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La singular foto que Suarez le regaló a Massa en plena campaña

El gobernador recibió al candidato de UP y eso sorprendió puertas adentro de su partido. Las promesas y advertencias del ministro de Economía cuyo cumplimiento ahora están por verse.
Foto: Ministerio de Economía
Foto: Ministerio de Economía

En el tramo más delicado de la campaña, Rodolfo Suarez le regaló el viernes una foto impagable a Sergio Massa, que el ministro y candidato se encargó de hacerla aún más redituable con el correr de las horas.

Ese encuentro en Casa de Gobierno entre ambos, fue utilizado por el dirigente de Unión por la Patria como parte de su estrategia de mostrarse como el único qué está dispuesto a terminar con la grieta. “El 10 de diciembre empieza una etapa nueva en Argentina; vamos a un gobierno de los mejores y vamos a enterrar la grieta", fue lo que pregonó tras la reunión con el mandatario mendocino.



¿Por qué tamaño gesto de Suarez en medio de tanta tensión? Hubo de todo tipo de análisis y explicaciones. Aunque no habría que hurgar mucho en el análisis. Como cada vez que se analiza a la mayoría de las acciones de este gobierno.

Una de las hipótesis de por qué Suarez le abrió su despacho al candidato opositor, vino de Buenos Aires. El radicalismo discutirá en diciembre a sus nuevas autoridades partidarias y allí, en la rosca de los acuerdos, además del cargo de titular del Comité Nacional siempre forman parte del arreglo las presidencias de los bloques legislativos en el Congreso. Gerardo Morales es quien ya mostró su intención de romper Juntos por el Cambio para acordar con Massa. ¿Qué se viene mencionando desde hace días? La posibilidad de que Suarez, como parte de este acuerdo, termine erigido como presidente de bloque en el Senado cuando asuma ese cargo en reemplazo de Cornejo y por cuatro años.

Massa y Suarez juntos en el cuarto piso de la Casa de Gobierno.

¿Será posible esto? Difícil. No da la impresión de que por ahora el gobernador mendocino tenga decidido sacar los pies del plato para sumarse al plan de Morales y enfrentar, en consecuencia, nada más y nada menos que a Alfredo Cornejo que está parado en la vereda de enfrente del jujeño. A Cornejo le avisaron que se podría llegar a producir la reunión, aunque se enteró, recién cuando estaba sucediendo, de que se estaba llevando adelante en el cuarto piso de la Casa de Gobierno. No levantó la voz y la dejó correr básicamente porque ya era tarde.

Para volver a un análisis plano de la situación, como muchas veces obliga esta administración que está a días de terminar. Da toda la impresión de que Suarez apostó otra vez a mostrarse como una figura institucional y desapegado de los conflictos. Buscó explicar puertas adentró por qué lo había hecho en su manera de intentar llevarse bien con otras fuerzas políticas y hasta ensayó una comparación. Trató de emular la foto con Massa, a aquella que se sacó el intendente de Capital, Ulpiano Suarez, con Horacio Rodríguez Larreta en plena interna de Juntos por el Cambio mientras todo el radicalismo mendocino apoyaba la candidatura de Patricia Bullrich. Rara, la comparación.

A decir verdad fue todo ganancia la vista el ministro de Economía en un territorio como el mendocino que, sin dudas, le resulta hostil desde lo electoral. No se llevó únicamente la foto con Suarez que vendió como un ejemplo de su propuesta de que él sí va a terminar con la grieta. Sino que además desparramó, en el acto que hizo luego en Maipú, un par de anuncios muy particulares y que buscaron mellar el caudal importante de votos que Milei otra vez sumaría en la provincia y que está ratificando una realidad: en Mendoza, el triunfo de Milei contra Massa en el balotaje sería setenta a treinta o por una diferencia muy cercana a esa.

"Que cada uno haga la cuenta en su casa", fue la recomendación de Massa antes de explicar en números lo que apuntaba a decir. “Cuando hablan del transporte, cada mendocino tiene que saber que va a pagar el doble el colectivo" y dijo que “cuando hablan de eliminación de subsidios en el gas, cada mendocino tiene que saber que a pesar de ser dueños de un pedazo de Vaca Muerta van pagar una vez y media más la boleta de gas".

Lo de los subsidios de gas es, al menos, discutible. Mendoza está bajo el amparo de una ley que le pone tope al aumento de esa tarifa en invierno (Ley de Zona Fría) y asimismo la compra de gas a Vaca Muerta no está subsidiada y se paga a lo que vale. ¿Tiene una parte de subsidio la tarifa?. Sí. Pero ni por asomo en Mendoza subiría “una vez y media la boleta” si se quitaran esos aportes.

