Además de la inseguridad, la piña a Sergio Berni develó otro gravísimo problema
Los paros de las líneas de colectivos, un verdadero lock out empresario, que habían empezado como una expresión de la crítica situación por la que atraviesa la actividad en la zona del AMBA, Ciudad y Gran Buenos Aires, se transformó en una cotidiana dificultad para los pasajeros que deben trasladarse de un lugar a otro en la región porque ahora ya los colectiveros están parando de manera imprevista todos los días.
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El problema sigue siendo el mismo por el cual en el día de ayer los ministros de Seguridad y de Transporte bonaerenses, Sergio Berni y Jorge D´Onofrio, junto al gobernador Axel Kicillof, estuvieron durante más de dos horas con las cámaras empresarias que representan a las empresas de transporte del conurbano.

Las autoridades provinciales y los representantes de las cámaras que se reunieron ayer en la Gobernación coincidieron en destacar que “la reunión no tuvo nada que ver con los ánimos crispados que se vivieron hace una semana en la General Paz. Todos hablamos sinceramente y, a la vez, buscando puntos de coincidencias desde donde partir para solucionar las cosas”, dijeron desde los dos lados de la mesa.
No hubo ningún comentario sobre la trifulca y las piñas recibidas por Berni, quien “estuvo callado”. El comentario estaba relacionado con que notaron la diferencia de postura del siempre histriónico funcionario bonaerense. La única referencia que hubo sobre los episodios que desembocaron luego del crimen de Daniel Barrientos, chofer de la línea 620 en Virrey del Pino, fue que tras la expresión obvia y de ocasión de los transportistas en solidaridad con Berni, éste aceptó el gesto y dijo que estaba reponiéndose satisfactoriamente tras las agresiones.
Desafortunadamente, antes de la reunión con el gobernador, su par de Transporte y los dueños de los colectiveros, Berni había tenido la desafortunada idea de compararse con Fernando Báez Sosa, asesinado por una patota de rugbiers hace dos años en Villa Gesel, jurisdicción de su Ministerio en materia de Seguridad.
“Nunca hubo una opinión altisonante o desubicada. Ni siquiera un reproche parecido al que durante la semana hicieron público al acusarnos de robarnos la plata de las Cámaras”, le dijo en off uno de los presentes que, como sus pares, están trabajando con un descalce presupuestario de casi el 80%. “Trabajamos a pérdida y nunca llegamos a adecuar la composición entre los costos y los ingresos”, expresaron.
Lo que quedó en claro, también, que las diferencias subsisten, aunque difieran las formas y el fondo. Mientras que los choferes le pegaron a Berni porque no soportaban más que los “traten como bol…” y que “prometieran medidas que nunca llegan mientras nos matan compañeros todos los días”, a los empresarios les molestó que los trataran de chorros que se quedaban con la plata de los subsidios que, en un porcentaje, tenían que ir destinado a la instalación de cámaras de seguridad.
Al respecto, los empresarios destacan que desde Transporte, a cargo de D' Onofrio, "siempre nos escuchan y tratan de encontrar una solución".
“Mucho se habló de los $2.500 millones de pesos que supuestamente nos dieron para la instalación de cámaras, todo se puso. Lo que sucede que no alcanza. Nosotros no somos una empresa de seguridad, no estamos con ese tema. Administramos empresas de transporte de pasajeros y con los costos que necesitamos eso no alcanzó”, le dijo a MDZ uno de los participantes, quien además informó que “de los 9.000 vehículos en circulación, recién hay 2.000 unidades con cámaras” que, además, no están conectadas a un sistema de seguridad policial de la Bonaerense sino que solo sirven para que lo que sucede arriba del colectivo quede grabado en los sistemas de las empresas.
“Lamentablemente, el problema de la tarifa hace que el servicio deba ser interrumpido o que no podamos cumplir con las frecuencias programadas en el organigrama. Todos los costos subieron casi el 100%, entre salarios y repuestos, sin contar el combustible, que aumentó pero menos. Y las actualizaciones se realizan luego que todas las reservas se agotan y no tenemos cómo pagar salarios y combustibles a la vez”, reconoció otro miembro de la Federación del transporte del AMBA reunido ayer en la Casa de Gobierno provincial.
Según sus cálculos, si se mantuviera el sistema anterior a la implementación de los subsidios y la tarjeta SUBE, “el boleto tendría que salir cerca de $370 pesos, por lo menos. Era, a valor dólar, lo mismo que salía hace treinta años cuando empezaron a subsidiar nuestra tarifa. Hasta ese momento, no había problemas, las empresas fijaban sus costos y los pasajeros seguían viajando. Con los subsidios, dejamos de ser casi los dueños de las compañías para pasar a ser rehenes de un sistema distributivo que tiene un montón de variantes”, dijo, elegante, uno de los pocos colectiveros – dueño de unidad que aún quedó en el conurbano bonaerense.


