El enigma del círculo rojo: Luis Caputo, ¿superministro o fusible de Javier Milei?
La irrupción de Luis Caputo como ministro de Economía del presidente Javier Milei sorprendió a propios y extraños. Evidentemente se trata de una designación que genera diversas interpretaciones en el mundo político, económico y financiero. En pocos días el flamante funcionario logró instalarse en el centro del escenario con medidas muy audaces que abren interrogantes respecto a los resultados en el mediano plazo.
A excepción de sectores kirchneristas y de izquierda, se puede afirmar que existe un amplio consenso de aprobación sobre el rumbo elegido por el jefe del Palacio de Hacienda. Ponen más énfasis en el mercado financiero a la hora de elogiar los anuncios, mientras que en el mundo empresario y político son más cautos respecto a su viabilidad. “El diagnóstico es correcto, nadie podía en su sano juicio explicar el contexto de otra manera”, reconoce un directivo de la Unión Industrial Argentina (UIA). Pero fuera de la City no son pocos los que dudan sobre la precisión en materia de economía real por parte del equipo de Caputo.
La mayoría de los researchs de analistas de bancos de inversión y de varios fondos que miran con interés a la Argentina coinciden en elogiar las primeras medidas de la nueva administración, aunque recomiendan seguir con atención el músculo político de la gestión y la sensación térmica de la calle frente al audaz ajuste anunciado por el ministro de Economía. Son innumerables los escollos que deberá superar el Gobierno de La Libertad Avanza en las próximas semanas. Probablemente la prueba menos exigente pasa por consolidar la confianza inicial de bancos y jugadores de la City que ya arrancaron entusiasmados luego del triunfo del balotaje.
A medida que el testeo de la viabilidad de las medias del equipo económico se lo enfoca en la política y en la esfera social es donde surgen los primeros interrogantes. Las fuentes de la mayoría de los espacios partidarios consultadas en las últimas horas coinciden en destacar que el mayor desafío de la gestión de LLA pasará por el humor social de la amplia y diversa clase media urbana, seguramente las principales víctimas de la víctimas de la licuación de ingresos y pérdida brutal de poder adquisitivo.
Los pronósticos económicos indican que en los próximos 60 días la inflación crecerá no menos de un 50% por la devaluación anunciada por Caputo y el reacomodamiento de precios relativos que se reprimieron en los últimos meses. Los consultores privados no se animan a fijar un techo para el alza inflacionaria de este verano sumado al “crawling peg” mensual y a las expectativas de la sociedad. El humor de los sectores medios, más allá de la legitimidad de Milei y la comprensión del dramatismo de la coyuntura, parece ser una variable que no está siendo monitoreada por ahora en el oficialismo. Los interrogantes sobre los haberes jubilatorios son otro tema de inquietud que aún nadie define.
La gobernabilidad en la calle va a depender mucho de la paciencia del electorado “prestado” que votó por el "León” en la segunda vuelta, sobre todo los votantes de clase media de Juntos por el Cambio. Esa porción de la sociedad que representa un 25% aparece dispuesta a realizar sacrificios si “los que la hacen, la pagan”, en clara alusión al kirchnerismo. Muchos dirigentes del PRO y de la UCR reconocen en privado que "el ajuste no cierra sin presos”. Varios señalan a Martin Insaurralde como uno de los blancos ideales para poner tras las rejas dándole más consistencia al relato presidencial frente a las penurias económicas que se aproximan.
Sea como fuere, Caputo aparece en el inicio de la gestión como un superministro pero de acuerdo al comportamiento de las variables económicas puede transformarse en un fusible. Por algo el titular de Hacienda fue quien puso la cara para anunciar el ajuste o Patricia Bullrich para ponerle un freno a los piquetes. Además un dato que no pasó desapercibido: el exsecretario de Finanzas de Mauricio Macri no estuvo ayer en la reunión que encabezó Milei junto a los gobernadores.


