El factor Carlos Menem en tres campañas y el puente con los De la Rúa
“Matador, matador”. La música retumbaba en los altoparlantes del estadio de Tres de Febrero donde Horacio Rodríguez Larreta acababa de cerrar uno de los primeros actos de campaña. Los memoriosos rápidamente sacaron a relucir el archivo: Carlos Menem lo usaba como tema de campaña en 1995 cuando iba por la reelección.
El tema iba a tono con la nueva estrategia que empezó a aplicar el comando larretista: endurecer el discurso con el objetivo de pelear votos halcones. Dijo que los kirchneristas “se van” y que quiere “terminar con el kirchnerismo para siempre”. Horas después, otros dirigentes de su espacio se sumaban a la línea discursiva. La estrategia esconde una necesidad: captar votos de los duros de Juntos por el Cambio, aquellos que podrían catalogarse como blandos de Patricia Bullrich o todavía con dudas sobre qué perfil elegir. Necesidad que se acrecentó con la decisión kirchnerista de que sea Sergio Massa su candidato, ya que así le surgió un competidor para buscar los votos del centro (sobre todo los no K que votaron a Alberto Fernández en 2019).
Ese mismo objetivo está en los primeros spots presentados. “Ah, pero me tiembla el pulso”, dice en off Larreta mientras se lo ve agarrando una taza y dejando en evidencia sus conocidos temblores. Ironía para destacar su gestión y contrarrestar las críticas sobre una supuesta falta de fortaleza en la toma de decisiones.
El problema es que al mismo tiempo que el “matador” endurecía su discurso contra el kirchnerismo también marcaba distancia de Mauricio Macri, al punto que tildó como un “fracaso” el desenlace de su gobierno porque medidas importantes no fueron duraderas y ya volvieron para atrás. Curiosa estrategia la de salir a buscar votos halcones y pegarle al principal líder de esa especie. Al día siguiente salió a desdecirse y aclarar que no había tildado de fracaso al gobierno de Macri.
En algunos mundillos hay cada vez más cuestionamientos a los manejos políticos de Larreta. Idas y vueltas como la de esta semana se suman a la lista. Los amplios acuerdos plasmados en el cierre de lista trajeron cierta calma, a la que se suma la confianza por lo que se pueda hacer durante la campaña. Hay que ver si es suficiente.
Del otro lado, las reacciones de Bullrich también generan dudas entre aliados. Están convencidos del triunfo, pero no dejan de poner un ojo en la futura gobernabilidad. Los “ventajero”, “oportunista”, “falta de ética”, “deleznable” y “bajeza moral” que le espetó a Larreta por decir que lo de Macri fue un fracaso pareció una respuesta desmedida. Sobre todo pensando en que después de las PASO, si gana, tendrá que retener a los votantes que eligieron a alguien que según ella tiene esas características.
El optimismo, de todas formas, reina en el campamento bullrichista, donde también suena el nombre de Carlos Menem. Hay quienes ven grandes similitudes entre la interna Cafiero-Menem del 88’ con la de Larreta-Bullrich. Uno aparecía como favorito y acompañado por más estructura partidaria pero al final ganó el carismático que a fuerza de recorridas por todo el país y un mensaje contundente dio el batacazo. En seis domingos se sabrá si se repite esa historia.
Otro apellido histórico se vincula a la campaña de Bullrich: De la Rúa. El puente lo genera una de las tres publicistas que están armando los spots de la exministra de Seguridad. Se trata de Federica Suárez Santiago, titular de la productora Gotama y (mal) recordada por muchos como la ex novia de Antonio De la Rúa antes de que se involucrase con Shakira. Conoció al hijo del expresidente radical luego de haber sido una de las creadoras de esa célebre campaña audiovisual que fue un hito de la publicidad política en Argentina (“Se siente, somos más”, “Dicen que soy aburrido”, entre otras piezas).
Con más de 20 años trabajando en el mundo privado, ahora vuelve a una campaña política junto a Bullrich, a quien conoce de aquellas épocas de la Alianza. Junto a las agencias Las Cholas e IQ están detrás de la estrategia publicitaria de la candidata. El objetivo es evitar todo tipo de slogan marketinero sino que tenga mucho de su impronta y su tono, con cuatro palabras que son las que viene repitiendo en sus discursos: orden, valentía, coraje y esfuerzo.
En medio de tanta estrategia, en JxC aceleran rodeados de desconfianzas. Esta semana, después de la elección de Córdoba, se filtró un audio de Gerardo Morales que dejaba en evidencia que el objetivo detrás de la alianza con Juan Schiaretti era que Rodrigo De Loredo se quedara con la capital. “Este resultado ya lo teníamos hace dos meses, por eso queríamos hacer el acuerdo con Schiaretti y queríamos salvar la muni de la capital, pero ahora no se si lo vamos a poder hacer”, dice en el mensaje, que su entorno solo describió como “algo privado”.
