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El Gobierno de Javier Milei

Ya casi por cumplir un año en el gobierno, el presidente Javier Milei, sigue firme en su desafío de todos los días.

A un año de iniciado el Gobierno de Javier Milei se han verificado cambios de fondo en diversas políticas de gobierno con respecto a años anteriores. No solo en el área económica, sino también en aspectos funcionamiento e impacto en la sociedad, las formas de comunicación y, a su vez, el eje centrado en la denominada “batalla cultural”. El interrogante que puede surgir es si estos sucesos tendrán una adhesión más permanente en un núcleo relevante de la población. O, si quedarán en un impulso político de corto alcance que fue más una reacción frente al viejo sistema que, una propuesta de cambio sostenible adaptada a las circunstancias de la Argentina.

En cuanto los temas económicos, no quedan dudas que las decisiones y políticas ejecutadas, oportunamente propuestas y manifestadas por el presidente en campaña, han tenido mejor impacto que las esperadas. Ello en tanto se optó por reformas rápidas y de shock en el tema fiscal, reduciendo el gasto público en nada menos que USS 30.000 millones. Todo ello dentro de un esquema que apuntaba a bajar mucho el consumo y sus incentivos, buscando un comportamiento más estricto de los agentes económicos. Un cierto orden macroeconómico esencial, que, con la baja de la inflación, brinde más certidumbre. Asumiendo inicialmente mayores costos sociales, pero con previsibilidad en los presupuestos familiares. 

Javier Milei y Emmanuel Macron. Foto: Presidencia.

Agregándose también los objetivos de política pública en cuanto demarcar más en concreto las funciones mínimas del Estado en sus tres niveles. Con un discurso detrás cuyo objetivo es un cambio en la mentalidad de la población sobre el rol de los Gobiernos en su agenda cotidiana, dándole impulso a la libertad y responsabilidad individual. Sobre esta realidad surge entonces el interrogante de cómo podrían desarrollarse los próximos tres años del mandato de Milei, conociendo ya sus propuestas disruptivas, con un enfoque de cambio radical en la economía, las instituciones y las relaciones sociales.

El presidente actúa sobre un tipo de sociedad con muchos comportamientos arraigados

Una característica que se destaca en Milei es que ejerce el poder con autoridad y mensaje claro. Esta ha sido una de las grandes deficiencias de los últimos gobiernos; mayormente por su composición más heterogénea y presidentes más limitados en su accionar. Cierto es que los cambios que se buscan no pueden hacerse sin esas condiciones. Imaginemos no solo un gobierno en minoría parlamentaria, sino indeciso en el día a día.

Javier Milei y Donald Trump.
Foto: Presidencia.

Esa fortaleza fue también el punto político esencial de las presidencias de Menem y Kirchner, no casualmente las que impulsaban desde sus inicios grandes cambios frente a los modelos anteriores. Dando pie a ciclos económicos favorables durante bastante tiempo. En ese aspecto, el presidente tiene sus virtudes. El asunto es poder evaluar costos y beneficios generales que determinarán la valoración real de este tiempo. La estabilización y retorno del crecimiento económico se daría en un esquema totalmente opuesto al que rigió durante veinte años. Retirado el Estado en cuanto incentivador de la actividad, queda en los privados ver como se mejora la productividad y la calidad de la inversión.

La cuestión podría tomar entonces dos dimensiones

  • La económica, núcleo central de su advenimiento a la presidencia, sobre lo cual se hará su evaluación.
  • La sociocultural, entendida como el eje que guía el comportamiento más cotidiano, familiar y de la comunidad.

Argentina tiene una gran tradición de libertad y crecimiento individual, que fue contenida durante mucho tiempo. Pero también un espíritu de solidaridad, apoyo, y contención social, más la valorización de lo público (no necesariamente estatal), que es un activo de la sociedad civil. Esto puede producir fuertes impactos, inicialmente positivos, como la baja inflación, el crédito a empresas y hogares, generación de nuevos negocios con mejores ingresos, fuertes inversiones. Pero con el riesgo que un sector importante de la población quede potencialmente excluido de aquellos.  

Javier Milei y Elon Musk.
Foto: Presidencia.

La sensación de un esfuerzo comprendido, pero que, para muchos ya fatigados, no llegaría en la forma de resultados de mejora en su calidad de vida. En parte por la fuerza de los cambios ejecutados; y, no menos importante, por el gran deterioro en la educación preuniversitaria de las últimas décadas, el cual deja una brecha de ausencia de formación, capacitación y experiencia laboral que costará mucho recuperar. Se valoraría la solución global y cambio en la tendencia declinante. Esto implica dejar atrás programas menos racionales desde lo económico o propuestas vacías basadas en mejorar los ingresos de la población con fantasías irrealizables. Una lección aprendida frente al 2019. Sería un gran logro de Milei

El riesgo de su programa consiste en que la sociedad interprete que todo depende de ella

La retirada del Estado como agente gastador y despilfarrador es avalada pero que, en lo más micro y cotidiano, solo no se puede. Sobre todo, porque el país tiene una gran extensión en redes de organizaciones del tercer sector (clubes de barrio, sociedad de fomento, cooperativas, entidades culturales) que interactúan y dependen, directa o indirectamente, del apoyo del sector público. No solo por una cuestión económica (subsidios, obras puntuales) sino de un mecanismo de relación más histórico, tradicional, cultural con los gobiernos en todos sus niveles. Ese punto esencial que caracteriza a sectores medios, medios/bajos y de ingresos informales puede verse más afectado de lo que parece. Porque se perderían beneficios considerados como propios. 

La retirada del Estado como agente gastador y despilfarrador es avalada. Foto: MDZ.

La reacción entonces podría darse sin un evento económico de impacto concreto, al ya asumirse que este es el modelo vigente, descartando que supuestos tiempos de beneficios pasados puedan regresar. En definitiva, te acepto la mejora económica pero no me dañes los vínculos sociales de pertenencia y relación con la comunidad. Nuestro país son esas caras de la moneda. Oportunidades de crecimiento y desarrollo individual sin falsas ilusiones en conjunción con la potencia y vigencia de una sociedad civil vigorosa con eje en la clase media que busca garantizar sus conquistas y derechos.  En los últimos veinte años, esos derechos y sus costos fueron extendidos, pero acumulando una carga sobre el resto de la sociedad y vistos como limitantes del crecimiento económico. 

La solución a ello ya la elegimos

Pero las prioridades no son eternas. Deben luego equilibrase y compatibilizarse con todos los aspectos sociales. El desafío de Milei y su éxito, si se lo propone, no es nuevo. Desde un lugar al que pocos llegan, resolver las contradicciones del constante péndulo argentino. 

Agustín Jaureguiberry

* Agustín Jaureguiberry. Politologo y Master en Politicas Publicas.