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La pregunta que Patricia Bullrich no puede contestar y que genera incomodidad en JxC

En la mañana de hoy, los candidatos Patricia Bullrich y Néstor Grindetti estuvieron en General San Martín con el candidato local Santiago López Medrano. Hubo convocatoria a la prensa para que estos no preguntaran, o si lo hacían, todo quedara dentro del formato moderno de campaña.

"Patricia, ¿usted por qué cree que Carolina Losada no participó de la convocatoria y no fue a la actividad que realizó Maximiliano Pullaro luego de las PASO?". 

La candidata miró al periodista y prefirió hacerle caso a los encargados de la campaña que terminaron un segundo antes la conferencia de prensa y miró casi con desdén. Se fue como si fuera un tumulto en medio de un piquete. Innecesario.

La pregunta tenía que ver con algo que a todas luces crece en la discusión política de Juntos por el Cambio. Después del 13 de agosto, ¿podrán unificar criterios los seguidores de la candidata y los de Horacio Rodríguez Larreta? El primer gran ejemplo es Santa Fe y no estaría sucediendo. 

Hay un común denominador en la nueva comunicación política que pocos se atreven a romper. Es la distancia que imponen entre los periodistas y el político, como si los primeros fueran simplemente un mero hecho protocolar que deben cumplir para después hacer lo que vinieron a hacer. Un acto en el que dicen que estuvieron en tal distrito, arman la foto, la suben a redes con cientos de militantes alrededor, y siguen de campaña.

Santa Fé y un claro ejemplo de los interrogantes post internas

Hoy, en General San Martín, Patricia Bullrich convocó a una conferencia de prensa con periodistas. ¿Qué es una conferencia de prensa? Un momento donde los trabajadores de prensa y los candidatos o dirigentes que convocan le contestan las preguntas que estos tienen, resuelven sus dudas, explican sus inquietudes y una vez que termina de salir “todo el jugo”, salen de ese lugar.

Luego de una sesión de fotos con diferentes candidatos locales y seccionales, Bullrich, Néstor Grindetti y Santiago López Medrano se pusieron delante de los micrófonos. Sin embargo, no hubo casi preguntas independientes. Solo tres, con una repregunta incluida. La otra la realizó una de las cámaras de la campaña bullrichista.

Cuando terminó por imposición de los “organizadores”, este periodista se acercó, dado el conocimiento que tiene con los tres protagonistas del encuentro, para hacerle una nueva pregunta a la candidata presidencial, que no pudo realizarse por la abrupta y descortés finalización de la ronda de prensa. “Basta, no se pregunta más”, e inmediatamente lo arrebatan como si fuera un maleducado.

¿Qué pregunta le realizaron que Bullrich se negó a responder mientras miraban como casi a los gritos separaban al trabajador de prensa del par de pasos que lo separaban de ella? "¿Por qué cree que Carolina Losada, derrotada en la PASO de Santa Fe, no fue a la convocatoria realizada por el ganador, Maximiliano Pullaro, en el día de ayer?". La precandidata lo miró al periodista y su mirada despectiva lo dejó más que en claro. No quiso contestar.

Pero esta es la pregunta del millón. ¿Cómo harán para luego de la PASO ella y Horacio Rodríguez Larreta coincidir en una campaña que no termine de romper al espacio opositor? ¿Qué harán para aparecer todos juntos si no se pueden ni ver y se tiran más agravios que con sus propios adversarios? "Si no es todo, es nada" es el lema de la precandidata. Parece que prefiere que sea nada.

Este sistema de tratar al periodismo como un elemento decorativo o como parte de un organigrama que quedó arcaico porque es “preferible escuchar a la gente”, lamentablemente, empezó a instalarse con las “nuevas generaciones de la política”, en la que el propio protagonista genera el contenido, manda las fotos y las declaraciones para que los medios lo difundan.

Daniel Scioli inició el método que luego profundizó con extraordinaria profesionalidad María Eugenia Vidal. Vaya coincidencia. Ambos provenían desde la Ciudad de Buenos Aires para ser gobernadores de la Provincia.

Luego todos tomaron este modelo. Si bien con su método minimizan la labor de los periodistas y los medios, se preocupan sobremanera por lo que se publica y esos mismos responsables de relacionarse con ellos terminan llamando a las redacciones ofendidos porque se publicó algo que no querían.

Con limitadas excepciones, hoy son contados con los dedos de una mano los que se atreven a un reportaje o una ronda de prensa sin consenso previo. La mayoría prefiere ir a programas donde los conductores son afines políticamente y la pregunta más profunda tiene que ver siempre con lo que su electorado o público pretenden escuchar.

Juan Grabois, por ejemplo, viene reclamándole a los decisores de la campaña de Unión por la Patria igualdad de condiciones con respecto de su competidor más apoyado, Sergio Massa.”Ni en C5N me invitan”, dijo, ante lo que el grupo Indalo salió a contestarle de manera tajante. 

Los periodistas son “invitados” a los actos pero puestos en “corralitos” para no hacer preguntas sino “ver lo que los organizadores quieren mostrar”. Para peor, las nuevas generaciones no demuestran demasiada irreverencia y aceptan lo “pactado” anteriormente.

Horacio Rodríguez Larreta no es muy distinto, pero contesta. Se da cuenta de la incomodidad de la otra persona y aunque lo fulmina con la mirada, se atreve a la repregunta. Una. No más. Y después, ni la mano suele dar por la bronca que le provoca.

Sergio Massa, en tanto, es el más hábil. Quizás su ubicuidad en cada lugar y el conocimiento previo que tiene con cada uno de los representantes de prensa lo haga sentirse siempre local. Sin embargo, cuando hablan de él y eso no es de su agrado, siempre hay un llamado que aclara su punto, aunque no siempre sea del mejor tono.

“El problema no es el protagonista, sino los chicos que trabajan para ellos, que después son retados por permitir ese “desliz” de la pregunta indiscreta”, reconoce un viejo operador de medios y periodistas que recuerda a Carlos Menem o Raúl Alfonsín. Sus guardaespaldas siempre los protegían, con todos los medios a su alcance, pero cuando escuchaba una pregunta o reclamo, se daba vuelta y respondía, convirtiéndose en cómplice del trabajador.

Ejemplos de un tiempo en el que todos sabían de antemano que un periodista hace preguntas y el político, que necesita ganarse no solo su confianza sino la de su público, aceptaba la entrevista o la conferencia como una lucha para sacar lo mejor de cada uno.