La curiosa trampa política por la que nacieron los registros del automotor
Una de las medidas que más afecta a "la casta" de todo el país tiene que ver con la liberación de los trámites pertinentes a las transferencias de vehículos, conocidos como los registros de propiedad automotor, nació por una transacción política oculta y oscura, similar a todo lo que rodean los 08, los F12 y demás formularios relacionados con la compra venta de los automóviles.
Corría 1988 y el peronismo se aprestaba a volver al poder luego del sorpresivo triunfo de Raúl Alfonsín cinco años atrás. La disputa se daba entre el "dueño del aparato", Antonio Cafiero, y el "outsider" despeinado y con patillas largas, amigo de la farándula y los deportistas, Carlos Menem. La leyenda dice que, a cambio del arreglo de la elección en la provincia de Buenos Aires, se crearon los Registros de Propiedad Automotor.
Antonio Cafiero dominaba casi todo. Controlaba, como gobernador, el poderoso aparato de la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza, además de contener a la mayor parte del movimiento obrero, aún poderoso e influyente, en 1983.
Carlos Menem, en cambio, tenía todo el norte y algunos dirigentes sueltos de la provincia de Buenos Aires, entre ellos el ascendente Eduardo Duhalde, en Lomas de Zamora, y Juan Carlos Rousselot, en Morón. No mucho más. Pero, de los dos candidatos presidenciales de la interna abierta del peronismo, el riojano era mucho más popular, aunque sin estructura ni dirigencia de peso detrás, salvo un puñado de dirigentes gremiales aportados por Luis Barrionuevo.
El país estuvo en vilo por aquella interna en la que el oficialismo radical de entonces hizo bastante para que triunfara Menem, a quien creían que en la elección general iba a tener pocas chances de triunfar contra el sucesor de Alfonsín, Eduardo Angeloz.
Sin embargo, sucedió lo imprevisto. A la noche del 9 de julio de 1988, los resultados arrojaron una victoria por menos de 40.000 votos de Carlos Menem sobre Antonio Cafiero en Buenos Aires y asombrosos resultados en La Rioja y Catamarca donde el 100% de los habilitados para votar lo hicieron por el riojano. Las malas lenguas y relatos de aquel entonces sostienen que si bien el resultado no fue ese, hubo algunas manos traviesas que "vendieron" al gobernador que debió soportar una airada reacción de varios de sus dirigentes más cercanos, como el exintendente de Moreno, Luis Brunetti.
Si bien nadie jamás alzó una acusación formal, y Cafiero aceptó con hidalguía el resultado electoral que lo mandó al ostracismo político, algunos memoriosos recordaron que uno de los cafieristas más menemizados de aquel momento fue el exembajador y funcionario bonaerense Daniel Castruccio, quien hacía tiempo venía con una idea bajo el brazo. Ordenar y coordinar la compra venta de vehículos donde los controles brillaban por su ausencia y la duplicidad de motores, chasis y estafas estaban a la orden del día.
Ahí nacieron los registros del automotor, que fueron entregados en forma directa a diputados, senadores y jefes territoriales de todo el país. Y, a medida que el parque automotor crecía, aparecía la "obligación" de crear otras oficinas para que también le eran otorgadas a los amigos del poder. Ese sistema es el que funcionó hasta ahora, y si no se aprueba el decreto ómnibus de Javier Milei, seguirá todo como hasta ahora.


