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Cristina Fernández de Kirchner delinea su propio plan B y vuelve a encender la interna del Frente de Todos

En 2013 estuvieron a punto de sellar un acuerdo político que terminara con el kirchnerismo de aquel entonces. Sergio Massa y Daniel Scioli estuvieron cerca de aliarse contra CFK. Pero el entonces gobernador prefirió no seguir en esa aventura. Desde entonces, ambos se desconfían.
Atrás, todos mudos
Atrás, todos mudos

Daniel Scioli ya tiene su propio gif. Marca la fecha de inicio de su supuesto mandato presidencial el 10 de diciembre de este año hasta que termine en 2027. Parece que por ahí viene la competencia con Sergio Massa, quien al principio de su mandato como ministro de Economía, en reemplazo de Silvina Batakis, aparecía como el "Súper Ministro". 

Mientras esto transcurre, el embajador continuará en Brasilia cumpliendo su rol de representante argentino y es muy posible que el próximo martes reciba a Axel Kicillof en su despacho. El exgobernador bonaerense conversará con el actual de todo lo que se puede difundir públicamente, pero la verdad es otra. Es una nueva foto de Scioli con un dirigente dilecto y con llegada directa a Cristina Fernández de Kirchner.

La anterior imagen para posicionarse se dio hace una semana cuando estuvo con Mayra Mendoza, en Quilmes, so pretexto de visitar una planta que exportaba al país vecino y que Scioli quería conocer. Casi como compinche, la intendenta le dijo al oído: "Sabés que te recibo por pedido de Cristina, ¿no?". Ambos sonrieron y él le agradeció. El entorno que acompañaba a la comitiva no podía creer lo que empezaba a producirse en ese momento. 

Mientras que la vicepresidenta permite el resurgimiento del operativo clamor en su favor, con mensajes en actos que realizan sus alfiles preferidos, como sucedió ayer con Wado De Pedro en Santiago del Estero, y su muy probable presencia personal en el acto que se hará el 27 de abril en La Plata, también desde el Instituto Patria, sin el consentimiento de Máximo Kirchner, empezó a producirse un plan B: Scioli de candidato a presidente. 

¿Por qué a pesar de Máximo Kirchner? Porque el diputado nacional pretende que sea su nuevo mejor amigo Sergio Massa el que encabece el proceso electoral que viene en representación del Frente de Todos y sin ninguna interna o PASO de por medio. Quizás el hijo de los dos presidentes acepte que Scioli viene a ser un "cuco" que le ponen a la pretensión del jefe del Frente Renovador de quedar como par de la vicepresidenta en la negociación final. Si mantiene su postulación hasta el final, Massa cree que no tiene sentido semejante esfuerzo, aunque en el camino gane y se quede como el futuro conductor de todo el peronismo institucionalizado en el actual Frente de Todos.

A la par de resolver la ya desatada crisis económica y financiera, el ministro sabe que si tiene que competir en una PASO las dudas que ya tienen el mercado y los organismos multilaterales de crédito se multiplicarán. Nadie descarta que haya una nueva charla, más pronto que tarde, entre el líder del Frente Renovador y la última candidata de Unidad Ciudadana. A nadie le gusta que lo tomen como una pieza de una decisión de otro después de semejante esfuerzo y costo personal. 

Mientras que Scioli anuncia su precandidatura, que el Frente Renovador ya salió a cruzar porque le endilgan un apresuramiento desmedido a través del brutal tuit de Rubén Eslaiman, sus amigos que quedaron en el país empezaron a recolectar avales para confirmar que tiene todos los papeles en regla de su proyecto presidencial

La paradoja es que Massa y Scioli terminan siendo rehenes de la última decisora. Lo sabe el ministro al no poder ejecutar todas las medidas que pretendía desde que asumió porque eso le haría estallar la relación con la vicepresidenta. Eso lo trajo hasta esta nueva crisis. Y el exgobernador se dio cuenta antes que nadie que Alberto Fernández, por más que le haya dicho que si no iba por la reelección, como finalmente sucedió, lo iba a apoyar a él, ese respaldo tiene menos valor que un billete de 10 pesos.

El presidente no incidirá en nada de lo que viene, por más que él o sus pocos amigos piensen que sí sucederá. Aunque sea el presidente de la Nación y el titular del PJ, sus opiniones no merecerán más que un par de minutos de escucha. Si cuando todavía era el presidente con todos los poderes no pudo echar a dos secretarios del área económica, nadie ya imagina que lo que diga para el futuro se cumpla. Ya fue. 

Nunca se había visto en el peronismo que un presidente de la Nación no pueda someter a un gobernador bonaerense del mismo signo. Carlos Menem lo hizo contra Eduardo Duhalde, a pesar de que el riojano más famoso no tenía posibilidad de reelección. Inclusive Mauricio Macri forzó también a María Eugenia Vidal a aceptar sus reglas hace cuatro años.

Tal era el poder y la convicción del riojano que cuando Duhalde fue a la elección como candidato presidencial, sin el respaldo directo de Menem, perdió contra Fernando De la Rúa y la Alianza.

Eran otros tiempos, la imagen del oficialismo estaba dañada, pero mucho menos que la actual. Los gobernadores, sigilosos, preferían mezclar y dar de nuevo que dejarle todo a Duhalde y fue por eso que Menem mantuvo su centralidad hasta el final. 

En esta oportunidad Alberto Fernández no pudo soportar la amenaza de desdoblamiento que le realizara Axel Kicilof por pedido de Cristina Fernández de Kirchner. Y, a diferencia de su antecesor y exgobernador riojano, cuando se dio vuelta no tenía a nadie para encabezar una remontada. Ya los había defraudado, y mucho, cuando no le aceptó la renuncia a Wado De Pedro en 2021 luego de las PASO que empezaron a marcar el fin de su gobierno.