Cornejo busca ser factor de unidad en JxC y obviar matices en una elección compleja
Como si fuera un juego de cinchada, cada sector interno Juntos por el Cambio tensa las relaciones de manera drástica para ganar y, a la vez, que el rival se caiga. Ocurre en un plano paradójico, pues tenía el escenario servido para volver al poder, pero se desgrana en peleas internas. En ese juego autodestructivo hay un intento de arquitectura interna para llegar al cierre de listas y a las PASO con la menor cantidad de fisuras internas posibles para poder soldarlas luego.
En ese esquema el mendocino Alfredo Cornejo busca ser uno de los factores de unidad de Juntos por el Cambio. No por tener un perfil netamente conciliador, sino por pragmatismo: el exgobernador entiende que no hay ninguna posibilidad electoral con Juntos por el Cambio quebrado y tampoco para su partido, la UCR.
Como candidato a gobernador Cornejo jugó fuerte para que la ruptura del Pro provincial se transparente y, así, marginar de la estructura a Omar De Marchi, exarmador de Horacio Rodríguez Larreta y padrino político del rival de Cornejo. A la par, profundizó su alianza con Patricia Bullrich alineando a casi toda la UCR local detrás de la precandidata, incluido el gesto forzado del gobernador Rodolfo Suarez, un admirador de Rodríguez Larreta. Sin embargo, Cornejo logró también acercar al jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que estuvo en Mendoza tres veces en el último mes y hasta podría venir el domingo.
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Internas y rupturas
Cornejo entiende que hay que acercar partes, sin ingenuidades pero con límites. No es imparcial, pues tiene un fuerte enfrenamiento con Gerardo Morales y un sector del radicalismo y también busca sembrar su camino a futuro. "Pueden opinar, operar, trabajar para uno u otro lado. Pero no hay futuro sin Juntos por el Cambio", repiten. El intento de reelección de Cornejo es su plan B, tras no haber podido avanzar en un proyecto nacional contundente. En los últimos años había intentado hacerse un lugar en el escenario federal, pero siempre sintió que jugaba de visitante, con estructura prestada, sin arraigo propio en la provincia de Buenos Aires y pivoteando con dirigentes nacionales.
Ese primer intento no le alcanzó y quedó relegado, aunque no se resigna en un rol que en el que se siente cómodo: el de operador. No es casual que una de las bases de la campaña provincial de Cornejo haya sido "influir en las decisiones nacionales". Como parte del oficialismo si gana Juntos por el Cambio, o como opositor duro si lo hace el peronismo. Antes, claro, esa alianza construida en 2015 necesita apuntalarse.
Cornejo tiene una dura prueba en las elecciones. En el plano nacional leen que tendrá una victoria cómoda, subestimando el impacto de la ruptura de Cambia Mendoza, un quiebre que se disimuló bastante. La clave es cuál es el techo de Cornejo y Cambia Mendoza, que podría mostrarse en las PASO sumando los votos de Cornejo y su rival, Luis Petri. El exlegislador radical podría aglutinar en la interna el voto del radicalismo de "paladar negro" disconforme con Cornejo. En esa alianza confían en que el voto duro no se moverá. Sí inquieta la posible polarización entre el exgobernador y Omar De Marchi de cara a las elecciones generales de septiembre.
La mayoría de los dirigentes de Juntos por el Cambio tienen pasaje hacia Mendoza para lo que creen será un festejo seguro, pues Cornejo será el candidato más votado y con perspectivas menos optimistas en San Luis y Tucumán, Mendoza podría ser el epicentro opositor. En esa generalización tratarán de obviar los matices.
El candidato mendocino llamará a la unidad de Juntos por el Cambio a nivel nacional como líder en una provincia en la que, paradójicamente, hubo fractura.


