La Vendimia de la endogamia política
Cierres de alianzas, tensión por los acuerdos, candidaturas e instintos de supervivencia. Nervios, negociaciones y una agenda distorsionada por los intereses propios. La Fiesta Nacional de la Vendimia es uno de los momentos más relevantes de la vida social de Mendoza, pero en 2023 la agenda está hiperpolitizada, pero con una visión endogámica; por las tensiones que cruzan a los propios intereses de los dirigentes y partidos políticos.
Ocurre por la superposición de fechas y hasta por una situación de comodidad. La Vendimia coincidió temporalmente con el inicio de las definiciones políticas nacionales en el oficialismo y la oposición y, aún más, con lo que ocurre en la política provincial. El efecto vidriera quedó exagerado y es más un espejo donde solo se reflejan ellos.
Fuera de la endogamia que caracteriza a la Vendimia 2023 hay una agenda urgente que sobrevuela. En la industria del vino, por ejemplo, es un año dramático por las contingencias climáticas. Menos cosecha, menos empleo, menos exportaciones y un efecto que degrada a mediano plazo. Para Mendoza el vino es mucho más que eso, pues también es la base del turismo, la otra industria que genera empleo intensivo y que tuvo un inicio de año malo.
De hecho en la provincia, por ejemplo, bajó la desocupación, pero creció sensiblemente la precariedad laboral. Solo en el área urbana 4 de cada 10 mendocinos tienen problemas de empleo porque no tienen, tienen una changa o, incluso, teniendo trabajo necesitan otro ingreso para sobrevivir.
Definiciones
En la Vendimia estarán dos los dos funcionarios más relevantes del Gobierno nacional. Sergio Massa y Wado de Pedro tienen más influencia que el propio presidente Alberto Fernández, sobre quien no había ninguna expectativa en la Vendimia. El ministro de Economía había venido a Mendoza el año pasado luego de que las heladas golpearan fuertemente a la producción de todo el país y en particular a la región cuyana. Algunos, como el Gobierno de Mendoza, lo esperan con reclamos por la falta de cumplimiento de las promesas de aquel tiempo. Massa tiene buena capilaridad y defensas en la política mendocina que pueden ayudarlo a evitar malos momentos. Pero le costará evitar el efecto desazón que hay sobre todo lo que rodea al Gobierno nacional.
El ministro del Interior era uno de los funcionarios kirchnerista de mejor llegada con Mendoza, sobre todo luego de compartir un viaje a Israel con el gobernador Rodolfo Suarez. Esa relación ahora es casi nula. De Pedro llega a Mendoza en medio de la crisis generada por la violencia y el crimen organizado en Rosario, que expuso una vez más la impericia del Ejecutivo en temas calientes.
La oposición tiene, en el plano nacional, la mesa servida con anfitriones diversos. Patricia Bullrich empapeló Mendoza con su candidatura a presidenta y va a recorrer cada acto vendimial de la mano de Alfredo Cornejo y el ala dura del Pro. Pero como en Juntos por el Cambio no le temen a la poligamia, el propio Cornejo estuvo antes con Horacio Rodríguez Larreta, archirival de Bullrich en la áspera interna de ese frente. Como hombres de compañía están, un escalón atrás, Martín Lousteau, Gerardo Morales y Gustavo Valdés.
De la política local la Vendimia dejará el escenario claro: Cambia Mendoza quedará forzado con el radicalismo como eje y empoderado, con el Pro "adentro" pero sin sus líderes y con la ruptura de Omar De Marchi como cosa dada. Luis Petri será candiadto por dentro de ese frente y, probablemente, embanderado con las consignas del sector empresario que forma parte del oficialismo.
El peronismo en su mayoría se aleja del tercer frente y el Gobierno de Mendoza oficia de anfitrión, con un hecho que cada vez es más notorio. Se trata del paso de manos de Rodolfo Suarez hacia Alfredo Cornejo, el candidato favorito y quien hoy intenta demostrar que nunca dejó el poder.