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La impunidad del poder: la historia detrás de la caída de Walter Bento

Walter Bento se manejó con privilegios y cayó víctima de su propia arrogancia. Está acusado de delitos graves, pero fue destituido por faltas éticas. Cómo surgió todo y la timidez de la política.
Bento fue detenido y ya está preso en la cárcel de Cacheuta Foto: Noticias Argentinas
Bento fue detenido y ya está preso en la cárcel de Cacheuta Foto: Noticias Argentinas

Walter Bento recorría Mendoza en un túnel de privilegios. Tenía tan encarnada la idea de impunidad que trascendió los límites hasta lo obsceno y, finalmente, fue víctima de su propia arrogancia. Ostentaba poder en los detalles más ridículos y la sensación de que nada podría pasarle le hizo bajar las defensas al punto de quedar expuesto. Bento está acusado de delitos gravísimos, pero fue destituido y perdió sus privilegios por el abuso de sus facultades para, por ejemplo, pedir un crédito hipotecario que no le correspondía. Ahora está preso y su último privilegio fue estar solo algunos minutos en la U32, un lugar de cuatro metros cuadrados donde antes él decidía quien se alojaba allí. Ahora está en la cárcel "modelo" de Cacheuta, privado de su libertad.

Bento construyó relaciones y hasta una pequeña unidad de negocios alrededor de su juzgado. Una parte funcionaba con ingresos legales, pues logró nombrar a sus hijos, amigos y amigos de sus hijos en cargos muy bien remunerados. “Acá hasta el ordenanza tiene un auto cero kilómetro”, dijo su esposa en Tribunales para ilustrar que la vida de lujo de la familia podía ser sostenida con sus sueldos. Pues en la Justicia nunca pudieron probarlo aún. Pero además, la sospecha es que el exjuez tenía montada una empresa ilegal basada también en su poder de decisión como juez.

Historia de una causa

La historia de la destitución es, también, al menos una señal de que la impunidad tiene algunos límites. Incluso en la Justicia Federal de Mendoza, donde se puede presumir de un triste récord: los dos últimos integrantes del Juzgado Federal 1 fueron destituidos por mal desempeño y también había ocurrido lo mismo con toda la Cámara Federal. Además de Bento, están sospechados otras 30 personas entre abogados, familiares del exjuez, civiles, policías y funcionarios judiciales. Quienes conocen el submundo de Tribunales Federales aseguran que si bien esa lista es larga, no está completa. Los magistrados federales ya tienen una situación dada que es privilegiada; sueldos altos, beneficios mayores, un futuro asegurado que no cualquiera logra. Pero no alcanza como blindaje. La Justicia es una de las instituciones más cuestionadas y por eso entre los argumentos de los acusadores y en la propia sentencia se menciona el mal ejemplo que significa la vida que llevaba y de la que hacía alarde el ahora exjuez de Mendoza.

MDZ siguió la trama de sospechas mucho antes de que se transformara en causa judicial. La historia detrás de un asesinato y los contactos surgidos comenzaron a revelar una red que era conocida, pero que nunca se había hecho tangible. De rumores a datos; de sospechas a confirmaciones relevantes desde el punto de vista periodístico. Cabos que se ataban y una compleja madeja de vínculos rodeada de intrigas.

El asesinato de Diego Aliaga, signado como uno de los “punteros” de Bento para conseguir clientes que hasta usó la camioneta del Juez, las escuchas y cruce de llamadas del narco Walter Bardinella Donoso y testimonios de acusados de contrabando que recibieron ofertas de pago de coimas le daban forma a ese entramado que de a poco tomaba forma. 

A mediados de 2020 comenzaron los primeros datos relevantes. Las sospechas crecían, pero nadie se animaba a ponerle nombre. Walter Bento estaba en la cabeza de todos, pero en la lengua de nadie. Menos los querían fiscales y jueces, ponerle tinta de expediente a los datos que surgían. Una verdad que incomodaba. El mecanismo ya se conocía: se podía acceder a favores procesales, algunos sutiles, otros grotescos, a cambio del pago de coimas. Cada publicación se hacía con cautela, sobre todo por la sensación de soledad. La pericia del equipo periodístico, el respaldo de la empresa aún con costos durísimos y la persistencia hicieron que hubiera una continuidad y profundización de largo alcance. Presiones de todo tipo, intervenciones de la policía dentro de la redacción por las amenazas y hasta intentos insólitos por parte del exjuez para citar a periodistas a que revelen sus fuentes. Si ya antes solía presionar con causas judiciales sin estar bajo la lupa, con la desesperación en su cabeza las reacciones se potenciaban.

El entorno era complejo. Bento seguía siendo juez con completas facultades y, por ejemplo, tenía en sus manos cualquier causa que surgiera en la órbita federal, incluidos los servicios de comunicación. Más aún, la red de impunidad de la que gozaba incluía contactos políticos y una sólida alianza con protagonistas de la corporación judicial arraigada en la Nación. La lista de contactos telefónicos del juez incomodaba, igual que los pocos mensajes que se filtraron. Allí también quedaba demostrada la obsecuencia de muchos funcionarios provinciales y nacionales.

Impunidad finita

La sensación de impunidad cegó al juez. Además de ostentar con viajes (que incluían invitados, pagos en efectivo y tarjetas con nombres prestados) autos de lujo y negocios que para él estaban prohibidos, también aprovechaba miserablemente cada oportunidad. Por eso sacó un crédito hipotecario para “vivienda única” a pesar de tener propiedades de lujo en barrios privados. Las mismas picardías ejecutó cuando ya era investigado y hacía pesar su presencia de juez para acceder a información que le debía estar restringida.

El juzgado federal 1 tiene bajo control a la política por tener la competencia electoral. Esa era una de las razones de la extrema precaución del sector político para opinar del tema, pero no el único. Bento llegó y se sostuvo con compromisos que mantuvo hasta casi su final. También reinaba la incredulidad: la idea de que las causas no avanzarían y el final del camino Bento seguiría en su sillón, con sus privilegios. No era para menos. El propio juez llegó a burlarse de la justicia al vaciar una caja de seguridad y dejar un mensaje al juez que lo investigaba. Siempre estaba un paso adelante.

Para la destitución pesaron los detalles de la vida cotidiana dentro y fuera de tribunales. Las señales negativas que generaron en Mendoza malestar contra todo el Poder Judicial. Por eso la "impunidad" de Bento era la vergüenza del resto. La defensa en el juicio político siguió la misma línea argumental que en las causas penales: el supuesto encono de un fiscal y otras teorías conspirativas. Incluso usó armas impensadas, como poner por delante a uno de sus hijos para buscar sensibilizar. Al final del camino, sumó un aparato de comunicación en el que invirtió recursos, pero no ganó empatía. Un sector de la política lo había sostenido estirando los tiempos, hasta que no pudieron más. 

Bento era juez desde 2005 y llegó al cargo gracias a la venia política de Néstor Kirchner, el PJ. Desde entonces vivió en esa burbuja de privilegios que ahora perdió y le toca estar en una zona desconocida y que puede molestarle: la de ser un hombre común.