso que cada vez vale menos. En conclusión, la causa de la inflación es monetaria. Es cierto que hay países que tienen altos déficits fiscales y baja inflación, pero se trata de países confiables que pueden financiar sus déficits con colocaciones de deuda. La lamentable historia argentina de las últimas décadas nos ha ido cerrando ese mecanismo de financiación. Por lo demás, el  kirchnerismo siempre plantea que la toma de deuda es casi una traición a la patria, lo que no le deja más opción que la  “maquinita”.

No fue Javier Milei el que creó la altísima inflación que sufrimos.

Lo que ha hecho, en todo caso, es sincerar algunas variables, lo que provoca un aumento circunstancial de ciertos precios. Pero el rumbo fijado por la actual administración es en esto muy claro: el déficit debe bajar y cuanto antes mejor. Javier Milei ha reiterado una frase que se debería grabar en piedra en todos los edificios públicos: “No hay plata”. Es preferible una verdad dolorosa a la constante mentira del kirchnerismo. La verdad no nos retacea el esfuerzo pero le da un sentido claro y nos muestra el camino para superar la decadencia. Se critica la suba de las tarifas de transporte y de servicios públicos, como la energía.

Pero es imprescindible tomar conciencia de que si los usuarios y consumidores no pagamos por las cosas lo que valen, otro lo paga por nosotros. ¿Cómo? A través de la inflación, provocada por los subsidios destinados a mantener la gratuidad. No hace falta tomar ejemplos de los países más desarrollados del planeta; basta mirar a nuestros vecinos. Ninguno de ellos, tengan gobiernos más
de izquierda o de derecha, incurren en esas prácticas demagógicas. Claro, por eso mismo ninguno de ellos tiene una inflación siquiera comparable a la nuestra. Son risibles también las propuestas (vagas, vacías) de modernizar las normas del ámbito laboral, incluyendo palabras que dan una impresión de modernidad como “teletrabajo” o “plataformas digitales”, cuando en su gobierno rechazó cualquier intento de flexibilizar tales normas obsoletas y de adecuarlas al mundo actual. Lo mismo cabe decir en materia de salud, seguridad o inversiones. Son palabras hipócritas, que quieren generar la idea de que, una vez más, volverán mejores. 

La inflación es el reflejo de un peso que cada vez vale menos. Foto: MDZ.

No le creemos nada.

Tenemos la experiencia de 20 años en los que ella y su marido, que gobernaron con un marco internacional extremadamente favorable, arruinaron todas las posibilidades de desarrollo de la Argentina, incrementado el gasto público a niveles siderales y dinamitando la cultura del trabajo. Por eso estuvo muy bien el ministro Luis Caputo cuando le pidió que tuviera un mínimo de dignidad y se llamara a silencio. Para colmo, intenta predicar el “respeto del otro” la misma persona que creó la grieta entre los argentinos, que quiso “ir por todo”, que consideró enemigos a quienes no se le subordinaban, que hizo insultar y ridiculizar en los
medios públicos a los adversarios políticos y que se enriqueció ilícitamente.

También como parte de esa operación de maquillaje para sintonizar con los nuevos tiempos, la señora de Kirchner expresó que el peronismo no es progresista. Ignoro cómo tomarán sus feligreses esta declaración, que procura ser conciliatoria con el capitalismo. Sin juzgar al proteico peronismo globalmente, es indudable que su versión kirchnerista no fue progresista, si entendemos tal
concepto en su significado primigenio, hoy expropiado por el populismo: no nos llevó al progreso, sino que implicó una lamentable marcha atrás que costará mucho revertir. Hace pocas horas, cuando se anunció el índice de precios al consumidor de febrero, varios dirigentes kirchneristas salieron al unísono a trazar un panorama dramático generado por el nuevo gobierno.

El mismo Alberto Fernández, que continúa en España el descanso que se tomó durante los cuatro años de su presidencia, se
manifestó indignado, como si hasta hace tres meses la Argentina hubiera tenido la tasa de inflación de Suiza. La dureza granítica de la cara de estas personas se debería exhibir en los museos de ciencias naturales. En verdad, contrariamente a lo que ellos dicen, el dato de febrero es auspicioso, porque indica -dentro de niveles todavía muy altos- una desaceleración del incremento de los precios. Habría que recordarle al alarmado Fernández que el último índice al consumidor de su presidencia, el de diciembre pasado, superó el 25%

La impresentable de Cristina Kirchner, sin embargo, debe ser bien recibido. Son 33 páginas de ignominia, que en alguna medida nos sirven: es bueno recordar cada tanto quiénes nos llevaron a esta situación, para que no incurramos de nuevo en la ingenuidad de entregarles el poder, ya sea en forma personal o a través de personeros patéticos como Alberto Fernández. Son el pasado, un
pasado sórdido que necesitamos superar para ser un país con oportunidades para todos, con desarrollo económico y equidad social, con plena libertad, son seguridad, con orden y progreso.

Jorge Enriquez.

* Dr. Jorge R. Enríquez, exdiputado nacional – Presidente de la Asociación Civil JUSTA CAUSA
Mail: jrenriquez2000@gmail.com
X: @enriquezjorge
http://jorgerenriquez.wordpress.com

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