Sin riesgo en el poder de Tribunales: qué implica la salida de Llorente, el hombre que siempre quedó bien
Pedro Llorente es un dirigente político que tuvo como logro haber estado en los tres poderes del Estado y, en esos roles, una característica particular: no haber incomodado nunca, haberse quedado mientras el tiempo y las cosas pasaban. Quizá por eso logró sostenerse sin tensiones que los compliquen en el máximo Tribunal de Mendoza. En términos de Javier Milei, Llorente forma parte de la "casta" de Tribunales. Muchos recuerdan cómo el edificio de calle Patricias era, literalmente, el "palacio" blindado de Tribunales cuando él ejercía como Presidente de la Corte con poder real. Acceder a la Corte y a los jueces era casi imposible.
La salida de Llorente no pone en riesgo el juego de poder interno en la Corte, pues es parte de la mayoría filo radical que tiene ese Tribunal y que, con matices, forman Dalmiro Garay, José Valerio (el más díscolo), y María Teresa Day. El gobernador Alfredo Cornejo tiene la potestad de nombrar al reemplazante y nada indica que vaya a cambiar de impronta y ponga en riesgo ese desequilibrio a favor. Es decir, nombrar algún o alguna candidata afín a su pensamiento. Es lo que hizo con Dalmiro Garay y Valerio cuando le tocó promocionar a dos ministros en su primer mandato.
Es la política
Llorente tiene origen radical y formó parte del grupo de dirigentes que reabrió la institucionalidad de Mendoza en el retorno de la democracia, de la mano e Santiago Felipe Llaver como gobernador. Era parte de la línea interna "Renovación y cambio", fundada por Raúl Alfonsín y que tenía a la "Junta Coordinadora Nacional" como eje. Fue electo senador en 1983 y quedó posicionado como presidente provisional del Senado. José Genoud, vicegobernador, renunció al cargo para asumir como senador nacional y por eso Llorente quedó como sucesor directo. Por eso hasta ocupó el sillón de San Martín en reemplazo del primer mandatario. En el Senado compartió cámara con varios dirigentes políticos que luego también pasaron a otros poderes, como Carlos Abihagle, el empresario Omar Álvarez, Salvador Farrugia (que luego pasó al Tribunal de Cuentas).
El propio Santiago Felipe Llaver lo promovió como ministro de la Suprema Corte, cargo en el que tendrá el récord de permanencia cuando se retire en marzo. También pelea por ser el mendocino de mayor sueldo en el Estado (sin pagar ganancias y con un 2% de plus por cada año de servicio). Llorente es el hombre de los tres poderes: presidió el Senado, estuvo en el cuarto piso de Casa de Gobierno circunstancialmente y presidió la Suprema Corte. Esa historia recuerda que la idea de promover políticos afines para la Corte no es una novedad de Cornejo.
Con la salida de Llorente y la búsqueda de reemplazo que deberá hacer Cornejo, la gestión de Cambia Mendoza tendrá cuatro nombramientos en la Suprema Corte en su haber, además del Procurador. Curiosamente, los requisitos para ser parte del máximo tribunal son menos exigentes que para los jueces ordinarios, pues no rinden ni deben presentar credenciales ante el Consejo de la Magistratura. Es potestad directa del Gobernador nombrarlo. Sí se necesita ratificación del Senado de la provincia y hay una instancia de participación a través de una audiencia pública. Hay antecedentes escandalosos en esos procesos, como ocurrió con l nominación de Miriam Gallardo. La llegada de María Teresa Day también tuvo matices dudosos porque hay quienes aseguraban que no cumplía los requisitos formales para el cargo. Y juró en un acto casi secreto.


