Se definió la oferta electoral, ahora todo depende de la demanda
La política argentina vivió unas jornadas frenéticas con decisiones que todavía no decantaron y cuyas consecuencias están lejos de ser entendidas. Cómo quedó parada Cristina Fernández de Kirchner, cuál será el impacto en la economía de la candidatura de Sergio Massa, quién se beneficia más entre Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich por tenerlo al ministro de rival, son algunos de los interrogantes que abrió el cierre de listas. Con las candidaturas ya definidas y la campaña electoral oficialmente en marcha, los próximos 50 días serán determinantes para el futuro del país.
Los movimientos tectónicos del ex Frente de Todos todavía se sienten, sobre todo en una militancia kirchnerista que se empezaba a hacer la idea de tener que aceptar votar a Juan Manzur para estallar de bronca al saber que Massa sería su candidato a presidente. Por más acercamientos que el tigrense logró con Cristina y Máximo en estos cuatro años, para el sentir militante Massa será siempre Massa. Las canciones en su contra ya son cosas del pasado, pero de ahí a votarlo con alegría hay un trecho enorme.
El problema para el militante kirchnerista es que desde 2011 no pudo votar a uno propio. En 2015 fue Daniel Scioli, en 2019 Alberto Fernández, y ahora Massa. Síntoma de una debilidad que arrastra Cristina desde su segundo mandato: tener un núcleo duro que la convierte en una de las políticas con más poder del país pero, al mismo tiempo, con la imposibilidad de ganar una elección presidencial por sí sola.
¿Fue planificada por CFK la candidatura de Massa o se la impusieron a fuerza de presiones y extorsiones? Esa pregunta atraviesa hoy el mundo político. Que en la fórmula presidencial no haya ningún cristinista muchos lo toman como una señal de debilidad. Pudo haber sido Axel Kicillof o Wado de Pedro. Pudo ser ella. Y al final no fue ninguno de la generación diezmada que ella mismo impulsó en uno de sus últimos discursos. En esa interpretación, tanto Massa (cuya eventual renuncia al ministerio hubiera pulverizado al Gobierno) como gobernadores e intendentes le torcieron el brazo a la vicepresidenta.
¿Pero podían no saber tanto Cristina como Máximo la reacción que tendría la fórmula Wado-Juan Manzur entre gobernadores, intendentes, sindicalistas y Massa? Imposible, todos venían hablando con todos. De ser así, eso significaría que hubo un destrato planificado (¿y autorizado?) para con el ministro del Interior y el gobernador de Tucumán. El silencio de Cristina cuando se ‘filtró’ la supuesta confirmación de la fórmula Wado-Manzur solo abona estas teorías de movimientos planificados.
¿Y para qué hacer semejante revuelo que dejó a gran parte de la dirigencia oficialista con los pelos de punta durante 24 horas? Bajar a Scioli y evitar las internas. Para eso tenían que convencerlo a Alberto Fernández, a fuerza también de presiones y extorsiones. Y lo lograron. El Presidente terminó abandonando al exmotonauta pese a todas las promesas que le había realizado de que iba a sostener las PASO. Cuentan que el malestar de Scioli la noche del viernes es irreproducible. Tan mal no le fue a Alberto en la negociación y consiguió más de lo que muchos esperaban: Victoria Tolosa Paz y Santiago Cafiero tendrán cuatro años de diputados. Poco para cualquier presidente en ejercicio; mucho para este presidente.
Ahora bien, cerrado ese acuerdo el resultado final es que igual va a haber internas. Juan Grabois cumplió con su promesa de enfrentar a Massa si quedaba como candidato. El problema entonces no era la interna; el problema eran Scioli y Alberto Fernández, su sostén. Massa no podía aceptar a Scioli como candidato y Cristina tampoco soportaba que un hombre que ella puso en la Presidencia se le plante de manos y la desafíe, sobre todo después de lo que pasó estos cuatro años. ¿Con Grabois es distinto? Para Cristina seguro que sí, porque no la desafía a ella, sino a Massa. Al líder piquetero no solo le aceptaron los avales con una velocidad sorpresiva, sino que le estarían aceptando que lleve pegadas las mismas boletas legislativas, algo que le negaron a Scioli.
Al único que perjudica la presencia de Grabois es a Massa. El kirchnerismo creó las PASO en 2011 y nunca las utilizó en la categoría presidente, pese a que hubo oportunidades. Recién las va a estrenar cuando ningún cristinista esté en la competencia. Por más bajo que sea el caudal electoral de Grabois, los únicos votos que se dividirían son los de categoría presidente. Mientras tanto, los nombres que se terminaban de conocer anoche de las listas legislativas dan cuenta de un cristinismo buscando refugio parlamentario. Wado, Di Tulio, Máximo, Paco Manrique, Luana Volnovich, Rodolfo Tahilade, Carlos Castagnetto, Paula Penacca, Eduardo Valdés, Lorena Pokoik, Alicia Kirchner, Pablo González y siguen las firmas. Cristina Kirchner busca terminar 2023 reteniendo el gobierno provincial y un sólido bloque legislativo.
El efecto Massa también se sintió en el universo de Juntos por el Cambio. ¿Quién es el más beneficiado entre Larreta y Bullrich? La exministra de Seguridad salió rápidamente a decir que la única fórmula que puede hacerle frente es “la que está muy lejos de Massa”. Sabido es que tanto Larreta como Gerardo Morales tienen diálogo fluido con el tigrense.
Sin embargo, otros análisis ponen en discusión esa idea y sostienen que si Massa logra captar más votos de centro que el cristinismo, puede terminar siendo más competitivo en un ballottage. Y si es contra Bullrich quizás tendría más facilidad para captar en el medio. Larreta, bajo esa perspectiva, estaría mejor posicionado. En el bullrichismo aseguran que hoy el eje está corrido y que el medio está mucho más cerca de ella que de Massa. Las urnas darán las respuesta.
Lo que dejó claro el cierre, no obstante, es que Juntos por el Cambio pudo ordenarse sin sangrar. Después de semanas de ofrecer a la sociedad peleas estériles y hasta infantiles, cada espacio cerró sus listas sin demasiados problemas y ahora se preparan para salir a pelear voto a voto.
Distinto fue el panorama para Javier Milei, que confirmó en el cierre de listas las dificultades que se anticipaban en la previa. Heridos que despotrican, quizás con despecho pero con mucha saña, hablando de acuerdos espurios y compromisos con kirchneristas o massistas en los municipios. Debilidades de un armado que depende de una sola persona.
De todas formas, presentó candidatos en las principales provincias que le permitirán plantar una bandera. Encuestas hablan de una caída de su intención de voto, otra tendencia que tendrá que comprobarse en las urnas.
La oferta electoral ya quedó definida. Ahora el futuro del país dependerá de cuál sea la demanda de los votantes. ¿Continuidad o cambio? ¿Moderación o fortaleza? ¿Gestión u orden? Más preguntas a las que los políticos y estrategas de campaña les encantaría encontrarles las respuestas lo antes posible.

