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Se fue el hermano del Adolfo, el hombre al que le gustaba la calle

Un recorrido por la vida del senador provincial Alejandro Bermejo, fallecido este miércoles. Sus primeros pasos en la política y la compañía de su hermano Adolfo. Los sentires de sus amigos y de la gente de Maipú, que lo vio nacer y partir.

Dicen que la muerte nos hace más buenos, pero en realidad Alejandro Daniel “El Pulga”, como lo llamaban sus amigos y pares, ya era bueno. Como su hermano, el Adolfo, dos años mayor que él, con quien compartió la vida desde la infancia, sus primeros pasos laborales como soderos, y el ejercicio de la política, que como un tatuaje tenía asociadas dos palabras indelebles: Maipú y el peronismo. Así fue que juntos fueron haciéndose camino, uno al lado del otro, a veces más cerca, a veces uno poniendo la cara pero con la fuerza del trabajo del otro.

“Mi hermano” decía el Adolfo cuando hablaba de Alejandro, acentuando el pronombre, como algo propio, pero con el respeto de ese otro que en realidad era un pilar. El Pulga, como Fito Páez, había nacido en el 63 y hasta ese ACV en la última asamblea Legislativa, conservaba, como un rockero- era percusionista- un aspecto juvenil, que denotaba su vestimenta informal pero especialmente por una característica que lo hacía muy particular: su buen humor. Eso era una puerta de entrada a los barrios maipucinos que recorrió desde muy chico con una humildad que le era un sello.

“Al tipo le gustaba estar con la gente y con el pueblo. Tenía esa sonrisa y ese abrazo que te hacía sentir cómodo. Nunca tuvo una pose. No había estudiado para eso, para el marketing de la política, él fue un peronista de verdad, de esos que nacen del salvajismo. Se fue un peronista de los que no quedan. Se fue un gran amigo de los amigos. Un tipo muy sensible”, le dijo a MDZ, entre lágrimas, un amigo que como muchos, lo despiden, absortos, por estas horas.

Era el año 1986, veinteañero entró a trabajar en la municipalidad como secretario privado del intendente Hugo Bordín. Tres años después ocupó el mismo cargo con el sucesor Francisco Chiqui García. Esa era fue larga: abarcó casi toda la década del 90, hasta que su hermano, el Adolfo, que había sido concejal por esos años se transformó en 1997 en intendente.

Por esos años, que llegaron hasta el 2010, ocupó distintos puestos públicos, pero especialmente fue “el hombre del territorio”. La gente del departamento contaba, que donde había un conflicto, él estaba poniendo el cuerpo. En 2011 se convirtió en el jefe comunal, cargo que ocupó hasta 2019. Con su hermano tenían pocas diferencias, pero marcadas, especialmente aquellas vinculadas a algunos derechos, debido a que Adolfo es un católico acérrimo.

Durante el transcurrir de ese tiempo, su vida privada también primó. Se casó con Cecilia Fernández, tuvo tres hijos: Carelí, quien trabaja en el municipio, Sofía y Lautaro. Fue un hincha del fútbol muy reconocido: de su querido Gutiérrez (el rival del Deportivo Maipú donde cosechó antipatías), de Boca y de la selección. Sus detractores, le criticaron haber abandonado sorpresivamente su puesto de diputado nacional al año de haber asumido y como a su hermano, no haber ganado ninguna elección provincial para el cargo de gobernador.

La asamblea del 1 de Mayo pasado lo encontró como fue su vida, al lado de su hermano, haciendo política, representando como senador provincial a su Maipú y al peronismo. La muerte lo encontró como fue su vida, rodeado de gente, en la calle, su lugar.