Alberto Fernández, Cristina Kirchner y la AFI: la Inteligencia acecha de nuevo a la política
Los días para César Milani no son los mejores, Cristina Fernández de Kirchner empezó a confiar más en la AFI camporista que en sus habilidades, quien supo ser la sombra de la vicepresidente y modernizó el ejército con compras milllonarias y licitaciones de dudoso color.
Muchos recuerdan el enojo de sus exigencias a la hora de elegir el color de la etiqueta del whisky, siempre azul, o el vino, siempre Felipe Rutini, mientras escaceaban los recursos en el interior. La Inteligencia vuelve a meterse en la política doméstica más allá de la pretendida evitación que planteó Alberto Fernández cuando quiso jubilar los oscuros sótanos de la democracia.
Milani, entonces, sigue trabajando, ya no como jefe del Ejército, pero para la causa que empezó a defender una vez corroborado que si no se subía al tren progresista de la Patria grande del sur, su carrera cobraría la opacidad de sus camaradas, dados de baja o suspendidos tras décadas de servicio. Algunos recuerdan, todavía, la nunca explicada licitación de comida con el Mercado Central, un negocio millonario que hacía llegar la fruta y verdura bien podrida al interior del país, pero cuya facturación de él dependía. Tampoco está más la relación notable que supo tener con su alter ego, Gustavo Granito, hoy en el ministerio de Defensa con un cargo menor.
César Milani ¿ex cara pintada? y La Cámpora obedecen entonces una directriz cristinista que no se puede cuestionar: obturar ascensos militares, arruinar ascensos o pedidos diplomáticos, todo lo que venga de pedido de Alberto, se cajonea. Así, hay coroneles y distintos rangos en la Comisión de Acuerdos del Senado, cajoneados únicamente por ser pedidos por Alberto Fernández. Es tal la evidencia, que no pesa una sóla denuncia sobre los implicados, pero siguen frenados los ascensos. El paso de Agustín Rossi es olvidable, ni cambios ni avances, inercia.
Alguien se podría preguntar: ¿Cuál fue el criterio para suspender los nueve nombres de los cientos que pasaron lista, y por qué son justamente nombres que Alberto Fernández tenía dentro de los que debían ascender? ¿No es otra muestra cabal de la mala inteligencia buscando diferenciar kirchneristas de no kirchneristas para arruinar carreras militares? Los ascensos se frenaron, nunca más subió tan rápido como algunas mujeres al séptimo piso del Estado Mayor en épocas de cristinismo duro.
Milani y el Patria son dos caras de una misma moneda que nunca cambió: la obsesión kirchnerista por la inteligencia. Néstor Kirchner se tiraba a escuchar audios de periodistas y empresarios los fines de semana en Rio Gallegos, situación descripta por Gerardo Tato Young en sus múltiples libros, tal vez el periodista más exitoso de la materia en la historia moderna. Así entonces, Milani pasó velozmente de ser un miembro del batallón 601, ahora re bautizado CIM (Central de Inteligencia Militar).
Hace pocos días, el fotógrafo de un importante funcionario se encontró por la calle con un coronel, lo saludó alegremente y le dijo: "No es contra vos, es contra Alberto", y siguió caminando. Se acabaron las especulaciones.
Alberto dice en privado que tiene prohibido suspender o entorpecer carreras por ideología, pero no logra revertir la censura explícita a militares por no ser adictos al kirchnerismo.
Es el caso de Leopoldo Lobo, después de 30 años trabajando en Inteligencia del Ejército, pretende seguir haciéndolo, pero entonces ahora puede sufrir persecución y señalamientos por cumplir con su trabajo. El espionaje interno está sobrevalorado, dicen algunos, pero está activo.
La tipología de agente es la misma desde la guerra fría, y Cristina Fernández de Kirchner, Alberto Fernández y César Milani lo saben: hay orgánicos con sueldo en blanco, hay inorgánicos y hay amigos que cuentan cosas cada tanto, pueden vivir por ejemplo en una villa del Conurbano y comentar dónde se vende droga, o dónde está un determinado delincuente buscado y cobrar posteriormente por sus servicios prestados. A nadie asusta ni sorprende, pero ahora el kirchnerismo pretende poner quinta en un año electoral donde el único objetivo es esmerilar al presidente a todo vapor.