La locura, el arma que Javier Milei usa a su favor
Al ritmo del tradicional himno de YMCA, Javier Milei agita sus brazos. Puño para un lado y para el otro. Baila. Sonríe. Está en su salsa. Lo rodean inversores de la campaña presidencial de Donald Trump, que pagaron entre 25 y 50 mil dólares para participar del evento de la CPAC (Comité de Acción Política Conservadora) que tuvo al argentino como el primer orador. Está disfrutando el momento.
Los gestos no mienten. Se lo ve exultante, codeándose con Elon Musk o Sylvester Stallone, creyéndose en serio una especie de profeta. Él mismo lo planteó en su último discurso en Palm Beach: “Me siento como un profeta en una distopía aún evitable”.
Tiene sus motivos para sentirse envalentonado: en los últimos dos meses acumula buenas noticias. En lo político logró evitar que la oposición le voltee los vetos jubilatorio y universitario, consiguió la aprobación de la Boleta Única, hubo un deslucido paro de transportes (menos colectivos), le ganó la pulseada a los gremios de Aerolíneas Argentinas y encima se concretó el triunfo de Trump en Estados Unidos. En lo económico, la inflación recuperó el sendero a la baja después de meses estabilizada en torno a 4%, la brecha cambiaria se pulverizó, el Banco Central viene comprando reservas, el Riesgo País ya quebró la barrera de los 800 puntos, el blanqueo tuvo una primera etapa exitosa, el superávit fiscal se mantiene y, como si fuera poco, la actividad económica empezó a mostrar señales de franca recuperación.
Si antes de mitad de año los libertarios reconocían que tenían que “ganar tiempo” para que pase lo peor de la crisis económica, hoy parecen haber empezado a jugar a fondo. En una misma semana le quitan las jubilaciones de privilegio a Cristina Kirchner y deciden descolgar insignias partidarias de organismos públicos, como el busto de Néstor Kirchner de la Anses o una gigantografía de Evita Perón en el Ministerio de Desarrollo Social.
El propio Milei pone en palabras el rol de punto cardinal que se imagina en el nuevo mundo. “Los que creemos en la libertad debemos unirnos para hacerle frente a esta barbarie y formar una alianza de naciones libres, custodios del legado occidental, estableciendo nuevos lazos políticos, pero también comerciales, culturales, diplomáticos y militares”, dijo el viernes en CPAC. Y se colocó en un rol estratégico: “Los Estados Unidos liderando en el norte; la Argentina en el sur; Italia en la vieja Europa e Israel, el centinela en la frontera de Oriente Medio”. Con Georgia Meloni justamente se va a juntar esta semana.
Milei bailando en la CPAC
La pregunta es si los otros países están dispuestos a dar esa guerra global. Hay un primer campo de batalla en el que por ahora se la está viendo sola a la Argentina de Milei: el de las Naciones Unidas (ONU). En las últimas dos semanas se dieron sendas votaciones donde el único país que votó en contra es Argentina. Primero para la defensa de los pueblos originarios, después para intensificar los esfuerzos para erradicar la violencia contra las mujeres y las niñas.
“Estamos votando contra el resto de la Humanidad”, planteó el PRO en un comunicado crítico por esa medida. Para los libertarios, el problema está en la ONU, organismo que creen que no hace más que reproducir, de manera inconducente, agendas que no sirvieron para solucionar problemas o que interceden en la soberanía de los países.
“Son títulos bonitos para textos perversos”, asegura Nahuel Sotelo, secretario de Civilización y Culto, mileísta pura cepa en la Cancillería. El texto, que el lunes obtuvo en la Asamblea General de la ONU 170 votos a favor, uno en contra y 13 abstenciones, está escrito en 19 páginas y tiene 18 artículos. Son una enumeración de buenas intenciones que ya están incorporadas en la legislación actual.
En las redes sociales aparecieron las cuentas libertarias a poner un poco de claridad sobre cuál es su verdadero objetivo: “Al ridículo club de la asamblea general de la ONU hay que humillarlo, destratarlo, votar como si fuera un juego aburrido cuyo final queremos apurar”, arrancó el tuitero libertario Ludovico Settembrini. “Miren bien y van a ver votos positivos de países que toleran la ablación de clítoris”, agrega. 
