El escenario más temido: entre la improvisación y el default de la política profesional
El escenario político a menos de quince días de las PASO luce muy confuso y con enorme desorientación en sus protagonistas. Todo parece indicar que, más allá de quién sea el triunfador en las elecciones presidenciales, los tiempos que se avecinan van a ser muy complicados y no va a ser sencilla la construcción de gobernabilidad a partir del 10 de diciembre. Si bien Javier Milei es quien genera más interrogantes por su estilo político y la orfandad que exhibe en materia de equipos y colaboradores, la mayoría de las fuentes políticas consultadas por MDZ coinciden en afirmar que se percibe un alto grado de improvisación de los otros candidatos presidenciales.
Evidentemente el mundo político ha ingresado en una crisis muy severa que profundiza aún más las perspectivas en materia económica y social. Por primera vez ha quedado en evidencia para gran parte de la opinión pública que la clase política no está a la altura de las circunstancias. Sin capacidad de reacción por el mal desempeño en las PASO, el golpe ha sido brutal en el oficialismo y también en Juntos por el Cambio.
La dirigencia de ambos espacios políticos parece haber sido afectada por un stress postraumático del cual no puede recuperarse. El peor de los mundos. Un sálvese quien pueda que ni siquiera se manifestó en la grave crisis de 2001. Ante el fracaso de la Alianza, el peronismo aparecía agazapado para asaltar el poder y exhibía en ese momento garantías de imponer gobernabilidad.
Actualmente, la situación es más complicada porque, ante el default de lo política tradicional, ha aparecido un emergente que no estaba disponible en la previa a la caída de Fernando De la Rúa: en lugar de Clemente o poner una feta de salame en la urna, los ciudadanos indignados encontraron a Milei.
“Tenemos menos de nueve semanas para reaccionar, caso contrario Javier Milei va a ser el próximo presidente y nosotros en el horno”, comenta un operador político con vínculos tanto en el peronismo como en JxC. La sensación térmica de la Casta - como diría el libertario - es que si las elecciones fueran este domingo habría batacazo en primera vuelta. No son pocos los dirigentes que lo ven al economista de los pelos revueltos ganando sin tener que pasar por el ballotaje. Arriba de 40 puntos y a 10 puntos de sus seguidores. Por eso se aferran a la necesidad imperiosa de esperar a que baje la espuma para ver con más precisión dónde están parados.
Cada vez resulta más competitivo el duelo ente Patricia Bullrich y Sergio Massa por el segundo puesto. Como nadie en el mundo de la política discute el primer lugar de Javier Milei de cara a las elecciones del 22 de octubre, la apuesta en el oficialismo y en Juntos por el Cambio es por quién se mete en un eventual ballotaje. Se asemeja a la promoción en fútbol para evitar el descenso. El que queda tercero se va a la B. Se destruye la carrera política de ese candidato.
Hoy el consenso del círculo rojo es que la pelea entre Bullrich y Massa luce pareja. En el oficialismo ven a la candidata presidencial desperfilada y perdiendo votos que retiene Milei. Algunos encuestadores hablan de un voto útil anti K que emigra de Bullrich y fortalece al libertario para evitar que triunfe UP. Otros consideran que en el AMBA puede recuperarse la exministra de Seguridad donde Milei no anduvo tan bien, a excepción de algunos distritos del Conurbano.
La apuesta en JxC es subirse al categórico triunfo de Maxi Pullaro en Santa Fe el 10 de septiembre para relanzar la candidatura de Bullrich, muy alicaída y desperfilada. Comentan que el resultado de las PASO la dejó desangelada y ya no transmite épica al desparecerse Horacio Rodríguez Larreta del escenario electoral. Su duelo casi personal con el jefe de Gobierno porteño le dio un envión que ahora no tiene, además de la pobre performance electoral de la coalición. Encima ella sigue sin sentirse cómoda con su rival interno en la PASO y en su entorno no ocultan la desazón con Mauricio Macri por su exagerado coqueteo con Milei.
Mientras se espera el desembarco de Guillermo Francos, en el entorno de Javier Milei se percibe un reacomodamiento más bien anárquico. Más allá de la omnipresencia de su hermana Karina, tallan fuerte Nicolás Posse y Santiago Caputo. El primero es directivo de la Corporación América y muy cercano a Eduardo Eurnekián, está a cargo del área de Infraestructura. Caputo es sobrino segundo del amigo de Mauricio Macri y le maneja el análisis de la opinión pública. También aparece con predicamento la influencer Lilia Lemoine, asesora de imagen y comunicación.
Todos aguardan la llegada de Francos por la influencia que tiene sobre el diputado nacional. Se espera que meta mano en el manejo de la campaña y que incorpore además a su viejo amigo Carlos Balter, histórico referente del Partido Demócrata mendocino y primer candidato a diputado nacional por ese distrito, probable jefe del bloque. O eventual viceministro del Interior. Convierte tener en cuenta que el exoperador de Domingo Cavallo tiene vínculos aceitados en la política y en el círculo rojo, pero hace casi cuatro años que está fuera del país ejerciendo su rol de representante argentino ante el BID en Estados Unidos. Pero nada de esto le garantiza ser el constructor y garante de la futura gobernabilidad.

También es cierto que Bullrich muestra un estado anárquico similar. Mientras espera la respuesta de Carlos Melconian para liderar su equipo económico, se nota improvisación y desencanto. El titular de la Fundación Mediterránea sostiene a rajatabla la postulación de su socio Rodolfo Santangelo para el Banco Central, pero la exministra de Seguridad insiste con su referente Luciano Laspina. El martes habrá una reunión entre la candidata y el economista para afinar detalles. En Unión por la Patria, por su parte, el horno no está para bollos. Nadie sabe a ciencia cierta cómo sigue la campaña electoral del ministro de Economía, quien no pierde su optimismo permanente, aunque debe intentar disciplinar a un oficialismo que aparece en retirada.


