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El país se quema y CFK explica que el agua moja y que Milei es Hitler

La vicepresidenta sólo busca subir al economista al ring para lograr meterse en un balotaje. Los números de Javier Milei y la alarma que se prendió en Juntos por el Cambio. El factor Hitler y la comunicación kirchnerista.
Foto: Noticias Argentinas
Foto: Noticias Argentinas

Mientras la Argentina vuelve a preguntarse, o al menos un sector, si hace falta esperar a agosto para votar a presidente, el pánico se adueñó del discurso de buena parte de la clase dirigente, en especial de quienes forman parte del Gobierno. Terminado el plan "Massa Presidente" y apagado el operativo clamor que no hubo por Cristina Fernández de Kirchner, la inercia le permitirá al Frente de Todos tal vez elegir rival para perder, no más que eso. 

El presidente fue sin eufemismos a comparar a Javier Milei con Hitler, sin ahondar demasiado en cómo llegó Hitler al poder, y cómo llegó el peronismo en otros escenarios, y básicamente qué vinculo tuvo el peronismo con los fascismos de mediados de siglo. Hay puntos de encuentro y esencialmente la admiración y culto y amistad que hizo Juan Perón de los gobiernos de Italia del Duce, España del generalísimo y la Alemania del Führer.

Henrich Hoffman fue de los más fieles hitlerianos que acompañó a su jefe retratándolo sin pausa desde que en 1920 se alistó en el partido obrero NSDAP, buscando ángulos que lo hicieran más grande que su 1.75 y sus sombras no reflejasen su femeninos movimientos y rasgos y ojos desorbitados por su depresión y vínculo con el alcohol. Analizaban juntos cada acto, cada discurso, cada palabra, los movimientos, el body language con sus manos y los ademanes de desprecio para los judíos y quienes habían tomado las decisiones que generaron la inflación que entristeció un pueblo. Junto a Goebbels explicaron por qué se podía encontrar un responsable al fracaso, encarnar la esperanza, llegar al poder y entonces sí exterminar a todos los que no pensaban como ellos. 

El pánico le tocó la puerta a Cristina Kirchner y entró sin freno, le explicó por qué está terminada en términos electorales y que gane quien gane y asuma cuando asuma, el próximo presidente va a empeorar su situación judicial. Inmediatamente la vice presidente fiel a su estilo y el presidente buscando empatía con quien no la acepta dijo entonces sencillamente que Javier Milei es Hitler, y lo confirmó a través de periodistas que hicieron los deberes. Hoy María Seoane lo explicó con más detalle en Página12 y otros colegas de menor rango hicieron lo propio. 

El país que intenta bocetar Cristina Kirchner, que sólo existe en su imaginario, está arrasado por un paréntesis de 46 meses entre los veinte años que lleva su gestión nacional. Esos meses entonces desde enero del 2016 hasta las paso de 2019 configuran un retroceso al rosario de éxitos de su segundo Gobierno, del cual el actual presidente no sólo no formó parte, sino que explicó cómo habían inventado la estatización de Ciccone para salvar al condenado Amado Boudou, que Axel Kiciloff era un inútil y que Cristina una desequilibrada, esencialmente. 

El crecimiento de Javier Milei es exactamente lo opuesto a Hitler, más allá de que si Milei es presidente, habrá llegado por las urnas al igual que Hitler y que Perón, Cristina y Néstor Kirchner y el propio Alberto Fernández, a través de los votos, algo que no siempre el peronismo practicó. 

Milei tiene otros puntos de encuentro con Hitler, como los tiene Cristina Kirchner. Pocos políticos como la vicepresidente han hecho juego de luces y posicionamiento del cuerpo y fotografías grandilocuentes y culto a la personalidad con grandes auditorios de "obreros" filmados llorando su líder como lo hizo Cristina Kirchner. En ese caso, es Javier Milei la antítesis llevando a cabo actos pagos por empresarios locales, con ropa sencilla y repetida, muy lejos del gusto exquisito del exterminador aleman con sus tapados y botas de lujo. 

Es otro punto de encuentro que tiene Kirchner en todo caso con Hitler, la obsesión de la estética, la ropa y la imagen del líder por encima del resto. El economista caminó por chilecito a los tropezones con vecinos que se sacaron fotos con Martin Menem y con él y se fue. Viajó en Aerolíneas Argentinas en turista y llegó al acto que pagó el sector privado. Los Kirchner se movieron veinte años en aviones privados sin saber muchas veces qué se trasladaba dentro.

Tanto en la Alemania nazi como en buena parte del kirchnerismo, los actos se costearon con millones de dólares del estado a lo largo de los años, donde los asistentes, al igual que desde 1933 desde que asumió como Canciller y luego Führer, llevando militantes para adorar al líder. En el caso de Milei, la billetera no se toca, el "aparato" no existe, las personas no pagan entradas ni son llevas, a diferencia de las marchas kirchneristas, donde en muchos casos está prohibido ingresar sin credencial partidaria o sin llegar en un colectivo de algunas de las "orga". 

El desafío entonces de Kirchner y Fernández será buscar puntos de encuentro entre Milei y Hitler que permita a alguna porción de la sociedad, pensar que en realidad las prácticas de la creación de una rica y efímera burguesía de los amigos del capitalismo del poder, la búsqueda incansable de un enemigo, las teorías conspirativas internacionales y el lavado de manos sobre lo hecho de forma sistemática sólo arrima al fracaso de la Alemania con la Argentina de 2014, cuando el sistema energético colapsó, el endeudamiento interno fue y sigue siendo récord de la historia argentina y la inflación masticó salarios deprimiendo un pueblo, como en Alemania hace 90 años.