Una confesión que revela por qué nadie le cree al presidente
“¿De qué candidatura de Alberto me hablás? Se acordó muy tarde. ¿Ahora quiere disputarle el poder a Cristina, en los últimos meses de su mandato? ¿Vés que esto es un desastre en todos los aspectos?”, se descargó un importante referente del nonato albertismo cuando se le preguntó si sabía del diálogo que había tenido el presidente de la Nación, en supuesto off, con Roberto Navarro en El Destape, donde dice que supuestamente él quiere acabar con 20 años de kirchnerismo.
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“Obvio que no se la banca más… Desde hace tiempo, ni a ella ni al pibe, pero ya está, fíjate quién se suma y avisame”, siguió con su relato sin detenerse. “Con Vicky (Tolosa Paz), el Pepe (Albistur) y Vitovello no alcanza ni para salir por Palermo”, ironizó.
Efectivamente, de manera directa o indirecta, Alberto Fernández siempre le dejó en claro a quienes armaron su primera mesa política que “jamás me voy a volver a pelear con Cristina“. "¿Qué, ahora se va a pelear? Vamos a ver cuánto le dura”, siguió con su razonamiento que reflejaba una mezcla de impotencia y desdén.
Primero fueron los gobernadores no alineados con Cristina Fernández de Kirchner quienes le dieron su respaldo. Hasta Juan Manzur había dicho que la vicepresidenta había dejado de gravitar en la política. Sin embargo, poco más de un año como jefe de Gabinete de ministros le bastaron para comprobar que el presidente, al igual que la vice, “son como el carbón, si no te quema, te mancha”.
A la par, mientras que la CGT oficial de Héctor Daer hacía infinitos esfuerzos para sostener las erráticas metas inflacionarias propuestas por el ministro Martín Guzmán y debatía con el de Trabajo, Claudio Moroni, los otros sindicalistas cercanos a Cristina Fernández de Kirchner los trataban de entregadores de los trabajadores, con el apoyo directo de Máximo Kirchner. Al cabo de un tiempo, esa relación también se resintió.
De los 20 ministros que asumieron junto con él, Alberto Fernández tenía, además, laderos territoriales que proponían cruzar el Rubicón con muñeca pero armando su propio esquema de poder. El primero que figuraba en esta línea era Gabriel Katopodis, de Obras Públicas, a quienes lo secundaban una docena de intendentes que, rápidamente, empezaron a desandar ese camino y terminaron siendo aliados de la dupla Kirchner - Martín Insaurralde en la provincia de Buenos Aires.
En ese Gabinete ausente de personalidades con peso territorial se sumaron para darle mayor músculo, Jorge Ferraresi, Juan Zabaleta y Santiago Magiotti. Los dos primeros se volvieron a sus distritos, aunque el de Avellaneda lo hizo con una sentencia: "Vamos a volver a estar presos o perseguidos y algunos seguirán dando clase en las universidades".

Santiago Cafiero, el más apuntado por La Cámpora, nunca tuvo el volumen político para sostener las paradas que se le avecinaban. Su musculatura se reducía a frenar algunos impulsos endiablados de su propio jefe político, el presidente de la Nación. Hoy por hoy, su relación con la mayoría de sus compañeros de aventura en el nonato albertismo y en el terminado randazzismo son mínimas.
Ni los movimientos sociales comandados por Emilio Pérsico como el Movimiento Evita y las otras siglas en las que se referencian las organizaciones de la economía informal ya lo tienen como líder a pesar de haber sido su brazo amenazante contra cualquier irrupción camporista en las calles, como sucedió a principios de 2022, luego de la derrota electoral, en la que los amigos del Instituto Patria querían marchar en contra de su propio gobierno.
“No podemos hacernos los locos y pedirle que renuncie a su candidatura. Eso no. Tenemos que sostenerlo por el bien de todos, inclusive de quienes quieren que renuncie a presentarse en 2023”, le dijo a MDZ un ministro que ya no es parte del esquema de toma del poder pero que sigue trabajando para que el Frente de Todos siga siendo la sigla electoral que los represente este año.
Su observación es un deseo y una construcción cotidiana. Pero sabe que lo mejor ya pasó. Eran los tiempos en los que estos mismos que hoy debaten y se sacan chispas entre sí creían que “volvían mejores”, y “entre Alberto y Sergio (Massa)” iban a contener a Cristina y su tropa. Esto no pasó. Pero para que se diera esta tendencia final incidió, de manera crucial, el propio presidente.



