Qué, cómo y con quiénes: las preguntas que incomodan a los candidatos que quieren gobernar una Mendoza pobre
Una de dos: o hay una profunda vocación de servicio en el oficialismo y alrededores, o no tienen idea lo que pasa. Pues, con los datos de la realidad social y económica de Mendoza y el país, intentar "transformar" la provincia parece una quimera. Por eso la pelea por las candidaturas dentro de Cambia Mendoza y el PRO llama la atención. También genera dudas las falta de entusiasmo del peronismo: o no tienen ninguna ambición para gobernar, o no quieren hacerlo en un contexto difícil.
Hoy todos se pelean para saber quién y qué serán luego de diciembre. Pero las preguntas son para qué quieren ser y cómo harán. Datos para presionar sobre ellos sobran. El Indec difundió en la semana información sobre el derrumbe económico de las familias mendocinas. Al menos 4 de cada 10 personas tienen problemas de empleo en la Provincia. Hay poca desocupación aparente, pero muchos trabajadores necesitan otro empleo o el que tienen es de pésima calidad. De hecho los ingresos individuales y familiares de los mendocinos están por debajo de la media nacional, es decir, son más pobres (en promedio una familia mendocina tiene 137.292 pesos de ingresos y a nivel nacional roza los 150 mil). El único empleo que crece es el precario y allí hay un dato clave: los trabajadores no registrados ganan en Mendoza la mitad que los formalizados. El estancamiento productivo genera falta de empleo y oportunidades.
La pelea de fondo entre Alfredo Cornejo y Omar De Marchi podría tener un debate más profundo fuera del barro. Ambos deberían, pasado el escándalo, responder las preguntas que la realidad hace. Los dos tienen, en escalas distintas, algo para mostrar y un punto común: cuando les tocó gestionar lo hicieron con una vara baja.
En su último mandato como intendente, De Marchi recibió a Luján destruido y con levantar la basura alcanzaba para marcar diferencia. Tiene en su haber otros hitos como haber comenzado la erradicación y cambio en el llamado "bajo Luján" y haber sentado algunas bases para que sea el departamento que más creció. Cornejo heredó la gestión de Francisco Pérez y al principio le alcanzó con pagar los sueldos en término. Ejecutó transformaciones profundas y logró, para algunos con excesos, recuperar la autoridad del Gobierno. Tiene la desventaja de no poder cuestionar abiertamente lo que cree que está mal en Mendoza por tener a Rodolfo Suarez de su lado.
El primer paso de la anticipada campaña está puesto mucho más en la arquitectura electoral que usará cada candidato que en la búsqueda de respuestas a las dos preguntas fundamentales. La otra pregunta, casi igual de importante, es con quiénes. Allí el oficialismo está más interpelado.
Equipos
"A todos ustedes los voy a jubilar", dijo Alfredo Cornejo cuando se sentó en una mesa de amigos y funcionarios del Gobierno, muchos de ellos con 7 años de gestión encima. Hubo risas y algunas preocupaciones. También estaba en esa pregunta la principal duda del proyecto Cornejo 2023: cómo hacer algo nuevo, cómo enamorar al electorado y, sobre todo, cómo prometer una Mendoza distinta tras tantos años en el poder y con la misma persona como líder. El desafío de la renovación es probablemente uno de los más complejos para quien quiere volver a gobernar la provincia y lograr el objetivo casi fetiche de ser el único "reelecto" desde el retorno de la democracia.
Cornejo buscó en los últimos años ser parte del escenario político nacional y se acercó a los equipos técnicos de Juntos por el Cambio. Por eso, explican, "dio un salto de calidad" en la mirada para tener un panorama global. Allí es donde el candidato habla de la necesidad de "influir" en las decisiones nacionales como un punto clave. Cornejo quiso decidir, pero por ahora se conforma con influir en ese plano. Se acercó a algunos equipos, particularmente al liderado por el exministro Alfonso Prat Gay, y en Mendoza mantuvo el pulso de la gestión de la mano de los funcionarios que aún le responden. El equipo con el que Cornejo piensa gobernar tiene algunas dudas porque en la construcción de su candidatura hay piezas dispersas que tendrá que juntar; dirigentes y espacios que ahora "reclaman" más participación en un potencial gobierno.

