Deudas, coimas y política: los hitos en la historia de la caída de IMPSA
Un cartel de IMPSA enorme, el estacionamiento repleto de vehículos y un imponente molino generador de energía como símbolo. Las banderas de Argentina y Brasil flameando juntas en esa planta industrial del estado de Pernambuco. Eso era en 2014. Hoy los mástiles ya no tienen banderas, el cartel de IMPSA desapareció y la maleza creció alrededor de una planta industrial abandonada. Pasaron diez años entre una imagen y otra y es uno de los símbolos del ocaso de una de las empresas más grandes de Argentina. También allí, en Brasil, está parte de la historia de ese deterioro, pero no es el único.
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A miles kilómetros, en Venezuela, existe otro de los íconos. Allí está la represa de Macagua, uno de los proyectos hidroeléctricos de los que participó IMPSA y cuyos pagos figuraron como una falsa esperanza de recuperación económica para esa empresa y hoy, con menos camuflaje, ya son considerados incobrables. También en Venezuela están las raíces de lo que desde la propia empresa marcaron como un hecho de corrupción del que fueron parte: el pago de coimas a funcionarios del Gobierno argentino para liberar pagos desde el país bolivariano, con quienes había relaciones mucho más que diplomáticas.
En los hitos de la decadencia de la empresa hay uno en el que se concentra todo y que es hoy el principal obstáculo para la reprivatización. Se trata de la deuda de más de 500 millones de dólares que tiene principalmente con bancos y de no mediar una negociación, debería comenzar a pagar en 2028.
IMPSA nació en 1909 y era la única empresa argentina capaz de construir y exportar turbinas para represas hidroeléctricas y hasta piezas para reactores nucleares. Entró en un espiral descendente que la llevó al borde de la quiebra y hasta perder su nombre. En 2008 la empresa dejó de llamarse Industrias Metalúrgicas Pescarmona y se creó el sustantivo IMPSA. La familia fundadora dejaba el control de la empresa, que comenzaba a quedar en manos de los acreedores. Esa lista tiene nombres rutilantes desde el punto de vista institucional, una señal del volumen de los negocios de IMPSA. Hoy, su historia, casi 800 empleos y otras empresas que dependen de manera satelital de IMPSA, penden de un hilo.
El principal acreedor de IMPSA es el Banco Interamericano de Desarrollo, entidad financiera que habitualmente le presta a Estados. La empresa mendocina consiguió un préstamo de esa entidad y, tras la reestructuración, le debe 164 millones de dólares al BID, un 33% de la deuda total. Los bancos que dependen del Gobierno nacional están segundos en la lista. Entre el BICE y el Nación, IMPSA le debe 111 millones de dólares. El Banco Brasilero es otro de los grandes acreedores, con 61 millones de dólares. En el Gobierno nacional y también en el BID ponen sobre la mesa y cuestionan el rol de la familia fundadora como parte del problema. Por los malos negocios hechos, por los incumplimientos y también por las relaciones políticas que hubo décadas atrás.
El edificio descascarado de la zona industrial de Pernambuco denota una de las razones principales de la caída. IMPSA se expandió a ese país con un plan mega ambicioso: una planta industrial para crear los parques eólicos más grandes del mundo. Los ensayos se habían hecho en la planta Ceretti, en Godoy Cruz, donde se hicieron los primeros moldes, palas y motores. Hoy el lugar es un centro gastronómico. Solo en uno de los parques se montaron 170 molinos generadores. En IMPSA culpaban a la política y a la falta de pago de la energía por parte de Brasil. Es que la empresa mendocina tenía a cargo todo, incluida la operación de los parques eólicos. La historia que cuentan en ese país es otra. El resultado, igual, fue malo para todos. Según explicó Enrique Pescarmona, la empresa perdió más de 300 millones de dólares propios que fueron invertidos en Brasil. Pero la cifra superaba los 1000 millones de dólares, que provinieron de organismos de crédito, fondos inversores y otros actores relevantes que hoy son acreedores. Muchos de ellos cuestionan el destino que tuvieron los fondos de los créditos que la empresa obtuvo.
Puertas adentro de la planta ubicada en carril Rodríguez Peña, aún hay señales del desarrollo que generó esa empresa. Plantas enormes donde se construyen piezas de turbinas, turbinas a escala para evaluar rendimientos (entre ellas las de los proyectos truncos Portezuelo del Viento y Tambolar), enormes espacios dedicados a tareas con inteligencia artificial y hasta una sala que se asemeja al quirófano de un hospital, pero de enormes dimensiones donde se construyeron piezas para reactores nucleares. Los vecinos de Godoy Cruz, por ejemplo, aún recuerdan los operativos que había cada vez que IMPSA sacaba alguna pieza gigante que se exportaría. Hoy, es noticia por los paros y el riesgo de desaparecer.
Historia de un deterioro
El balance de IMPSA pone casi como aspiración o expresión de deseo la deuda que tiene Venezuela, a través de su empresa eléctrica, con la empresa. Lo que no está explicitado allí es la trastienda. La ruta del dinero y la deuda que Venezuela tiene con IMPSA es aún más árida y tiene vinculaciones políticas locales e internacionales, incluido el pago de coimas.

