Un complicado equilibrio de poder para implementar el “plan paciencia”
“Toto me consultó por la viabilidad jurídica de suspender el aumento de las jubilaciones durante todo el año que viene”, comentó con preocupación el administrativista Rodolfo Barra a sus allegados luego del asesoramiento que le pidió Luis Caputo, el hombre que manejará la economía a partir de mañana. El próximo procurador del Tesoro sabe que para lograr ese objetivo solo se necesita un decreto de necesidad y urgencia. Pero también admite que no va a ser complicada la viabilidad social de esa medida. “Javier me escucha”, repite Guillermo Francos frente a sus interlocutores del amplio universo del peronismo. Les asegura a los gobernadores del PJ que el ajuste va a ser razonable y lógico desde el punto de vista político.
Este es un reflejo de los tires y aflojes en el seno de la administración entrante de Javier Milei para calibrar la implementación de las iniciativas destinadas a reducir el alarmante déficit que heredará de Alberto Fernández. Todo parece indicar que el objetivo por estas horas pasa por encontrar el justo medio, en términos de Santo Tomás de Aquino, para reordenar el caos económico que reciben sin pagar un costo muy alto en la calle. Reconocen que va a ser duro, aunque agregan que la gente lo sabe porque el presidente electo lo vino anticipando a lo largo de toda la extenuante campaña electoral.
“Tenemos un hándicap inédito, la sociedad votó masivamente a Javier a pesar del realismo que transmitía. No prometió plan platita. Siempre habló de ajuste”, explica una fuente de La Libertad Avanza para describir su lectura sobre el crédito que tiene abierto Milei. No hablan de un cheque en blanco y dejan trascender que será una gestión muy complicada donde va a ser clave lo que se empieza a definir como el “plan paciencia”.
Se trata de buscar el equilibrio político que le permita avanzar con medidas draconianas sin perder legitimidad en el camino. Es ahí donde muchos creen que el ministro del Interior, Guillermo Francos, tendrá un papel protagónico afuera y dentro del Gobierno. “Guillermo necesita algo de margen para negociar los votos en el Congreso y darle músculo político a la gestión”, sostiene uno de sus allegados. Se refiere a que lo perciben como el mediador tanto con la oposición, como puertas adentro del nuevo oficialismo.
“Ya es una tradición que en todo Gobierno hay una política que discute y se enfrenta con el equipo económico de turno y en esta oportunidad no parece que vaya a haber una excepción”, comenta una fuente parlamentaria. Pero el jefe de la cartera de Interior también tendrá una tarea difícil en la convivencia diaria con Patricia Bullrich, su colega de Seguridad. La excandidata presidencial de Juntos por el Cambio tiene un volumen político consolidado y su tarea será más estratégica de lo habitual. Nadie la percibe como una ministra más.
Francos y Bullrich ya chocaron por la designación de las nuevas cúpulas de las fuerzas de Seguridad. La ministra tuvo que aceptar a regañadientes los jefes que consensuó el excavallista con Aníbal Fernández. Inicialmente parecía que el área de Seguridad pasaba a depender del Ministerio del Interior, luego desembarcó Bullrich, pero Francos la limitó de entrada. “Estas designaciones son del presidente Milei”, le replicó el jueves poniendo, por ahora, punto final a la discusión.
La dinámica diaria irá dejando en evidencia cómo se acomodan los tantos en la búsqueda de preservar la paciencia. También se verificará la intensidad del rol de dos figuras relevantes: Karina Milei y Nicolás Posse, el próximo jefe de Gabinete, quienes debutarán en la política de las grandes ligas. También será trascendente el papel de Santiago Caputo, el estratega comunicacional que mucho tendrá para aportar en estas cuestiones. Ni hablar del rol de Milei, que seguramente deberá arbitrar conflictos internos y externos donde habrá ganadores y perdedores. Hasta ahora mostró que suele ser implacable cuando toma decisiones. Victoria Villarruel puede dar fe del estilo de su compañero de fórmula.