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Las explicaciones que se escucharon sobre por qué Javier Milei se la agarró con Lali Espósito

En el Gobierno creen que la discusión pública con la popular cantante lo ayuda al presidente para instalar la idea de cómo gastan en cosas que no deben los gobernadores y los intendentes, la "casta".

¿El presidente Javier Milei quiere pelearse con Lali Espósito o quiere seguir instalando su idea sobre en qué gastar la plata? Pensando bien y creyendo que el jefe de Estado actúa de buena fe, puede considerarse que una discusión con una artista de semejante popularidad podría ser leída como inteligente y hasta necesitada para ejemplificar los gastos excesivos de las administraciones provinciales y nacionales.

Todo se fue por el inodoro cuando en el debate presidencial se denigra a su contradictor. Desde el vamos, si las cosas se ponen en su lugar, nadie podría dejar de darle la razón al jefe de Estado sobre la discusión si es necesario pagar recitales, brindarles exenciones impositivas o gastar esos recursos en seguridad, salud y educación.

Peter Capusoto, en uno de sus personajes, Pepe Laposta, relata esa dicotomía poniendo el ojo en el egocentrismo artístico. “No curamos, no reparamos una canilla, no educamos”, dice en su irónica mirada, relatada hace más de dos décadas. Pero el jefe de Estado se equivoca, o directamente termina siendo un maleducado, imitador bochornoso de Cristina Fernández de Kirchner, cuando escrachaba a abuelos “tacaños” por cadena nacional, al modificar el apellido Espósito por Depósito.

La sociedad eligió un cambio y él fue quien proponía las modificaciones más radicales. Desde una motosierra explicaba cómo iba a podar el gasto público. Pero ahora, como él mismo lo sostuvo, ahora se transformó en una “licuadora”, tal cual había explicado, tiempo atrás, el economista Carlos Melconián.

 

Hasta ahora, la sociedad permanece en un limbo en el que se siente más pobre, sin demasiadas expectativas sobre su futuro inmediato, con temer la pérdida de su empleo o sabiendo que el próximo mes deberá rediseñar todo su presupuesto hogareño, donde la educación y la salud son esenciales en la mayoría de los hogares.

En las múltiples entrevistas que se realizan en la vía pública se observan dos cuestiones. Cierta paciencia social y algunas comparaciones ingeniosas y prácticas a la vez. “De qué me hablan del subte o el colectivo si hoy un alfajor vale mil pesos casi”, respondían varios de los encuestados.

Pero Milei no debe engolosinarse con esa mirada contemplativa ni tampoco puede guarecerse en la incredulidad de la dirigencia política, empresaria y sindical. Su “locura”, imprescindible para emprender los cambios que se reclaman desde hace años, debe ser inmediatamente apoyada por una gestión oficial que no ha dado una muestra sobre qué quiere hacer en materia social y sanitaria.

Lo único claro que tiene el Gobierno es el “no hay plata” y el protocolo de seguridad dispuesto por su ministra Patricia Bullrich. Sin embargo, más allá de estos ítems, ninguno de los secretarios y directores nombrados tienen, a dos meses de su asunción, una política diseñada para la producción, el transporte, la obra pública, la educación y la salud ciudadana, entre otras tantas cosas. Y mucho menos se observa un deseo importante por investigar el pasado reciente, causante fundacional de la crisis actual y el “no hay plata” del que se jacta el presidente.

El debate nacional sobre el transporte público es sobre U$S100 millones de dólares. ¿De verdad tanto alboroto por eso? No. El mensaje sobre la austeridad y la sobreactuación por la crítica crisis económica del Gobierno nacional, radicalizado luego del fracaso del proyecto de Ley Bases.

Los intendentes de la FAM peronistas reunidos hoy.

Un viejo chiste cuenta que había una vez un náufrago muy creyente al quisieron ayudarlo en varias oportunidades, y tras varios rechazos de esta persona diciendo: “No, gracias, Dios me va a salvar”, terminó ahogándose. En el cielo, cuando lo ve al Señor, le recrimina por haberlo dejado morir en el mar.

“No te confundas. Te envié primero una embarcación de lujo, luego un pesquero y después te divisó un helicóptero que pasaba por ahí. A los tres les dijiste que no”.

En el caso de Milei, más de una docena de gobernadores salieron en su ayuda, Mauricio Macri y Juan Schiaretti, también y un centenar de legisladores que no eran de su partido le hicieron juntar 144 votos para luego hacerla volar por el aire en el tratamiento en particular. La parábola con el náufrago es idéntica y llamativa. Pero ahora, además, se suma Lali Espósito.