De la interna kirchnerista al acuerdo macrista: esquirlas del estallido Milei
La irrupción presidencial de Javier Milei fue como una bomba para el sistema político argentino. Y lo que se visualiza en las últimas horas no es más que las esquirlas de ese estallido, con consecuencias que todavía son insondables. En el peronismo, radicalismo, macrismo, entre los gobernadores, intendentes o gremialistas, cada sector está buscando su rumbo y está atravesado por discusiones internas.
Mientras tanto, el Presidente vuelve a mostrar señales de que empezó a jugar a la política. Ya lo había hecho hace unas semanas, pero siempre con la fragilidad de alguna reacción desmedida que hacía tambalear toda la estantería.
Esta semana, por un lado, Santiago Caputo y Mauricio Macri empezaron a poner en marcha un principio de acuerdo para que el PRO sea considerado en la toma de decisiones, incorporando al gobierno dirigentes recomendados por el propio expresidente. Por otro lado, Milei está invitando a un grupo de gobernadores a cenar este lunes en la Quinta de Olivos, como una señal de agradecimiento por el apoyo para mantener la vigencia del veto a las universidades en la Cámara de Diputados. Son del peronismo (Osvaldo Jaldo y Raúl Jalil) y de partidos provinciales (Gustavo Sáenz y Hugo Passalacqua).
El experimento Milei se alimenta del propio sistema político. Es anticasta pero come de la casta. La única diferencia es que traza una línea divisoria y quienes la atraviesan se bañan del más puro ‘anticastismo’. Daniel Scioli o Patricia Bullrich fueron pioneros; ahora empieza el tiempo de la procesión. Algunos diputados radicales dieron el paso, pero se espera que más lo hagan en los próximos meses. Gobernadores e intendentes miran el panorama indecisos, pero sabiendo que hay una línea que tarde o temprano los obligará a tomar una decisión.
El éxito económico de la gestión Milei será determinante. Si le va bien, más de uno en el arco político sabe que su electorado no va a dudar. El problema es si los gestos políticos para cruzar la línea llegan demasiado tarde. La disyuntiva está en que si le va mal les costaría tomar distancia si decidieron acercarse mucho.
Las intrigas de cara al armado electoral del año próximo se multiplican. Se puede dar la particularidad de que La Libertad Avanza haga un acuerdo con el PRO en algunos distritos, como la Ciudad y Provincia de Buenos Aires, pero juegue en sintonía con el peronismo en otros.
Milei no es Carlos Menem, porque la mayoría del peronismo está hoy liderando la oposición a su gobierno. Tampoco es Macri, porque llega con mayor facilidad a sectores populares, sobre todo del interior, que se esperanzan con un cambio. Mucho menos es Alfonsín, porque expulsa a todos aquellos que creen que el espíritu republicano debe primar ante todo. Difícil de catalogar en la historia política criolla.
“Milei es lo más parecido a Perón”, le gusta decir a un funcionario de pura cepa mileísta. “No lidera un partido político, lidera un movimiento”, dice. Y detalla que hay sectores “de izquierda” (en referencia a los más liberales en lo político), de centro, de derecha, y conservadores. Si algo no les falta es confianza.
La interna kirchnerista
Las tensiones que se vivieron en las últimas jornadas en el Partido Justicialista están recién comenzando. Al mismo tiempo que el viernes Axel Kicillof dejaba trascender que si había internas iba a apoyar a Cristina Fernández de Kirchner, la exvicepresidenta le enviaba dardos venenosos al decir que “los Poncio Pilatos y los Judas en el peronismo no van más".
La dificultad para entender este conflicto radica en que no se trata de una interna del peronismo, sino del kirchnerismo. La inmensa mayoría de los dirigentes que hoy componen el espacio se auto perciben kirchneristas. Incluso muchos de los que cuestionan el liderazgo de Cristina también se reconocen como cristinistas.
“Acá el tema es que hay muchos dirigentes que ya entendieron que para Cristina y La Cámpora cuando hay una victoria es gracias a ellos pero cuando viene la derrota es culpa de todos”, describe un conocedor del mundo peronista. Más de uno cree que es momento de dar gestos fuertes.
Otra fuente peronista agrega condimentos sobre cómo muchos gobernadores e intendentes eligieron el silencio para retacearle el apoyo a la expresidenta. “Lo que se advierte en esta sublevación es que le han perdido el respeto a CFK. Eso era algo que antes no se veía”, asegura. Y concluye: “Y tanto en público, como en privado, porque acá siempre hubo ‘machos’, que luego a la hora de los bifes más que barones fueron doncellas”.
La interna del 17 de noviembre muchos dirigentes creen que finalmente no se concretará. A pesar de que tanto Cristina como Ricardo Quintela anotaron sus listas, la idea predominante es que “el gitano” buscará algún argumento (desde maniobras raras a cuestiones estratégicas) para evitar lo que se considera que es una derrota asegurada.
