Javier Milei y el peligro de no generar candidatos en distritos clave
Javier Milei está instalado, va a ser protagonista de la elección presidencial venidera. Su carrera meteórica le permitió pasar de columnista de TV por cable a precandidato nacional y ahora ya por encima de los diez puntos, algo impensado un año atrás. El economista empezó a tamizar sus gritos e insultos y comenzó de a poco a entender cómo se genera expectativa y confianza para intentar ser presidente.
Es estridente, marca agenda, es renovador, disruptivo y convence, pero sus formas le restan muy seguido. "Los conchudos del Central" ya no es parte de su repertorio, aprendió levemente a morigerar las palabras y sostener la irreverencia sin faltar el respeto. El desafío ahora es pasar del amateurismo estridente al candidato profesional con armado, algo que todavía está a distancias lunares.
La personalidad es compleja, sus decisiones no siempre son previsibles y muchas veces dependen de dos personas poco conocidas en el mundo de la política, donde la ideología empezó a predominar mucho más que antes por sobre la realpolitik, cuando todo era pragmático y agible. La hermana, Karina, pieza constitucional de la vida política de Javier, especialista en arte y las relaciones públicas, fanática del tarot y confidente del candidato.
Su jefa de campaña es la hermana porque es su mentor y su guia, pero Carlos Kikuchi teje día y noche acuerdos para que Milei llegue de la mejor manera a las elecciones. Periodista, consultor y publicista, Kikuchi fue asesor junior de Domingo Cavallo y nunca tuvo un cargo de relieve hasta el año pasado que apareció en la vida de Javier Milei. Los acuerdos del interior son opinables: el hijo de Antonio Bussi, Ricardo, será candidato de Milei a pesar de las denuncias de corrupción y abuso que pesan en su contra.
Milei no tiene candidatos de peso o que igualen sus números en Mendoza, Capital Federal, Buenos Aires, Cordoba y Sana Fe, es decir, en 7 de 10 votos no hay un dirigente con la pechera libertaria que arrime votos y supere al economista. No es un desafío menor teniendo en cuenta que el 24 de junio de cierran alianzas y se sabrá quién compite para qué cargo.
Una movida inteligente fue haberse desprendido del dirigente massista Carlos Maslaton, abogado que seduce adolescentes que lo siguen en redes y acuden a sus comidas en restoranes de lujo. El economista, otrora liberal de la Ucedé, hoy sólo es un propagador del kirchnerismo tardío, apoyando el plan de Sergio Massa presidente y explicando por qué a sus ojos, las condiciones de la economía argentina son difíciles de superar, nada más antagónico al diagnóstico de Javier Milei.
En Buenos Aires las negociaciones arden, los referentes son variados. No se descarta incluir a José Luis Espert y se siguen apostando a influencers del interior para vigorizar la figura de Milei. En Mar del Plata, por caso, es Juliana Santillán, desconocida dirigente de la ciudad portuaria pero dueña de un perfil seductor y convocante por su belleza y estridencia discursiva.
La mesa chica del economista hoy no llega a diez personas: una candidatura presidencial anómala y endeble en lugares sensibles, que sólo penderá del hilo más preocupante: el estado anímico y la energía del candidato.