Todo ganancia
El avanzar a fondo tuvo su capítulo esta semana en la decisión de quitarle las pensiones de privilegio a Cristina Kirchner. Es vox populi que eso se va a apelar y que tiene altas chances de ganar. La resolución de Anses argumenta que la jubilación “se otorga como contraprestación al honor, mérito y el buen desempeño del cargo”, pero la ley 24.018 no es textual en ese aspecto.
Tiene un punto a su favor Anses. La ley sí habla de que no recibirá la pensión aquel que sea destituido por juicio político por su desempeño. ¿O sea que no cobra pensión el destituido pero si la cobra el condenado años después por delitos cometidos durante su gestión? Será la justicia la que defina. 
De todas formas, es una de esas decisiones donde para el Gobierno de Milei es todo ganancia. El apoyo social a la movida es indudable. Si sale bien, es un triunfo político. Si sale mal, y Cristina vuelve a cobrar sus casi 22 millones mensuales, es la casta judicial defendiendo a la casta política.
Como si fuera poco, la respuesta del kirchnerismo vino desde la provincia de Buenos Aires. Axel Kicillof mandó a votar un proyecto en la Legislatura Bonaerense para restituir beneficios previsionales que tenían los trabajadores del Banco Provincia (Bapro). Habían sido sacados en 2017, durante el gobierno de Vidal.
Hernán Lacunza, por entonces ministro de Economía, lo puso en números: señala que el déficit bajó a la mitad, en 2023, con el sistema anterior, hubiese sido de $56.000 millones frente a los $ 32.000 millones que terminaron siendo. “Ahora volverá a duplicarse, y el financiamiento sale del banco, vuelve a la Provincia. Porque siempre es más fácil repartir en algunos (17.000 beneficiarios con haberes que triplican la jubilación media del sistema nacional y sextuplican la mínima) a costa de muchos anónimos (17 millones de bonaerenses que financian, 9 millones pobres)”, aseveró.
Kicillof argumenta que como la ley de Vidal tenía impugnaciones judiciales, al punto que la Corte bonaerense obligó a cambiar algunos puntos, era necesaria la reforma. En la interna peronista, el gobernador es de los que dice que deben escribir nuevas canciones, para hablarle a un electorado que hoy decidió escuchar a Milei. El camino de los privilegios de pocos, aunque busquen explicarlos, no parece ser el camino. Hay dirigentes de la oposición que parecen decididos a jugar para Milei.
Negociar con un loco
Esta semana será clave para la negociación por el Presupuesto 2025. El jueves hubo un intento para conseguir dictamen de comisión, sin suerte. Este martes vuelven a sentarse. A los gobernadores, principales interesados en que se apruebe, les agarró un factor similar al de los sindicatos aeronáuticos: el temor a estar negociando con un loco.
“No te voy a negar, que piensen que está loco siempre juega a nuestro favor”, asume un funcionario en Casa Rosada. Con Aerolíneas Argentinas les jugó a favor. La negociación llegó al punto de amenaza: privatización o cierre. La opción de convocar a un Procedimiento Preventivo de Crisis estaba sobre la mesa. “Los gremios saben que un día Milei se puede levantar y decidir el cierre”, tiraba otra fuente gubernamental en la previa a un acuerdo que desde Economía calificaron como “histórico”. 
Los gobernadores y los dirigentes de la oposición no quieren que Milei se levante y decida no negociar nada el Presupuesto. Saben que maneja otros códigos, y que si le exigen demasiados cambios estará dispuesto a prorrogar por segundo año consecutivo el de 2023. Inédito.
Eso solo le daría más discrecionalidad en el manejo de los recursos, algo que hasta los más opositores quieren evitar. En ese punto, el proyecto para limitar el uso de los DNU fue la mejor herramienta para gobernadores y opositores de buscar un punto de negociación. Pero tampoco es cuestión de acorralar a un loco…
Ya en la campaña la locura era factor con Milei. Su histrionismo le permitía calentar las pantallas, generar rating, ganar popularidad. Pero nadie (o pocos) le veía chances de ganar a un loco. Al asumir el cargo lo mismo: nadie (o pocos) confiaban que podía manejar la gobernabilidad. Ahora está claro que ya sea en la ONU o con Aerolíneas Argentinas, en el Congreso o con los gobernadores, el arma con la que juega Milei a su favor es la locura. Lo vuelve impredecible y eso, por ahora, le juega a favor.