En donde no hay discusión de la falacia, es en la advertencia sobre el aumento desproporcionado del precio del boleto si desaparece la asistencia nacional. Y además con un detalle: Massa vino a prometer que a partir de este lunes van a pagar una deuda que el mismo gobierno nacional contrajo, tras haber decidido en febrero frenar el envío de esos mismos fondos de manera unilateral y por razones que nadie explicó nunca. Pero que a todas luces fueron políticas. Una de las argumentaciones para detener el goteo se subsidios fue, en su momento, que Mendoza había incumplido algunas pautas en su sistema que datan de hace diez años. Es decir, de 2012.

Se habló el viernes de $6.000 millones que ahora sí el ministerio de Economía va a destinar para sostener acá el precio del boleto. En realidad la deuda trepa a los $7.100 millones, monto que un equipo de la secretaría de Transporte, después de los anuncios del ministro, intentará destrabar desde este lunes en Buenos Aires. La expectativa es que, si se reciben esos fondos, lleguen recién en febrero y no antes. Y además devaluados. Lo segundo que cabe precisar es que los subsidios nacionales al transporte sostienen solo el 10% del sistema provincial. Es decir que, de eliminarse, sólo impactarán en esa proporción en la tarifa.

Y último: Massa disparó el fantasma del aumento desmedido del precio del boleto, cuando en Mendoza se está discutiendo precisamente eso y ya se aplicó una suba escalonada que será del 125% cuando llegue febrero. La tarifa del transporte público no subía desde enero y, además del retraso en el envío de los recursos nacionales que acumula ocho meses, impacta la decisión de devolver el IVA y de modificar el piso de Ganancias impulsada por el propio ministro en la campaña que recortarán en el 2024 en no menos de $40.000 millones los recursos que recibirá la provincia por parte de la Nación. Suarez ya dijo que demandará a la Nación por estas medidas mientras preparan la denuncia a ritmo lento.

Cornejo, por su parte, intenta jugar un juego de resultado incierto en medio de la potencial disolución de Juntos por el Cambio. Mantuvo una altísima exposición durante toda la semana en Buenos Aires, en donde no se cansó de repetir su argumento de por qué entiende que no debe romperse la coalición que los radicales integran junto con el PRO y la Coalición Cívica.

No lo dijo hasta acá y seguramente tampoco lo dirá hasta el 19 cada vez que se lo pregunten. Cornejo se esconde cuando le consultan a quién va a votar y encontró una salida por arriba para salir de la encerrona. Viene sosteniendo que Juntos debería abocarse a las tareas de fiscalización de la elección, sobre todo en el Norte y en el conurbano bonaerense, por si existiera la posibilidad de que al oficialismo se le ocurriese hacer fraude. Es muy probable que no lo difundan profusamente, pero el radicalismo mendocino colaborará con la fiscalización de la elección de Milei en la provincia.

Pensando en los peores escenarios de triunfo de uno o de otro, Cornejo trata de imponer su idea de que Juntos a partir del año que viene tiene que ser la fuerza de contrapeso político en la Argentina. “Si Massa gana, estamos nuevamente frente a la posibilidad de una década más de gobiernos peronistas. Si Milei gana, estamos de cara a una Asamblea Legislativa dentro de seis meses. Son dos escenarios muy posibles. Ahora, si nosotros nos dividimos y desaparecemos, cualquiera de esas dos cosas van a pasar seguro”, es lo que se cansó de repetir, palabra más, palabra menos, en cada una de las entrevistas que dio durante la semana. Lo mismo, que le había dicho tanto a Mauricio Macri como a Patricia Bullrich en conversaciones duras que mantuvo con ellos por separado en los días posteriores a las elecciones cuando parecía que todo volaba por los aires.

Sabe que lo que viene será muy duro en materia económica e intentará tener un peso a nivel nacional que no solo le permita influir de algún modo en las decisiones que se tomen. Sino que también esa presencia en Buenos Aires le servirá para fortalecerse y controlar el frente interno. Un eventual triunfo de Massa en las presidenciales podría traer como resultado un reordenamiento del peronismo mendocino que podría terminar complicando una gestión que de por sí ya no será fácil por todo lo que sucederá a nivel país.

Cornejo no encuentra el rédito de disolver la alianza que, igualmente, ya entró en proceso de reconfiguración. La liga de gobernadores que se formó después de los comicios apunta a ser la base de esa reconstrucción y en donde el futuro gobernador mendocino jugará fuerte. Allí el objetivo es claro: ese grupo de mandatarios opositores es consciente de que si no se mantienen unidos, venga quien venga, se los comerá de a uno. Y si el que gana es Massa, entienden, el camino será peor aún para ellos.