El bizarro debut internacional de Javier Milei
Javier Milei hizo su debut en el plano internacional como presidente de la Argentina. Habló veinticinco minutos en el Foro Económico de Davos, la vidriera más importante del poder económico - empresario mundial. Arremetió en tono dramático: “occidente está en peligro”, presagiando que lo que depara el futuro es ciertamente sombrío siempre según su peculiar formar de tomar contacto con la realidad y prosiguió: “porque aquellos que supuestamente tienen que defender los valores de occidente se encuentran cooptados por una visión del mundo que inexorablemente conduce al socialismo y a la pobreza”, dijo Javier Milei sin ofrecer argumentos que sustentaran sus afirmaciones.
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Incluso también cabría la pregunta si los hombres de negocios que participan del foro y lo escuchaban entre sorprendidos y estupefactos son cómplices de esta oscura conspiración. Se trató de una catarata de afirmaciones que no demostró, salvo por
un sinnúmero de cifras de dudosa comprobación.
En otro tramo del discurso afirmó: "La justicia social es una idea injusta porque es violenta. Porque el Estado se financia a través de impuestos, que se cobran de manera coactiva. ¿o acaso alguno de ustedes puede decir que paga los impuestos de manera voluntaria? El Estado se financia de la coacción, y a mayor carga impositiva mayor la coacción”. Javier Milei parece olvidarse que acaba de subir impuestos en la Argentina, algo que tal vez los asistentes del foro económico no se hayan enterado. Será libertario pero no deja de ser un político argentino.
Es muy probable que la justificación para esta contradictoria decisión sea el desastre que dejó en materia económica el gobierno de Alberto Fernández, cuestión innegable y fuera de cualquier discusión lógica. Pero si esa fuera la explicación, suena bastante inconsistente porque la ideología que sustenta, que en teoría convertiría a la Argentina en una potencia, no sería autosuficiente ya
que necesitaría de medidas propias de un régimen al que pretende derrotar. Un revoltijo dialectico que no resiste mayores argumentaciones.
En un mundo que busca equilibrar el impresionante poder que detentan las grandes corporaciones, Javier Milei defendió a los monopolios afirmando que no son una falla del mercado y que coartar sus ganancias obstaculiza el crecimiento. Se trata de la defensa a ultranza de la ley del más fuerte, no se trata de una cuestión únicamente económica. A luz de esta concepción, es
lógico que al gobierno no le preocupe que todas las empresas de medicina pre paga aumenten sus cuotas más del 40% al mismo tiempo y las petroleras dupliquen el precio de los combustibles en pocas semanas. Es la institucionalización de la ruptura del pacto de convivencia. Eso no es lo que viene a la Argentina, eso es lo que llegó el 10 de diciembre.
Probablemente, la estupefacción de los asistentes haya alcanzado su cenit cuando el presidente argentino disparó: “Todos. No hay diferencias sustantivas. Socialistas, conservadores, comunistas, fascistas, nazis, social-demócratas, centristas. Son todos iguales. Los enemigos son todos aquellos donde el Estado se adueña de los medios de producción”, dicho en el tono apocalíptico que tiñó todo su discurso.
¡Cambalache al palo!
Javier Milei pone a todos en una misma bolsa y cualquier comparación liviana y panfletaria con el nazismo nunca puede terminar bien. Hay que tener cuidado con las palabras, especialmente cuando brotan de labios presidenciales. La afirmación evidencia una gran carencia de los rudimentos básicos en materia política, pero también del decoro, la mesura y la educación que debe observar un presidente.
Casi al final de su debut, se encargó de dinamitar la lucha por los derechos de las mujeres y la protección del medio ambiente, las caracterizó como inventos del socialismo en reemplazo de la lucha de clases que no les dio resultado. Un delirio, es difícil utilizar otro calificativo.
Finalmente, arengó a los empresarios instándolos a no dejarse “amedrentar ni por la casta política ni parásitos que viven del Estado. Ustedes son benefactores, ustedes son héroes”, dijo el presidente enardecido ante la estupefacción del auditorio y remató con su clásico: Viva la libertad carajo, que sonó completamente fuera de lugar en ese ámbito pero ya no importaba. A los hombres de negocios no les agradan los extremos más allá de su ideología y Javier Milei arremetió con un discurso que generó miedo y desesperanza.
En resumen, la Argentina sigue sin ser un país serio y con Javier Milei no parece que vaya a serlo.

* Martin Pittón, periodista política y conductor del podcast Micro Mundos.