Pero en las elecciones hay mucho más en juego para el oficialismo y la oposición. Por permanencia en el Gobierno y por la impronta que tiene el modelo radical de gestión, hubo una confluencia y concentración de responsabilidades institucionales en un grupo de personas con pensamiento uniforme. Desde 2015 hay una "anomalía política" en la Legislatura porque el oficialismo tiene mayoría cómoda en ambas cámaras; logro conseguido con total legitimidad y con la torpeza ajena como catalizador. En el Poder Judicial la capilaridad del oficialismo se logró en dos etapas. De manera intempestiva en cargos altos, y por goteo en todo el "palacio judicial". Cornejo logró que se jubilara Rodolfo González y esa decisión fue clave para ejecutar su plan de cambio en la política criminal de Mendoza. Nombró a Alejandro Gullé, a quien tiene a tiro de teléfono, y a José Valerio en la Suprema Corte para compensar la visión sobre el derecho penal. En su gestión se renovaron más de un tercio de los jueces, fiscales y defensores, todos aprobados por el Senado en el que tenían mayoría propia (aunque muchos fueron también con apoyo opositor). Dalmiro Garay pasó de ser ministro de Gobierno, a juez de la Suprema Corte y en poco tiempo a ser el presidente. No hubo tiempo de amortiguar el cambio de rol, pues pasó del tercer piso de Casa de Gobierno al Cuarto de Tribunales; acompañado por otros tres jueces que le dan respaldo a sus decisiones.
El peronismo se queja, aunque más por celos que por convicción, pues había ocurrido lo mismo con Mario Adaro pocos años antes. Ese hecho merece una pausa en el relato, pues en Mendoza muchas de las peleas son más por envidia que por convicciones enfrentadas. En los organismos de control pasó algo similar, pues Néstor Parés pasó de presidir la Cámara de Diputados a conducir el Tribunal de Cuentas gracias a otro logro de la gestión Cornejo: la jubilación de Salvador Farruggia. El autocontrol de Parés sobre las cuentas de su exjefe tampoco es novedad porque, nuevamente, el peronismo hizo lo mismo cuando estuvo en el poder al nombrar a los integrantes del Tribunal.
La ola de jubilaciones favoreció al radicalismo y se retiró el secretario de la Junta Electoral. En ese lugar fue designado Jorge Albarracín, que no solo había sido legislador, sino también apoderado legal de la UCR. También se retiró el contador de la Provincia, Cavigia. Allí fue nombrada la cornejista Paula Alasino. Hasta en los colegios profesionales hay una penetración importante de ese partido, cuestión que afecta indirectamente a otras instituciones. El Colegio de Ciencias Económicas está conducido por Julián Sadofchi, militante radical y surgido en la cantera de Franja Morada. En el Colegio de Abogados la lista impulsada por el oficialismo se impuso, con Andrea Maturana como presidenta. Hasta en el colegio de agrimensores hay un radical: Javier Oyhenart, que viene de una familia de militantes de ese partido. De manera indirecta, la permeabilidad sobre otros estamentos permite mayor margen de maniobra en organismos colegiados, como el Consejo de la Magistratura y el Jury.
Para la oposición y en particular para Omar De Marchi esa estructura genera un riesgo institucional. Los radicales explican que cada cargo ha sido legitimado institucionalmente y, agregan, para lograr transformaciones en Mendoza no alcanza con tener el gobierno. Si el radicalismo se mantiene en el Gobierno, habrá una continuidad cómoda en la periferia del cuarto piso. Si es un opositor, tendrá muchas miradas encima.

