Política de vestuario: cómo se decide el poder en Mendoza y el escenario que viene
Alfredo Cornejo es el líder indiscutido del radicalismo por su propia estrategia, algunos hechos fortuitos y torpezas ajenas que no vienen al caso. También es el “líder impuesto” en otro sector informal, pero importante: la cancha de fútbol, el vestuario y la sobremesa de los asados que suele extenderse hasta la madrugada. Allí se cuentan anécdotas, se trazas ideas y se miden fidelidades políticas. Es parte del modelo de construcción de vínculos en la política mendocina que se reproduce habitualmente. La trastienda de las decisiones tiene bastante que ver con el vestuario de un equipo de fútbol amateur; aún más allá de las reuniones políticas, debates y cráneo de proyectos que, también, existen.
El modelo vestuario es a la antigua y, por los propios pudores, excluye a las mujeres. Ellas están fuera de la toma de decisiones clave en el oficialismo, a pesar de que el peso intelectual de muchas de las principales dirigentes de ese sector es mucho más potente de los que conducen. Es curioso: hay mayoría de juezas, hay mayoría de mujeres profesionales (6 de cada 10 graduados universitarios son mujeres), hay mayoría de docentes (únicos estatales que entran sí o sí por concurso), hay mayoría de mujeres destacadas. Pero no hay ponderación real de mujeres en las listas y solo acceden por “convocatoria”. Justamente es lo que el radicalismo hoy está dirimiendo: si quien acompañe a Cornejo es mejor que sea mujer, radial o “prestarle” el lugar al PRO. Igual, en ese partido, consideran al o la vice como quien “toca la campanita” solamente.
En pugna por ese cargo hay dos dirigentes que tienen peso intelectual y político propio, como Natacha Eisenchlas, la mejor dirigente surgida de la cantera de Capital, y Jimena Latorre que a pesar de su fidelidad con el líder oficialista logró tener peso propio en el Congreso en temas relevantes como la economía y la energía. El modelo político de Cambia Mendoza atrasa como el origen sesentista de sus líderes y aún se “unge” a candidatos. La escisión de ese frente también: Omar De Marchi construye puertas afuera solo, en asados con sobremesas largas y con muchos hombres como consultores estrella. Nuevamente: algo antiguos, machistas, conservadores y con la idea de política de vestuario, a pesar de que gran parte de las decisiones de la provincia dependen de ellas.
El dato viene al caso porque los rivales de ese sector (Cambia Mendoza y La Unión Mendocina) tiene al menos cuatro precandidatos a gobernador (Cornejo, Petri, De Marchi y Difonso) y ninguna candidata a la que hayan dejado pasar. Y está el análisis para buscar compañera de fórmula. Pensar que, por el solo hecho de ser mujer hay una tracción por lo políticamente correcto, atrasa más que los propios candidatos. El problema es la extraña coincidencia a la que alegan desde el oficialismo: “No se pondera por género, sino por capacidades”, aseguran. Curioso que todos los “capacitados” sean hombres. Incluso en la Municipalidad de Godoy Cruz, donde su intendente Tadeo García Zalazar juraba que iba a haber una intendenta mujer, ahora dudan por el efecto lobby interno y podrían ponderar los datos de las encuestas y la fidelidad personal del vestuario radical, antes que las convicciones y conveniencia para la gestión.
En el peronismo ocurre algo distinto, pero con matices que pueden disimular problemas de fondo. Hay una presidenta del partido y una líder. Ambas mujeres, ambas legitimadas. Pero con un arrastre negativo de otra mujer, Cristina Fernández de Kirchner. El problema de las tres es cómo resucitar al frente cuando nadie quiere ser candidato o no hay candidato que se postule con convicciones genuinas para pelear por el poder.
¿Y el equipo?
Los problemas de la construcción de un equipo trasciende al género en el oficialismo. No es solo que no ponderan a las mujeres, sino que se les dificulta construir liderazgos más allá de la obediencia a los jefes. Un modelo argentino, potenciado en Cambia Mendoza y que tiene muchos ejemplos en otras fuerzas políticas. Por eso, en los departamentos donde no puede haber reelección de los intendentes hay entre escándalos novelescos (como en Las Heras), incertidumbre (como en Godoy Cruz) y dudas (como en Guaymallén).
Incluso el futuro equipo de gobierno que pudiera armar el radicalismo tiene espacios en blanco porque tras siete años en el poder no aparecen cuadros, ideas o sectores donde se note innovación más allá del propio candidato a gobernador. La sobra que proyecta Cornejo por su construcción personal no deja crecer a quienes están muy pegados a él, más allá de su propia unción.
Como ha ocurrido otras veces, sus allegados buscan desmitificar esa idea ponderando el trabajo en equipo que, aseguran, se ejecuta. Cuesta creerlo al ver que el círculo de confianza del exgobernador. A la redundancia en la cabeza de la lista se le suma como punto negativo revertir el efecto desgaste y, sobre todo, no poder pararse en cuestionamientos al actual gobierno, algo que al propio candidato le gustaría pero no lo hará por lealtad. También porque es el favorito y sus palabras quedarán como plan de gobierno.
En 2015 tenía un discurso con mayor permeabilidad por la situación de la provincia y no le hizo falta prometer más que el orden en la calle, las cuentas y la revolución de lo sencillo. Más de un lustro más tarde, con eso no alcanza porque Mendoza tiene mejores servicios básicos que en ese momento, pero peores indicadores económicos, sociales y políticos. Es decir, hay menos inversión y empleo de calidad; más pobreza y marginación y mucha mayor concentración de poder.
Uno de los rivales principales de Cornejo tiene una ventaja conceptual que deberá saber administrar para ser creíble. Omar De Marchi no tiene mucho que perder y puede hacer todo lo que su principal rival tiene prohibido: cuestionar a Suarez, prometer con un mayor margen de maniobra y desligarse de cualquier vínculo nacional incómodo, pues ya quedó solo. Tan abierta es la posibilidad discursiva del candidato que puede asociarse a Milei y volver a cobijarse en el partido del que se fue, aún cuando es conducido por las mismas personas. Pero De Marchi, como dijimos, no es nuevo en política y ese margen de maniobra se achica.
Mendoza está en un momento bisagra y aún a pesar de las malas gestiones tiene una oportunidad en el horizonte cercano. La foto de Cornejo con Horacio Rodríguez Larreta tiene bastante de ese futuro cercano. El exgobernador volvió a redundar en un discurso en el que se siente cómodo, que es cuestionar a la gestión nacional y subordinar el desarrollo de la provincia a ese plano. Incluso con errores, como considerar que Mendoza no tiene limitaciones productivas que en realidad son políticas. El discurso del lamento también envejece y mucho más cuando el mismo sector gobierna desde hace casi 8 años. La asociación con Larreta (a pesar de ser rival interno) tiene que ver con lo que espera el candidato del oficialismo en el futuro; con que el futuro presidente destrabe para libre uso los 1023 millones de dólares, para que se revierta la tendencia negativa de trasferencias discrecionales y para ser “influyente” en la política nacional.
Aunque las elecciones de junio son primarias, funcionarán como una encuesta influyente; vinculante No para elegir cargos, sino para direccionar en septiembre el alto volumen de indecisos, descontentos y enojados que hay en Mendoza. En las segundas instancias el electorado suele jugar a ganador. Es decir, los que sacan más votos suelen crecer: el opositor que mejor parado quede, podría capitalizar el voto de otras fuerzas para considerarlo “útil”. Por eso la apuesta de De Marchi es tener en las generales el apoyo tácito del peronismo no kirchnerista.


