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Cristina Fernández de Kirchner se corre del operativo clamor y desconcierta a su propia tropa

Sergio Massa está siendo sometido a una doble presión. La vicepresidenta quiere que sea el único candidato, sin interna, a pesar de los dichos de Wado de Pedro. Pero el cristinismo camporista pretende que ella sea la representante del FdT. Los intendentes, en tanto, ya hacen su juego propio.

El peronismo kirchnerista, encarnado por La Patria es el Otro y las demás variantes vinculadas con La Cámpora han expresado, durante todo el fin de semana, su preocupación por los dichos de las periodistas Viviana Canosa y Laura Di Marco sobre el estado de salud de Florencia Kirchner y la supuesta responsabilidad materna en esta situación.

El diputado provincial Adrián Grana se preguntó si lo que pretenden este tipo de expresiones es desatar una guerra civil. Lo hizo a través de un tuit que reflejó el estado de ánimo de todo el kirchnerismo duro. El resto del peronismo institucionalizado se quedó en silencio, como si ese no fuera una preocupación que le ocasionara nada en particular.

El próximo miércoles marcharán hasta Tribunales en reclamo del fin de “las mafias” que ellos interpretan están constituidos por los medios de comunicación, “expresiones del odio” y la Justicia a través de la Corte Suprema de Justicia integrada por tres magistrados exfuncionarios de Gobiernos peronistas. El otro, Carlos Rosenkratz, el camporismo insiste que lo pusieron los medios.

Las dudas dentro de lo que representaba el sector mayoritario del Frente de Todos son cada vez mayores. Sin Cristina Fernández de Kirchner como candidata en ninguna categoría, y vaciada cada vez más de contenido la juntada de Ensenada, cada vez tienen menos para ofrecer a su electorado y, también, para presionar en el futuro armado de las listas.

Solo tenían un plan. Cristina Fernández de Kirchner. Era la única que los representaba y, además, envolvía a la mayoría del Frente de Todos. Si ella se presentara, no tendrían que explicar nada. Ni siquiera por qué motivo tendrían que acompañar a un “representante de la Embajada” como Sergio Massa.

Ni Máximo Kirchner ni Wado De Pedro ya van hasta Ensenada, donde empezaba a gestarse el operativo clamor para que la vicepresidenta no se sintiera proscripta y reviera su decisión de no presentarse a la próxima elección. Casi quedaron como un grupo de autoayuda, sin poder de decisión ni posibilidad de incidir en alguna propuesta futura.

La piña que sufrió Sergio Berni fue en el físico del ministro de Seguridad pero repercutió en todo el cuerpo del Frente de Todos. Los escraches que sufrían solo algunos dirigentes, entre ellos el presidente Alberto Fernández, ahora lo sufren otras figuras que, hasta el año pasado, aparecían como los únicos que entendían a la gente.

Ese mismo día, cuando aún el oficialismo estaba grogui por los tumultos en la General Paz y Ruta 3 por la marcha de los colectiveros, Alberto Descalzo le tuvo que pedir a su tocayo Fernández que pensara si quería participar de la inauguración del Centro Universitario de esa localidad. Su vecino Juan Zabaleta, también presente en el lugar, se había enterado que choferes de otra línea de colectivos se habían empezado a movilizar hasta allá.

El debate sobre el futuro del oficialismo, desde los representantes que tendrán hasta el discurso, empezó también a dividir las aguas y reaparecer fortalezas que algunos creían perdidas. Las del peronismo más tradicional que aún participa del Frente de Todos.

Un importante funcionario de un distrito del oeste bonaerense reunió a todo su equipo de campaña y, con los datos del censo en la mano, le dijo con claridad. “Basta de hablar a las minorías. Hay que hablarle a las mayorías que nos trajeron acá”.

¿Por qué lo dijo? Porque según los resultados del censo, sólo 53 personas se consideraron no binarias. El resto se dividía entre masculinos y femeninos. Casi 300.000 censados.

Mientras sigue el debate a cielo abierto sobre la continuidad o no de Sergio Berni en el Gabinete provincial, Aníbal Fernández confirmará el envío de más gendarmes para la provincia de Buenos Aires sin coordinar con la Gobernación. Pero no es nuevo. Ya cuando era ministro de Cristina Fernández de Kirchner, hace más de una década, también hacía lo mismo. Ni los intendentes sabían donde iban las fuerzas federales.

“Yo me voy a ir cuando se me de la gana”, dijo a pesar que nadie se lo preguntó. Berni sabe que no tiene resto para seguir apareciendo como Súperman. Y Axel Kicillof, quien hasta el momento era el único “invencible”, está viendo la kriptonita demasiado cerca.

Eso ya lo advirtieron, desde hace tiempo, los intendentes del conurbano. Jorge Ferraresi, de Avellaneda, además de haber dicho que casi se iban en helicóptero, también se pregunta de qué tenor será la derrota, si igual que la de 2015 o similar a la de 1999, cuando perdieron en todo el Gran Buenos Aires.

Ariel Sujarchuk, en Escobar, volvió más rápido de lo que muchos presumían y ya mañana anuncia su reasunción como intendente en la apertura del nuevo edificio del Concejo Deliberante. Y el siempre correcto Lucas Ghi, en Morónpateó el tablero de su propio espacio al pedir que, en caso de triunfar en las próximas elecciones, una de las primeras decisiones debería ser la apertura del Aeropuerto de El Palomar, cerrado por la presión de La Cámpora.