El daño para la imagen de Cristina, de todas formas, ya está hecho. Aunque termine coronada como presidenta del PJ (partido al que siempre desdeñó) quedó claro que tuvo que poner el cuerpo para mantener el poder y quedó magullada. “Solo arriesgando su propio lomo pudo desarticular y quedó todo el espinel detonado, como mínimo desdibujado”, razona uno de los dirigentes, quien asegura que “en el campamento de ella están muy calientes y nerviosos, como pocas veces”.
Esta pelea, no obstante, es el preludio de lo que será la discusión en 2025, sobre todo en territorio bonaerense. Allí es donde toma cuerpo la pelea entre Kicillof y Máximo Kirchner. Cerca del gobernador tienen dos ideas claras: una es que deben evitar quedar envueltos en peleas internas, que solo alejan a la política del electorado, y la otra es que si quiere llegar a la Presidencia tiene que ganárselo y no ir a buscar el dedo nominador de Cristina.
La dificultad que tiene es que no puede pelearse con quien fuera su mentora sin perder apoyos en el camino. Pero al mismo tiempo hoy vive en carne propia el tener parte de su gabinete y de los bloques legislativos ocupados por camporistas que responden más a Máximo que al gobernador. Hubo cuatro ministros, por ejemplo, que no fueron al acto en Berisso.
Que se rompa
En provincia de Buenos Aires también se dio uno de los primeros fogonazos de la Unión Cívica Radical. Maximiliano Abad consiguió mantener el poder interno y derrotar al armado referenciado en Martín Lousteau y Facundo Manes. La UCR es hoy el partido que más interrogantes tiene sobre cómo pararse frente a Milei y el electorado. Es que están los convencidos de que se tienen que oponer a toda costa, como Lousteau, y los que dudan y no quieren quedar pegados al kirchnerismo.
Por más que la grieta dejó de ser K-Anti K para convertirse en Milei-No Milei, el peso de los últimos años sigue tallando en una dirigencia opositora pero, sobre todo, en el electorado. ¿A qué pecera va a buscar votos el radicalismo el año próximo?
La respuesta no será la misma en cada provincia. En la Ciudad, Lousteau llevará a la UCR a ser una clara oposición, pero en Córdoba o en Mendoza, donde la imagen de Milei es elevada y comparte electorado con los radicales la resolución está por verse. Lo que se percibe es olor a rupturas, donde cada uno hará su juego para intentar quedar lo mejor parado.
Donde la ruptura también es inminente es en el bloque de Diputados. Los 5 disidentes se niegan a irse del bloque y hay entre 11 o 13 diputados (de 33 totales) que dicen que se van a ir. La pelea final será por el sello: ¿cuál de los bloques será considerado como el oficial por el partido? ¿El mayoritario que incluye a diputados disidentes o el minoritario pero con algunos referenciados en Lousteau, presidente del partido?
Tendiendo puentes
Así como Cristina tuvo que poner el cuerpo para defender su liderazgo, Mauricio Macri también hizo lo propio, pero en este caso para proteger su legado. El desafiante coqueteo con el veto a la universidades le terminó rindiendo frutos esta semana. Después de haberse reunido con Santiago Caputo, en un encuentro que desde el macrismo tildaron de “poco productivo”, las soluciones empezaron a aparecer.
En la secretaría de Energía aterrizó María Tettamanti, que llega recomendada por Macri, aunque también con el visto bueno de Bullrich y otros dirigentes, como José Luis Espert. La salida de Eduardo Rodríguez Chirillo es de las más anunciadas en el Gobierno. Al principio por problemas de salud que tenía, pero ahora ya por una cuestión política.
“El estaba para quedarse hasta el final, pero lo desgastaron mucho con operaciones”, aseguran cerca del ahora exfuncionario. Las versiones apuntan, como siempre en el gobierno de Milei, a Santiago Caputo. “Por eso olió que iban por su lugar y terminó apurando su salida”, agregan.
No es el único caso. En el Ministerio de Relaciones Exteriores se fue el vicecanciller, Leopoldo Soares, y en su lugar desembarca Eduardo Bustamante, actual cónsul general en Montevideo. Una vez más, se lo presenta como un dirigente del macrismo, aunque también se destacan los lazos con Bullrich, de quien fuera funcionario en el gobierno de Macri.
En la subsecretaría de Trabajo también se abrió una vacante y todas las miradas volvieron a apuntar al ex titular de Boca Juniors. En el PRO, de todas formas, eligen la prudencia y por ahora ven pequeños pasos. Antes de la discusión del veto universitario, más de uno en el partido planteaba que la relación, por el ninguneo recibido, no daba para más. Con estos puentes se amplían las posibilidades y se multiplican las especulaciones sobre acuerdos electorales.