La plata la entregaban en bolsas de supermercados u otra igual de discreta, que no indujera a que había 200 mil dólares guardados. De cortesía, solía haber alguna caja de vinos Lagarde, la bodega de la familia fundadora de IMPSA. Fueron al menos 1,8 millones de dólares pagados en el cuarto piso, habitación 410 del hotel Feir’s de la Ciudad de Buenos Aires. Los encargados de la transacción eran Valenti y José Baratta. Los líderes reales de la operación, Enrique Pescarmona y Julio De Vido, aunque en los testimonios de la causa de los cuadernos el propio Valenti dijo que “la plata era para Kirchner”. IMPSA es parte de la mega causa de los “cuadernos” y los directivos de la compañía reconocieron los pagos. “Los pagos que reconozco haber hecho se produjeron mientras estuve en el Hotel FEIR´S. Hay constancias en la causa que reflejan que en el año 2015 yo estuve en Buenos Aires sólo entre el 9 y 12 de agosto de 2015. De ello puedo aportar otras pruebas. Si reconozco que mientras estuve en el hotel FEIR´S, hasta el 29 de octubre de 2010, efectué pagos por un monto aproximado de 1.800.000 dólares en distintas oportunidades a BARATTA. Esos pagos fueron en distintos momentos, todos en dólares, que los entregaba en un sobre o en bolsa de supermercado o de tiendas comerciales”, dijo Valenti en su declaración.

Las coimas se reconocieron y la justificación que dieron Pescarmona y Valenti para ese acto de corrupción eran las supuestas retenciones de pagos desde Venezuela a IMPSA. Es decir, justamente donde está parte de los problemas financieros de la empresa. Según los empresarios, Venezuela había comenzado a retacear los pagos de la represa Macagua y el pedido de coimas era para que el Gobierno argentino intercediera ante Hugo Chávez para que se liberaran. “En Venezuela, hicimos la obra Macagua que era un obra de 200 millones de dólares… A. principio todo iba fantástico y de golpe nos dejan de pagar, se van los pagos a 240 días, nos asfixian. El que nos paraba los pagos era el Sr. DE VIDO. Un día vengo de viaje y me encuentro con VALENTI, dijimos nos estás chantajeando, nos están asfixiando, y nos preguntábamos qué hacer. BARATTA nos chantajeaba diciendo que si no les pagábamos no íbamos a cobrar en Venezuela, decía que está atrás la Sra Kirchner”, dijo Pescarmona en su declaración. Allí mismo reconoció las coimas, de haber pagado cuotapartes de 200 mil dólares de fondos propios y de haber empleado a Valenti como valijero. El motivo, el mismo: según él, de esa manera se liberaban los pagos.

Curiosamente también mencionó que con Chávez no habían tenido problemas en otros negocios que hicieron. “No queríamos darle un mango a estos tipos porque eran unos hijos de puta. Pero tuvimos que acceder. Es cierto lo que dicen los cuadernos en general”, había ratificado Pescarmona. “Cada vez que yo volvía de viaje, VALENTI me informaba cuaánto había tenido que pagarle a estos tipos. Cuando VALENTI empezó a pagarles los pagos en Venezuela se empezaron a regularizar. Las demoras que eran de 240 días, pasaron a ser de 60 días”, dijo. “Fue una extorsión impresionante y más porque ellos paraban los pagos, porque yo con Chávez no había tenido problemas en Tocota. El tema de las extorsiones las conversé informalmente con la gente de Techint porque a ellos les pasaba lo mismo con la expropiación de SIDOR”, agregó. Incluso, Pescarmona sugiere que los problemas en Brasil tenían el mismo origen: las supuestas presiones del Gobierno argentino para frenar pagos. Según Pescarmona, fue Julio De Vido quien en 2006 comenzó a presionar para que se incorpore un socio. “Ustedes necesitan un socio”; dice que dijo. “Te asociás o te asociás”, aseguran. Claro, entre esa charla ocurrida en el departamento del empresario y la caída de la empresa pasó casi una década.

IMPSA tenía una gran base de sus negocios en Venezuela por entonces. Las obras de Tocoma y Macagua eran las principales. En los balances de la empresa figuran aún las deudas y ese “agujero negro”. “El 86,76% del saldo de créditos por ventas se deriva de sus contratos con CORPOELEC (ex “EDELCA”), una empresa operadora estatal encargada de la realización de las actividades de generación, transmisión, distribución y comercialización de potencia y energía eléctrica de propiedad del gobierno de la República Bolivariana de Venezuela. A partir del ejercicio 2013 se ha visto afectada la capacidad de CORPOELEC para cumplir con sus obligaciones en los plazos contractualmente pactados”, mencionan en el balance. La deuda supera la cantidad de ceros legibles en pesos, pero al día de hoy son más de 30 millones de dólares.

Con la empresa casi quebrada, comenzaron las maniobras para el rescate. En 2014, por ejemplo, la sede se mudó. Sí, aunque era una empresa nacida en Mendoza, tenía sede en Luxemburgo. La empresa Venti, que era la controlante de IMPSA, estaba radicada en ese Ducado. El 12 de noviembre de 2014, Venti se “radicó” en Godoy Cruz. Por entonces comenzaban las gestiones oficiales para intentar algún rescate.

Casi de inmediato, comenzó la reestructuración de la deuda, la búsqueda de subsidios para el pago de sueldos y la presión de los bancos. El desenlace fue la firma de dos acuerdos por los que se redujo la deuda a un poco más de 500 millones de dólares a pagar desde 2028. IMPSA quedó en manos de los acreedores y, luego, se produjo el rescate y “compra” por parte del Gobierno nacional y el Gobierno de Mendoza. Hoy, la crisis sigue latente y a la espera de que el único oferente que hubo en la búsqueda de un comprador, aporte capital para el rescate.


