La Ciudad, epicentro de protestas y con agenda recargada
El temporal más feroz de la historia porteña, el protocolo para manifestaciones y el abultado Decreto de Necesidad y Urgencia del Gobierno de Javier Milei, le quitaron centralidad al debut de la gestión de Jorge Macri en la Ciudad de Buenos Aires. Por un lado, el jefe de Gobierno se impuso ese desafío, el de "ordenar la calle", pero por otro no pensó que era tanto. En el mismo día, aún en distintos turnos, piqueteros y caceroleros, además de otras marchas que se aproximan.
Demasiado para una semana se dirá el mandatario porteño, quien logró atravesar el más importante de los desafíos del inicio de la administración, como el control de la calle.
Algo de la trastienda de esos preparativos para evitar cortes de avenidas, mostraron las cámaras de TV, el miércoles. Fue cuando enfocaron al jefe de la Policía de la Ciudad y secretario de Seguridad porteño, Diego Kravetz, en tono de queja para con la ministra nacional, Patricia Bullrich.
Era el día del debut del protocolo de la funcionaria durante una marcha de piqueteros de la izquierda, pero la Policía Federal solo puede actuar a pedido del distrito porteño, que no lo había requerido. El despliegue abultado de las fuerzas federales es ya característico de Bullrich.
Así, en rigor, convivieron dos protocolos ante la manifestación, el nacional y del Gobierno de la Ciudad.
Algunos detalles los diferencian, quizá sutilezas sobre las condiciones para los manifestantes durante la protesta, pero más marcada está la política ante los acontecimientos. La prueba en la materia, en estos días, fue propia de una jornada recargada.
Fue este miércoles cuando estaba prevista la manifestación que puso a prueba el protocolo de seguridad de Bullrich, pero también la política en la materia del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que tiene como ministro de Seguridad a Waldo Wolff y como segundo a Kravetz. Se agregó, por decisión del Gobierno Nacional que Javier Milei leyera por la noche el DNU que levantó polémica, ocupó la centralidad informativa y también desembocó en cacerolazos. Programados o espontáneos, lo cierto es que, si se toma como muestra la concentración de vecinos en la Plaza del Congreso podría esperarse la intervención policial. Sin embargo no había cortes, ni aviso previo de la movida. Así lo interpretó el ministerio de Seguridad de la Ciudad y que, en definitiva los manifestantes ocuparon una plaza, algo permitido en los protocolos. De esa manera la Ciudad intervendría en las marchas si los cortes mortifican al prójimo, no meramente por ocupar una vía si se dejara libre otra que "permita la circulación".
Aquella tarde del 20 de diciembre pasado, Jorge Macri felicitó a sus funcionarios, Wolff y Kravetz por los operativos ante la manifestación de los piqueteros.
El jefe de Gobierno porteño estaba conforme: no se cortó la avenida 9 de Julio, ni dejó de funcionar el Metrobus, ni el subte, ni hubo encapuchados, se enumeró para considerar positivo el desempeño de las fuerzas de seguridad.
"La diferencias es que Bullrich es dogmática", explicó por lo bajo un funcionario de cercanía a la ministra. Es que, la ministra se mostraría intransigente ante algún esbozo de contravención. Sería el caso de que los manifestantes no caminaran por la vereda como dicen los protocolos. En cambio para la Ciudad, los cortes deben impedirse cuando perjudican a otros. Creen que no fue el caso, por lugar y horario, de los cacerolazos nocturnos, es decir que no perjudicaban tanto a esas horas.
Como sea, el uso del protocolo que se repitió el viernes ante una manifestación de ATE, que debió caminar por la vereda y a pedido de la Policía porteña, será de aparición seguida de acuerdo a la agenda de protestas que comienza a desplegarse por el rechazo del DNU de Milei. Un cronograma que la Ciudad entonces tratará de que mortifique a los porteños lo menos posible, mientras se acomoda el escenario nacional y le devuelva centralidad.

