La lección que deja el triunfo de Javier Milei sobre el poder de los medios de comunicación
El sorpresivo triunfo de Javier Milei en las PASO muestra que la previsibilidad no se lleva bien con la Argentina. Si bien se tuvo conciencia de que el candidato de La Libertad Avanza encarnaba un fenómeno político, nunca se imaginó que alcanzará semejante dimensión.
Culpar a las encuestas ya no es novedoso, debido a que vienen dando muestra de su imposibilidad de anticipar escenarios posibles. Esta falencia no tiene que con la impericia o problemas metodológicos de las consultoras que se dedican a este tema, sino a un comportamiento de gran parte de la sociedad de no manifestar su verdadera intención de voto cuando es consultado por estas empresas.
Pero no sólo las encuestadoras chocaron con la realidad. La mayoría de los medios de comunicación tradicionales recibieron una lección o, al menos, dejaron en claro que ese supuesto poder que le asigna de manejar a la opinión pública es sólo una cuestión teórica.
Milei surgió por los medios, pero creció a pesar de ellos.
Desde los canales de televisión, diarios y radios alineados con el Gobierno nacional se trató a Milei desde un comienzo como el representante de una derecha trasnochada y no se perdió oportunidad para denostarlo.
En los medios independientes, es cierto que el candidato liberal tuvo alta exposición, como consecuencia del alto rating que generaba, pero en la mayoría de los casos era presentado como un personaje exótico y que era el centro de cuestionamientos por sus propuestas. Desde las más sensibles, como la cuestión de la venta de órganos o la portación de armas, hasta cuestiones más técnicas, como la dolarización o el cierre del Banco Central.
En todos esos casos, se lo invitaba para rebatir sus ideas más que para que las expusiera y buscaban despertar en Milei su lado más irascible. Si se enojaba, era bueno para el rating, si gritaba, aún más. Eso le sirvió para que se lo calificara como una figura violenta.
El contraste con otras figuras políticas que tuvieron una alta exposición mediática y que recibían un trato diferencial fue notorio. El cordobés Luis Juez es un buen ejemplo. Pasó la mayor parte de su campaña para la gobernación sentado en algún estudio de televisión porteño y nunca tuvo que pasar por la inquisición periodística. Pese a esa estrategia y la posibilidad de explayarse con su histrionismo mediterráneo, no le alcanzó para ganar la elección.
Otro caso, en ese sentido, es el del Jefe de Gobierno de CABA, Horacio Rodríguez Larreta. Con su estructura porteña de comunicación no logró convencer a la sociedad para ser elegido.
Los motivos que hicieron que Milei fuera el candidato más votado, seguramente, son varios. Difícil creer que el 30% de los argentinos, de la noche a la mañana, se convirtió en liberales extremos.
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Lo que está claro es que la idea del poder de la prensa tradicional de poner o sacar un candidato está en discusión y Milei la llevó a un extremo evidente. Ni la tapa de un diario, ni la alta exposición en televisión pueden direccionar la voluntad de la sociedad. Incluso, la crítica generalizada hacia un candidato en particular, puede provocar el objetivo contrario.
El expresidente, Juan Domingo Perón, fue consciente de ese fenómeno y por eso decía que cuando tuvieron los medios en contra, ganaron, pero cuando los tuvieron a favor, perdieron.