Opinión

¿Por qué insulta Milei?

El insulto se manifiesta a través de palabras que disponen de una connotación negativa en la lengua en cuestión, las conocidas popularmente como malas palabras.

Gabriel Slavinsky lunes, 26 de febrero de 2024 · 21:14 hs
¿Por qué insulta Milei?
Foto: Shutterstock

El insulto es por definición un agravio, ofensa o improperio. Un mecanismo que tiene cuatro objetivos distintos pero  complementarios:

El primero es el hecho directo y literal de agredir al otro. “Te insulto porque no te tolero y te desprecio”. El segundo, es la  diferenciación como distinción entre dos partes, algo como: “Te agredo, porque somos diferentes, vos no sos como yo”. El tercero es la segmentación social, la división entre grupos: “Jamás podremos estar en el mismo bando, somos de tribus diferentes” o peor aún “Moralmente, jamás estaríamos en nada con ustedes” y finalmente, el cuarto objetivo es el punto de inflexión, casi de no retorno porque el insulto rompe la lógica de la negociación, el entendimiento de la diferencia, la intención de un consenso desde lo disímil. En este caso: “Te insulto, porque jamás podría acordar nada contigo”. Rompiendo la posibilidad de establecer un diálogo constructivo, productivo y complementario.

Javier Milei

Desprecia con vehemencia. Enfatiza constantemente desde una posición de superioridad moral, en la que incluye el insulto como agresión. Lo hace desde sus apariciones televisivas, como candidato y hoy en la presidencia. Notamos una evidente continuidad en su modo de actuar y opinar.

Javier Milei desprecia con vehemencia.

Algunas de las ofensas

“Solamente estoy diciendo que sos una burra” a una notera.
"Quiero humillarla públicamente” a una periodista.
“Pedazo de mogólico” a un economista.
“Bestia y precario” a un asesor.

También

“Pedazo de mierda, por qué no estudiás” A Martín Kulfas.
“Enano diabólico” a Axel Kicillof.
“Parásito de mierda” a Gerardo Morales.
“Tontito, bobito, pedazo de pelotudo” a Fernando Iglesias.
“Chorro y burro” a Leandro Santoro.

Esto se complementa con

“El imbécil ese que está en Roma” al Papa Francisco.
“Zurdo de mierda, gusano arrastrado, pelado de mierda asqueroso” a Horacio Rodríguez Larreta.
“Montonera, pone bombas” a Patricia Bullrich.
“Juntos por el cargo” a Juntos por el Cambio.
“Comunista asesino” al presidente de Colombia, Gustavo Petro.
“Nido de ratas” al Congreso.
“Soretes y coimeros” a los Legisladores.
“Traidores” a Gobernadores.

Enfatiza constantemente desde una posición de superioridad moral.

¿Por qué lo hace?

Establecemos aquí tres tipos de interpretaciones, aunque podría haber otras:

  1. Insulta porque es una estrategia.
  2. Tiene una impronta violenta.
  3. Se maneja con el lenguaje de la calle, es uno más.

Quizá las tres tengan algo de cierto, pero vamos a tomar principalmente la N°1 para analizarlo como estrategia.

El insulto como herramienta

Como candidato probablemente le haya servido para llamar la atención, generar noticias, mostrarse provocador y ganar repercusión. La lógica de presidente Javier Milei podría ser otra, sin embrago, se mantiene fiel a su estilo.

El insulto en la era Milei

La estrategia de insultar se equipara con los 4 objetivos mencionados arriba en la definición. Desprecia con vehemencia para señalar a los culpables de la debacle nacional. Indica quienes son los responsables de los malos resultados económicos. Y no se queda ahí, amplía el horizonte a los que impiden los cambios que pide la ciudadanía mayoritariamente (según interpreta
el candidato libertario).

Lo hace como estrategia de diferenciación, definiendo un “nosotros inclusivo” como “la gente de bien” contra un “ellos” determinados como “los otros” de la casta y esclavos del peronismo o del sistema prebendario. En este sentido se ubica por fuera de la política y se abraza al ciudadano común.

Adicionalmente, juega a la grieta de tribus: Te insulto porque de alguna manera merecés el castigo de estar del lado equivocado, el otro. “Estás de un bando condenable moralmente” parece decir.

Te insulto porque de alguna manera merecés el castigo de estar del lado equivocado.

Y, por último, lo usa como un recurso útil para que la opinión pública note que no hay retorno con la casta, que él no negociará con la política, que se mantiene por fuera del sistema tradicional que tanto mal le hizo a la Argentina. No hay espacio para negociar, “El Congreso es un nido de ratas”, “Son soretes” y “coimeros”.

En síntesis, un mensaje a la ciudadanía, expresando algo así como: “Quédense tranquilos, noten que les digo estas barbaridades porque jamás seré de ellos, nunca negociaré con esta gente”

Daño colateral

Complica a su propio gobierno que debe establecer lazos y negociaciones constantes con la oposición en términos legislativos. Les
dificulta el trabajo de articular con otros políticos que son agredidos por los insultos del presidente.

Autonomía comunicacional

Javier Milei se muestra como un outsider, por momentos una celebridad que trasciende la política. Es una versión con dosis de Bolsonaro, Trump y Zelenski pero que le agrega sus propios condimentos. En esta lógica, el presidente es casi el único garante del rumbo “moral” que ha tomado el país y preserva su imagen, reputación e identidad de anti política, anti casta.

Entonces

Milei es un fenómeno difícil de interpretar. Provocador por naturaleza, incorrecto y audaz. Alguien que no calcula muchas veces las
consecuencias de sus declaraciones, que avasalla con estrategias políticas agresivas y discursos que rozan la violencia simbólica.

La política tradicional comprende de chicanas, sarcasmos e ironías, sin embargo, se encuentra poco entrenada para el insulto, porque los confunde y los hiere.

La política

Muchos persisten en la intención de negociar en buenos términos apelando al consenso y a los buenos modales. Ellos minimizan los embates. Otros parecen someterse al maltrato y hace como que “aquí no ha pasado nada” (toman a Milei como un actor que cumple un papel). Algunos se ofenden y rompen relaciones. También están unos pocos que intentan comprender razones, hacen autocrítica y ponen la “otra mejilla” y finalmente están los más desafiantes que están en posición de espera con la postura: “Ya va a venir al pie” o “Ya se va a arrepentir”

Al final

El cambio de paradigma llegó, el insulto parece estar habilitado. En este nuevo tiempo conviviremos en un clima tenso. Y en las palabras del presidente parece tener claridad: “Soy una persona que circunstancialmente está en un determinado lugar satisfaciendo una demanda” y para cerrar una explicación con su estilo: “Los idiotas que critican mis formas, me chupan un huevo”. 

Gabriel Slavinsky.

Gabriel Slavinsky. psicólogo y consultor político. Especialista en campaña de gobierno y electorales. Autor de 3 libros.

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