Alarma en el peronismo: ahora Javier Milei come votos del Frente de Todos
Los alumnos de sexto año de un importante colegio parroquial de San Martín, ubicado en uno de los barrios humildes pero que hace dos décadas representaban la clase social ascendente del Gran Buenos Aires, pidieron por un candidato para que les envíe un saludo: Javier Milei.
A la salida de un restaurante, en Morón, cuando el mozo distinguió a este periodista le pidió si lo contactaba con Carlos Kicuchi. Quería hablar con él. El particular personaje gastronómico conoce a todos los dirigentes políticos de la localidad. Ya no le cree a nadie.
Esto es lo que se está viendo y escuchando en todos los municipios pero, fundamentalmente, en los que están administrados por el Frente de Todos. En Moreno, por ejemplo, el singular economista anarco liberal tiene uno de los mayores niveles de adhesión de toda la región.
Por eso lo que antes era una “esperanza estratégica” del oficialismo, ahora se transformó en un padecimiento que no se sabe cómo controlar. Su discurso no interpela ni le a llega buena parte de una sociedad que ya se siente marginada de toda solución institucional.
Días atrás, en un almuerzo en el que había dirigentes sindicales, un intendente y varios periodistas, también nació esta discusión. ¿Por qué motivo la gente había empezado a escuchar el mensaje de Javier Milei?. “Es que los que estamos acá sentados, por más que representemos diferentes pensamientos políticos, somos todos lo mismo para los que no llegan a fin de mes o los que cada vez están peor”, fue la conclusión, también aceptada por el resto de la mesa, de uno de los comensales.
Entonces “la casta”, esa frase que tan gráficamente reflejó el liberal en su primer mensaje, quedó para quedarse. Ya no es la antigua “grieta” entre kirchnerismo y antikirchnerismo. Ahora, la frontera la marca quienes están dentro del sistema, inclusive los empleados y obreros sindicalizados, y por el otro, quienes forman parte de la economía informal o no tienen ningún ingreso fijo.
El primer daño que Javier Milei le hizo a uno de los dos frentes electorales que compitieron hace dos años fue a Juntos por el Cambio. Por eso, no extrañó que aliados naturales del PRO, inclusive concejales, o funcionarios que dejaron de serlo en varios municipios, terminaran siendo los primeros representantes de la nueva fuerza.
Sin embargo, ahora todo el daño lo está sufriendo el Frente de Todos. Sus votantes naturales, o que ellos creen que deben votarlos a ellos porque Mauricio Macri, el PRO y Todos Juntos representan a la “derecha que los hambrea y endeuda”, ya no los escuchan y si lo hacen, sospechan.
Por más ayuda, promesas y discursos que los muestran como sus representantes naturales, los más pobres y excluidos no les creen nada. Quieren castigarlos. No votarán a Juntos por el Cambio, pero mucho menos al peronismo kirchnerista.
Son personas que jamás se habían animado a cambiar su voto por otro que no representara al movimiento creado por Juan Domingo Perón, pero que ahora ya decidieron irse de su partido tradicional. Y el mejor reflejo está dado en la cantidad de peronistas que rodean hoy a Javier Milei, Kicuchi y el resto de sus armadores políticos.
El sociólogo Luis Costa hizo un análisis medular al respecto. Y el principal argumento que brinda sobre el crecimiento de este nuevo candidato es la distancia que han mostrado los frentes Todos y Juntos de la demanda de la gente. Y la bronca que provocan sus peleas y discusiones promueven, democráticamente, elecciones extremas y “salvadoras”.
Algo de eso detectó hoy, harto, uno de los más importantes dirigentes opositores porteños que, ante la falta de acuerdos y la aparición de acusaciones y modificaciones electorales, dijo sin vueltas: “Si seguimos así la gente nos va a matar”.

