Presenta:

Pereza opositora: la comodidad de los dirigentes que se resignan ante Cornejo

La oposición mendocina no tiene proyecto de poder, ni de provincia. Se quejan de Cornejo, pero transitan con comodidad y pereza. Las opciones.
1680306.jpg

Mendoza vive una anomalía política desde hace casi una década: la enorme preponderancia de un sector que gobierna casi sin obstáculos, algo que en la vida cotidiana se traduce en la falta de matices, por usar un eufemismo. El foco se pone, como es obvio, en el poder: la omnipresencia de Alfredo Cornejo y su impronta. Pero a Cornejo no se le pueden achacar las torpezas ajenas y, en cambio, sí se le puede sumar como elemento de su éxito la falta de competencia de sus potenciales rivales. En Mendoza, la oposición tiró la toalla, resignó ambiciones y, lo peor, no presenta un proyecto de provincia, una alternativa de poder competitiva.

Las conducciones partidarias no tuvieron renovación, sino más bien un lifting, un intento de recauchutaje de lo viejo conocido: Omar De Marchi en la trunca Unión Mendocina y Emir Félix en el desorientado PJ, con Carlos Ciurca como operador de un subsuelo también lodoso. Nada nuevo. Cornejo, por ejemplo, tiene más riesgo puertas adentro de las estructuras del oficialismo, que hacia afuera: Luis Petri es la principal amenaza política que hoy tiene el cornejismo de paladar negro. Pero como una de las máximas del cornejismo es ser pragmáticos, también construyen nuevos liderazgos amistosos con el propio Petri y Ulpiano Suarez.

Dejalo que gobierne

La “política arrasadora” del gobernador no encuentra tope por falta de competencia. No hay proyecto ni ideas con las que deba o necesite confrontar. También hay pericia del oficialismo, pues en la propia Legislatura la mayoría de las normas salen por un consenso mucho más amplio que los votos propios. No hay casi agregado de valor. 

El PJ no pudo salir de la depresión política que le implicó la mala gestión que terminó en 2015. En realidad la crisis es previa, pero se había tapado con los éxitos electorales logrados gracias al huracán Cristina. Sin liderazgos ni “caudillos” que ordenen, el cristinismo logró el poder del partido de la mano de Anabel Fernández Sagasti, pero nunca consiguió la principal legitimidad para llegar al poder: el voto popular. Cuando el PJ gobernó, La Cámpora y sus aliados eran marginados. Cuando La Cámpora gobernó el PJ local, no consiguió el aval de la ciudadanía. Los intendentes no supieron cruzar los límites de sus comunas, invadidos por las dudas y el temor. Y el impacto de la limitación a las reelecciones los sacó de la zona de extremo confort: no sabían hacer política en serio. Por eso hasta intendentes jóvenes como Matías Stevanato acuden a operadores de desgastada trayectoria. La sombra de Ciurca, que se lleva bien con todos, vuelve a aparecer.

Incluso hay quienes lo mencionan como un comodín necesario: es el único dirigente peronista al que Cornejo no cuestiona públicamente. Una curiosidad, pues Ciurca fue parte del Gobierno de Paco Pérez que tanto cuestiona el gobernador. Ambos compartieron roles de operadores en algún momento, pero el hombre nacido en San Carlos y criado políticamente en Godoy Cruz tuvo un despegue muy superior en la primera plana. Ciurca se quedó en el camino y no pudo ser intendente.

Emir Félix hereda un partido desmotivado, sin proyecto. El exintendente intentará unir a la mendocina: evitando hablar de temas y personas que incomodan. Félix tiene vínculos buenos con todos los sectores del PJ y también con extrapartidarios; vínculos que podrían tender puentes para un posible frente “anticornejo” para el futuro. Diálogo hay entre referentes de la atomizada oposición, aunque por ahora priman los pequeños intereses personales.

Allasino y Stevanato, los dos opositores con mayor proyección. 

El experimento de la Unión Mendocina salió mal. Algunos aún suspiran de alivio al pensar cómo hubiera sido esa gestión con la ecléctica alianza que se había hecho, incluido Daniel Orozco como potencial vicegobernador. El volumen electoral de ese frente fue enorme, pero parece diluido. Omar De Marchi lideraba el sector pero abandonó la provincia para ir a un cargo de poquísima relevancia política en la Nación del que, incluso, fue corrido para ir a una gestión también menor para alguien que quería ser gobernador. Álvaro Martínez intenta sostener los frágiles vínculos de la Unión Mendocina, desde el sello oficial del Pro y con el respaldo de De Marchi. El intendente de Luján, Esteban Alassino, puede convertirse en el eje de alguna construcción a futuro.  

La discusión del poder no solo se da en las elecciones, pero las equivalencias en esa balanza dependen mucho de los resultados electorales. La institucionalidad de Mendoza está planteada para que haya lobby, negociaciones. Por eso los cargos relevantes necesitan aval del Senado. En otras épocas había negociaciones transparentes y también oscuras para nombrar funcionarios. Hoy a Cornejo no le hace falta. Cuando el actual mandatario estaba en la oposición y en minoría, exigía dialogar para nombrar ministros de la Corte. Blanqueaba una situación de hecho que ocurre en todo el mundo: la rosca. Hoy piensa distinto por sus propias ambiciones, pero también porque no lo necesita. Ni siquiera hay interlocutores.

El poder de Cornejo está bastante más sentado de lo que se cree en la impericia ajena que en la capacidad propia. Por eso, por ejemplo, proyectos clave como el Código de Aguas se derrumbaron porque no había plan político ante una contingencia. Ese proyecto, que tiene muchas virtudes y necesita ajustes, tenía destino de aprobación rápida. Los inspectores de cauce tuvieron más injerencia que los partidos políticos y obligaron al Gobierno a suspender los planes porque, además, no sabían cómo contrarrestar esa negativa. La comodidad política que tienen les atrofió la habilidad para superar obstáculos. Más lo sabe Luis Petri, que le mordió una enorme porción de electores casi sin estructura.

Sin oposición competitiva, sin proyectos de poder y opciones la que pierde es la provincia. Hay hasta un efecto psicológico. Alcanza con hablar con los dirigentes políticos de Mendoza para darse cuenta. Siempre el eje de las charlas, propuestas y quejas es Cornejo, aún las que tienen que ver con el futuro. La duda es si es un bloqueo o simplemente pereza.