Mauricio Macri, Cristina Kirchner y los radicales, desnudos frente a sus conducidos
La interna radical de la provincia de Buenos Aires dejó en claro que las conducciones políticas establecidas entraron en crisis. La mayoría de los dirigentes radicales de más trayectoria en el territorio estuvo a un tris de perder con una lista armada a menos de un mes de presentarse.
En el peronismo kirchnerista, la situación no es muy diferente. Hasta hace poco tiempo, un simple pedido de Cristina Fernández de Kirchner era una orden de ejecución inmediata. La confirmación de Ricardo Quintela como candidato presidencial del Partido Justicialista no tiene antecedentes. Si algún Kirchner decidía algo, eso era acatado sin ninguna réplica posterior.
En el PRO, Diego Santilli se animó a publicitar su votó en favor de aceptar el veto presidencial por el proyecto universitario antes que Mauricio Macri realizara el zoom en el que iba a dejar en claro que las relaciones con el gobierno no son las más convenientes. Y a pesar de no querer definir nada anticipadamente a sus legisladores, que uno de los mejores rankeados en los castings de candidatos bonaerenses anticipe su postura es, también, una exigencia indirecta en favor de otro tipo de conducción.
Tal fue la descomposición del principal partido que acompaña a los libertarios que antes de la reunión programada para este martes, el PRO emitió un documento en el que deja en claro que va a seguir bancando al gobierno cuyos referentes más importantes dejan en claro que no lo quieren como aliado. La necesidad tiene cara de hereje, dice el dicho, por más que abunden las justificaciones y los argumentos.
Si bien la llegada de Javier Milei a la Presidencia de la Nación pulverizó todo lo conocido en alianzas y conducciones, también el jefe de Estado está padeciendo su particular manera de gobernar por cuanto alrededor de él surgen internas, intrigas y competencias que afectan como ninguna otra situación la dinámica de gobierno.
Hoy el Poder Ejecutivo es un remake del menemismo cuando se dividía entre los Rojo Punzó, amigos originales del presidente Carlos Menem, sin mucho tacto y mucha enjundia, y los “celestes”, más cerebrales y vinculados con los sistemas preexistentes. La última experiencia kirchnerista fue peor. Los amigos del presidente Alberto Fernández contra La Cámpora, en cada secretaría o ministerio, conspiraban todos los días contra ese gobierno.
Es como un hartazgo de los núcleos politizados con sus respectivas conducciones. Ningún dirigente crece en su nivel de imagen positiva desde hace varios meses salvo proyectos desconocidos por el público en general. Algunos intendentes como Diego Valenzuela, ex PRO, Julio Zamora, o Ariel Sujarckuk lo hacen por sus propuestas públicas y por haberse ido de sus respectivos espacios. Y ahora Ricardo Quintela por decidir competir contra Cristina. Después, todos los demás, abajo.
El caso del radicalismo es similar al del PRO. Su no lujar lo acompleja con respecto a los demás sectores y la falta de frescura de sus dirigentes lo empobrecen frente al oficialismo o el propio peronismo kirchnerista, que en interna y discusión saben perfectamente lo que persiguen.

El ganador de la interna radical provincial, Maximiliano Abad, ¿es oficialista u opositor? ¿Quiere un acuerdo con Milei o repetirlo con el macrismo? Nadie lo sabe. Los intendentes que lo apoyaron quieren ser interlocutores directos con Axel Kicillof sin que los acusen de cogobierno. Todo muy complejo. En cambio, con sus errores y sobreactuaciones, Martín Lousteau y Facundo Manes claramente no están con ningún representante de la derecha autóctona. Al menos en lo discursivo y con los votos de la Cámara.
Mauricio Macri sabe que su fuerza está ligada a la suerte del gobierno nacional pero no quiere seguir mirando de afuera a un Ejecutivo que tiene que apoyar aunque no lo consulten. Sufre lo mismo que Elisa Carrió o el radicalismo padecieron cuando él era el jefe de Estado y, cuando terminó su mandato, las acciones de esas fuerzas cayeron estrepitosamente. Tanto que los gobernadores que fueron electos por la UCR casi arman esquemas feudales territoriales para no comprometerse en discusiones de conjunto que lo llevarían a padecer el “castigo” de un Ejecutivo que siempre promete pero escasamente cumple.
En el peronismo kirchnerista, en cambio, todo es sorpresa y las presiones se expresan en operaciones a cielo abierto. Hoy funcionarios claves del Gobierno de Axel Kicillof le desmintieron a MDZ que el gobernador haya decidido apoyar la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner como presidenta del PJ y aclararon que tampoco están evaluando ir al acto convocado por La Cámpora para el próximo 17 de Octubre. Eso no significa que salgan a decir algo en favor de Quintela, claro está.
La idea de que el gobernador riojano no llega a presentarse se choca con sus propias declaraciones. Mientras más se mantenga en carrera más peligra la de la ex vicepresidenta de Alberto Fernández. Ella no compite con terrenales. Los antecedentes hacen poner en dudas las energías del "retador" para que llegue hasta el final. ¿Qué tiene para perder?... Nada. Y un gobernador no puede quedar en ridículo, aunque no sería ni el primero ni el último con tal de aceptar el mandato de un Kirchner.


