La trampa que Javier Milei no ve y pone a prueba la aprobación de aspectos claves de la ley ómnibus
“Javier Milei está tan entrampado como nosotros en esta situación. Él necesita la ley porque el tiempo se le acorta y la paciencia de la gente se puede terminar mañana y nosotros no podemos estar votando parecido al kirchnerismo. La diferencia está en que nosotros fuimos muy claros siempre en apoyar al Gobierno y bancar sus iniciativas porque fue el mandato de nuestros votantes, pero tenemos más tiempo que el presidente”, confesó hoy a la mañana un importante legislador opositor que quiere ser buen aliado.
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“Pero nos terminan faltando el respeto. Al final no sabemos si realmente quieren que salga la ley. Si el operador de última instancia es Santiago Caputo, que es un operador de prensa, te están diciendo que lo único que les interesa es el título del final. Es como si Mauricio Macri hubiera mandado a negociar a Durán Barba o Néstor y Cristina a Pepe Albistur”, se enfureció hoy a la mañana otro diputado nacional que dijo estar “deprimido con todo esto. Esto termina mal”, sentenció, y no hablaba solo de la ley.
Esta anarquía también se nota en el propio Poder Ejecutivo. Por lo menos cuatro secretarios de Estado estuvieron a punto de renunciar durante el fin de semana y otros, más agudos, ya no temen faltarle el respeto a Nicolás Posse, el hombre sin voz pero con tanto poder como el propio presidente Milei. “Nombró a 500 de 5.000 funcionarios. Pero lo peor, dejó a todos los de La Cámpora y Massa en un montón de lugares”, agregó un infidente de la Casa Rosada quien, además, incorpora como un aliado clave al mismísimo Caputo, antiguo confidente de Wado de Pedro a través de su vieja consultora.
Hoy las opiniones también ingresaron en una grieta. Están aquellos que consideran que la ley ómnibus saldrá y será un “éxito” para el Gobierno. Aquí se anotan todos los libertarios, a excepción de Carolina Píparo y un puñado híper críticos pero que prefieren no hablar, más un reducido grupo de legisladores del extinto Juntos para el Cambio, que sostienen que “el presidente tendrá una ley con 350 reformas, otras que fueron quitadas y artículos que aún no sabemos cómo terminan de redactarse”.
Este grupo confía que varios diputados de Unión por la Patria no votarán o lo harán en favor de algunos artículos, como sucedió ayer con el dictamen de minoría donde Agustín Fernández, de Tucumán, no adhirió a lo que firmaron sus compañeros de bancada. En el recinto, ya algunas ausencias y abstenciones podrían permitirle al Ejecutivo aprobar todos los puntos que considera clave.
“Si el capítulo de las retenciones no sale se acabó la ley”, vaticinan en el bloque de Hacemos Cambio Federal, que conduce Miguel Ángel Pichetto. El presidente de esta bancada sorprendido porque el oficialismo no usa ningún manual, ni conocido ni desconocido para la negociación, ha sabido sortear con éxito situaciones de presión como las que tuvo que pasar en los gobiernos de Carlos Menem, los Kirchner y Mauricio Macri. Nunca vivió tener que discutir con un publicista los tramos finales de un proyecto central para el oficialismo.
Ahí está el verdadero secreto de Milei. El presidente sigue en modo campaña. No modificó su sistema de toma de decisiones al entrar al Gobierno. El valor que le asigna al relato es similar al que le daban Marcos Peña con Cambiemos o Cristina Fernández de Kirchner en su Presidencia. “Lo que pasa en los despachos la gente no lo entiende”, minimizan. Por eso la importancia de Santiago Caputo y su estrategia comunicacional, quizás mayor a la de su pariente directo, el ministro de Economía Luis Caputo.
Esta mañana, mientras organizaba su movilización desde un distrito limítrofe con la Ciudad de Buenos Aires, un representante del Movimiento Evita le dijo a MDZ: “Así como nosotros fuimos tan malos y laburamos para él en la campaña, Milei es tan terco que trabaja para nosotros en el Gobierno”.
Según como termine siendo aprobado el proyecto de ley, Milei verá si tiene margen o no para seguir tensando. Lo peor de quedar en ridículo es que la vuelta es casi imposible. Lo supieron los tres presidentes peronistas que se enfrascaron en proyectos en los que no había consensos ni con aquellos que pretendían ayudar. "Uno siempre está al borde de quedar a contramano de la realidad y que todos te saquen el precio. Sería lamentable para el presidente que todos lo vieran desnudo en la primera de cambio", confesó un experimentado exfuncionario que quiere que le vaya bien.
"El presidente dice que no la ven. Y puede tener razón. Todos actúan con una reacción desmedida por bronca de haber perdido. El peronismo y algunos de nosotros", confiesa un cambiemista que después agrega: "Pero lo que él tampoco ve es que los diputados que están sentados hoy fueron votados hace dos años y ahora y la mayoría pertenecen a esa inmensa franja de los dialoguistas, esa que después dicen que no tiene votos".


