Walter Bento, el hombre que perdió el poder y está solo para afrontar dos juicios por corrupción
Walter Bento era el hombre más poderoso de Mendoza y hoy no tiene quién le atienda el teléfono. Tampoco consigue abogado y en Tribunales Federales, donde solía ser rey, ya no le quedan amigos que lo esperen. Ese poder se terminó de esfumar cuando el Consejo de la Magistratura lo suspendió, tarde, por las sospechas que hay sobre él por hechos graves de corrupción. Ese organismo reaccionó algo de letargo tras los procesamientos que pesan sobre Bento, que deberá enfrentar el juicio oral y público desde fines de julio.
El abogado penalista Mariano Cúneo Libarona abandonó la defensa de Bento justo antes del inicio del debate y tras la suspensión del Consejo. No fue buen momento para quedarse solo. El 26 comienzan las audiencias del juicio oral y le queda poco tiempo para preparar la defensa. En su equipo de abogados queda Gustavo Gazali y aún analizan si suman a un reemplazante de Libarona. El problema es que no encuentran alguien que quiera defenderlo, según aseguran fuentes del foro local.
Pero además, debe presentar su defensa ante el Consejo de la Magistratura. El plazo para contestar las denuncias en ese organismo corre y el próximo 6 de julio vence. En principio la defensa no pediría una prórroga, por lo que todos esperan que Bento presente sus argumentos. Luego el Consejo debe decidir qué pasos seguir para avanzar en el juicio político.
El problema para la estrategia de defensa es conceptual. Es que el suspendido juez Bento basó casi todos sus argumentos en una supuesta "trama de enconos" que según él existe en la Justicia y la política. En todas las oportunidades que tuvo de defenderse hizo referencia más a las trifulcas dialécticas con el fiscal, la Cámara Federal y hasta el Gobierno provincial. Pero poco aportó para desarmar la trama que reconstruyó la Justicia en base a las sospechas, pruebas y testimonios. "No conoce el expediente", explican algunos allegados.
Las causas
Walter Bento está acusado de ser el líder de una asociación ilícita dedicada a "vender" favores en las causas federales que él manejaba. Es decir, de otorgar beneficios procesales a cambio del pago de coimas. El mecanismo de funcionamiento operaba, según las sospechas, con "punteros" o gestores y abogados que eran parte de la trama para contactar a los acusados, sugerirles el beneficio que podían conseguir y ejecutar las maniobras. Hay más de 10 hechos acumulados y Bento también está procesado por enriquecimiento ilícito y lavado de activos, todo en base a la misma matriz delictiva. Junto a él están acusados tres integrantes de la familia: su esposa Marta Boinza y sus hijos Nahuel y Luciano. Los cuatro vivían de la Justicia Federal de manera registrada y están sospechados de haber montado un "emprendimiento ilegal" aprovechando sus influencias.
El juez estaba a cargo de juzgado federal 1 de Mendoza. Concentraba en su firma la competencia penal y electoral. Es decir tenían en sus manos el control político a través de la supervisión de las elecciones y decidía también sobre la investigación de delitos y la libertad de las personas. Esa era la base de su poder. Para subrogarlo mientras está suspendido esas competencias se dividieron en dos juzgados distintos.
Bento atendía solo en su despacho, la misma oficina que estaba plagada de lechuzas de adorno, obsesión que compartía con su mentora en el Poder Judicial: María Servini. Él no es mendocino, pero se arraigó rápidamente. En 2005 había quedado en la terna para ser juez federal de Mendoza y fue elegido por Néstor Kirchner a pedido del operador Juan Carlos Mazzón y con el padrinazgo de la jueza porteña. Algunas señales de su pragmática simpatía política se notaron en las defensas al tratar de denunciar un supuesto Lawfare en su contra orquestado por Juntos por el Cambio.
Desde ese juzgado construyó relaciones, aunque no amistades. Sumó a su familia como empleados judiciales y recibió a familiares de amigos. En la política le temían los enemigos y descansaban sobre él los amigos. Por eso también hubo una lenta respuesta desde ese sector a las denuncias que comenzaron a florecer a su alrededor. La cautela bordeó la complicidad. De hecho Bento controló elecciones aún estando procesado por delitos graves.
Las acusaciones se transformaron en imputaciones y luego en procesamientos firmes. Pero en el Consejo de la Magistratura, el organismo político encargado de evaluar el desempeño de los magistrados, tuvo un respaldo más duradero y las decisiones se dilataron. Desde el oficialismo nacional extendieron los tiempos pero los contactos se cortaron y fue suspendido con un voto unánime. Bento se quedó solo.