En la Ciudad de Buenos Aires también se está recalentando la pelea entre Jorge Macri y Martín Lousteau, con un Larreta jugando a dos aguas. En el lanzamiento del radical se emitió un video del jefe de Gobierno porteño, y en el palco de invitados estaban dirigentes de su riñón, como Felipe Miguel, María Migliore, Enrique Avogadro, entre otros.
Además, hay una silenciosa pelea por el manejo de diferentes armas electorales que tiene el Gobierno porteño. Una de ellas, por ejemplo, son las bases de datos que siempre negarán que se usen con fines electorales y el comando de los equipos digitales. Ernesto Skidelsky era subsecretario de Comunicación y Contenidos hasta el año pasado, cuando decidió armar una consultora y se acercó a trabajar con Lousteau. Ahora volvió a vincularse para la campaña de Larreta, con oficina propia en el búnker de la calle Olazábal, aunque más de uno cree que tendrá doble objetivo. En su lugar en Uspallata había quedado Fanny Peña -discípula de Marcos Peña y reclutada por el larretista Federico Di Benedetto-, quien ahora dicen que tiene poderes más acotados. Las suspicacias se generaron porque es la mujer de Gustavo Gómez Repetto, vocero de Mauricio Macri y cercano a Fernando De Andreis, jefe de campaña de Jorge Macri.
Sergio Massa, ministro candidato
Si en Juntos por el Cambio la pregunta es cómo harán las dos líneas internas para hacer campaña unidos después de las PASO, en Unión por la Patria la pregunta es cómo harán ahora. Los cierres de listas dejaron heridas, que hicieron denodados esfuerzos por suturar durante esta semana. En algunos casos se logró; en otros, imposible.
“Coralidad de la unidad”, es la estrategia que lanzó el ministro de Economía y candidato a presidente para mostrar “proximidad”. Una unidad que se logró con Daniel Scioli, quien cerró el capítulo de la “traición” con reuniones con Massa, Cristina Kirchner y Alberto Fernández, pero no así con Juan Grabois. Candidato que algunos creen que le puede restar votos al candidato principal de UxP (¿habría una mano kirchnerista para limar a Massa?), mientras que otros aseguran que será clave para contener en el frente a votantes que se irían a otras opciones y nunca votarían al tigrense en las PASO.
Unidad, que una vez más, el peronismo logra con un solo objetivo: electoral. Mientras tanto, las propuestas económicas para enderezar el rumbo siguen sin ser discutidas y las diferencias que quedaron en evidencia durante la gestión están sin resolver.
Experto en creador de climas, Massa ya logró que una porción importante de la dirigencia le asignara serias chances de ganar cuando una semana atrás lo mostraban, según las encuestas, igual de perdedor que los otros posibles candidatos del espacio. ¿Qué cambió? Nada. Lo que en sectores del establishment se vuelve a repetir es una idea que también se escuchaba en la campaña de Alberto Presidente. Una vez más, sale a flote Carlos Menem, por el giro neoliberal que dio después de asumir la presidencia. En 2019 algunos ponían en Alberto Fernández la esperanza que una vez en el poder diera ese giro, abandonara a Cristina Kirchner y aplicara las reformas necesarias. En 2023 ponen a Massa en ese rol.
“En la semana gestión, y el fin de semana mano a mano con la gente”, es la explicación que dan en el massismo sobre el equilibrio entre seguir en el ministerio y liderar una campaña. Y hablan de tres objetivos: “Escuchar, comprender, resolver”. La pregunta que cae de maduro es qué estuvieron haciendo estos cuatro años de gestión (o uno en el caso de Massa, aunque con otros tres en un rol clave como presidente de la Cámara de Diputados).
Dificultades para un espacio que busca despegarse de estos últimos cuatro años pero tiene a gran parte del gabinete en las boletas: Massa (ministro de Economía - candidato a presidente), Agustín Rossi (jefe de Gabinete - vice), Wado de Pedro (ministro del Interior - senador), Victoria Tolosa Paz (Desarrollo Social - diputada), Santiago Cafiero (Canciller - diputado), Martín Soria (Justicia - diputado), Diego Giuliano (Transporte - diputado), Matías Lammens (Turismo - legislador porteño), Luana Volnovich (PAMI - diputada), Carlos Castagneto (AFIP - diputado). Suerte que ya no se llaman Frente de Todos y pueden mostrar otra cara.
Dificultad menor en comparación con la situación económica. El mayor esfuerzo hoy en Economía está puesto en evitar fluctuaciones fuertes del dólar que generen sensación de pánico, y mostrar acuerdos de precios que den sensación de inflación a la baja. El 13 de julio el Indec dará a conocer el dato de junio, que se espera que sea menor al 7,8% de mayo (podría incluso quedar abajo de 7). Es el último número que se conocerá antes de las PASO, porque el de julio se difundirá el 15 de agosto, dos días después de votar.
Mientras, otras cifras siguen mostrando las dificultades del Massa candidato: la actividad económica cayó 4,2% interanual en abril, mientras que los salarios quedaron 5 puntos abajo de la inflación interanual (más de 30 puntos en el caso de los trabajadores no registrados). Cuesta arriba para cualquier candidato oficialista.

