Mendocinos en busca de un candidato: la peligrosa ausencia de ideas y las encuestas que inquietan
Niños que viven en hogares pobres a los que no les alcanzan los recursos para estudiar, conectarse, jugar y, en resumen, a todo eso que significa ser niños. Madres que, según lo dice el propio gobierno, tienen múltiples tareas: trabajar, hacerse cargo del desarrollo de sus hijos, de las tareas del hogar y, sobre todo, de hacer magia para llegar a fin de mes. Empresarios que, al borde de la quiebra, no tienen caminos para producir y generar empleo de calidad: es más rentable un plazo fijo que una inversión a riesgo. Profesionales que migran de Mendoza porque no ven un futuro inmediato favorable. Jóvenes que, hiperconectados y con vocaciones frágiles, están más pendientes de actualizar su pasaporte que de construir un presente local. Productores a los que su campo no les rinde. Seis grupos de mendocinos, sin alguien que los guíe; como en la obra de Luigi Pirandello, hay seis, aunque podrían ser infinitos, grupos de mendocinos que buscan desesperadamente alguien que los oriente, los aglutine, los incluya en un proyecto, con un horizonte común.
Los “autores”, quienes pelean por gobernar la provincia, están ausentes y temerosos en la absurda convivencia que hay entre electores y potenciales elegidos de cara a las elecciones provinciales de septiembre. Los candidatos en su mayoría eligieron el recorrido cómodo para su discurso, pero inconveniente en el final del camino. Tampoco tienen claro a quiénes le hablan: Alfredo Cornejo se muestra obsesionado con exponer a su exaliado Daniel Orozco, en vez de hablarle a los mendocinos y, también, comienza a relevar al propio Suarez de algunos actos de Gobierno con el riesgo que eso implica: la asociación rápida entre uno y otro no siempre es positiva porque hay áreas de gestión que no tienen buen desempeño.
Omar De Marchi también acarrea sus temores. Camina a ciegas con sus nuevos aliados, como Orozco, y al haber quedado marginado de la campaña nacional solo suelta por goteo algunas ideas. También está obsesionado con un tópico que ya no tiene mucho para dar: el autoritarismo de Cornejo. Esa idea ya estaba instalada en quienes no querían votar al exgobernador antes de las PASO y difícilmente pueda convencer a alguien más con la redundancia. Al igual que Cornejo, pone el debate en términos de duelo.
Omar Parisi corre de atrás; desde muy atrás. Interpretó correctamente que la carencia de viviendas es la base de muchos de los problemas de los mendocinos. Pero no puede penetrar un concepto complejo: los mendocinos aún no creen que el PJ o él puedan resolverlo.
Encuestas que inquietan
El escenario electoral tiene algunas incertidumbres, pero también hay certezas que hablan de algunos cambios; aunque con los mismos ejecutores. En Cambia Mendoza ya abandonaron las ambiciones de llegar a una insólita unanimidad y la utopía cuantitativa de rozar el 50% de los votos. Ahora la ambición es tratar de penetrar el 40% de los votos en septiembre, margen al que según las encuetas aún no llegan. Esa es la base del malhumor que rodea al oficialismo. Como le ha ocurrido a otros candidatos que intentaron reelegirse, como Roberto Iglesias, la buena imagen de gestión y la relevancia personal no siempre se traduce en votos. A los conocidos, los mendocinos suelen exigirles más. Por eso el hito que busca lograr Cornejo, y del que está muy cerca, tiene una carga de riesgo y de responsabilidad extra para él.
Hay encuestas que marcan que la diferencia entre Cornejo y De Marchi es de 9 puntos. Otras, que ponen un techo bajo para ambos: un 36% para Cornejo y un 21% para De Marchi, marcando que hay un enorme caudal de votos a la deriva y de difícil seducción; mucho más con un PJ alicaído. El mal mayor para todos ya se reflejó en las instancias electorales previas: pocos votantes y mucho voto negativo. Por eso hay muchos imponderables. Si se mantendrá en más del 10% el voto "negativo", si el 15% de votantes que se ausentó de las PASO y habitualmente vota, irá finalmente a sufragar. Las incógnitas son muchas.
Absorbidos por las campañas sin fin, incluso, las gestiones de gobierno quedaron marginadas. Hay 5 instancias electorales por delante en Mendoza y en la superposición de tareas se priorizó lo electoral. Es una campaña, además, endogámica y nociva. Cambia Mendoza cobijó en sus entrañas a sus actuales opositores. Y prometen más denuncias por el pasado y presente gris de algunos de ellos. Del lado de enfrente, responden lo mismo: tienen contraataques esperando.
Mientras tanto, pocos dan respuestas a los ejes de abordaje urgente que tiene la provincia. Hay una máxima que se hizo carne y avergüenza, incluso puertas afuera. Mendoza tiene recursos, pero no tiene proyectos. Ha perdido la capacidad de reacción, la imaginación y, obviamente, la de gestionar. El ejemplo, ya mencionado hasta el cansancio, de los 1.023 millones de dólares dormidos es el máximo de la quietud. Portezuelo del Viento fue siempre un proyecto muerto y cuando se oficializó, hace más de un año, el Gobierno comenzó a manotear ideas para transformarlos en proyectos. Incluso, licitando o anunciando obras sin proyecto ejecutivo, mecanismo que encarece todo.
No está claro cuál es el plan estructural de los tres candidatos que más chances tienen de gobernar Mendoza. No está claro qué van a hacer en el plano energético, en la educación, con la falta de recursos naturales y el electrocardiograma plano que muestra la actividad económica de Mendoza. Todos los mendocinos que están en busca de un autor, siguen como protagonistas de la comedia absurda que trajo a la decadencia a la provincia.

