Panorama político

Balotaje en Argentina: un parto que dará a luz un presidente inesperado

La posibilidad de que Javier Milei o Sergio Massa ocupen la Casa Rosada era impensada pocos meses atrás. Los últimos miedos y las dudas que definirán la elección. 

Gabriel Ziblat
Gabriel Ziblat sábado, 18 de noviembre de 2023 · 21:55 hs
Balotaje en Argentina: un parto que dará a luz un presidente inesperado
Sergio Massa y Javier Milei, dos candidatos que se preparan para ocupar el sillón de Rivadavia Foto: CNE

“Nosotros sabemos que la única forma que nos queda para llegar a la Casa Rosada es con el kirchnerismo, ya no hay otro camino”. Ni Malena Galmarini podía imaginar hace unos años, cuando le planteó este argumento a un colega, como se iban a desencadenar los hechos.

Más que un camino hacia la Rosada, el destino para Sergio Massa terminó siendo un parto. Primero con una parada en el Ministerio de Economía y una traumática gestión que termina con la inflación duplicada y el dólar triplicado. Y después con una campaña eterna donde primero tuvo que convencer a los propios de ser el único candidato, luego inflar a uno de los opositores y él quedar con apenas el 21% de los votos y, por último, exprimir al máximo el aparato para ganar con el 37% las generales y llegar competitivo al balotaje.

Para la mayoría de los analistas, que Massa tenga chances de ganar la segunda vuelta este domingo y llegar a la Presidencia es un milagro de la naturaleza. Una de esas experiencias que no aparece en ningún libro ni tiene muchos antecedentes que permitan explicarlo. Pero tiene sustento en la obsesión por el poder que siempre tuvo el tigrense, como aquellos padres que agotan todas las instancias para poder concebir un hijo.

Y sobre todas las cosas, se entiende también en que tiene una figura enfrente como Javier Milei, cuya candidatura también terminó siendo un parto. El economista que se presentaba en los medios diciendo cualquier barbaridad, a los gritos, enojándose ante las críticas y planteando ideas como la venta de órganos o libre portación de armas tuvo que cambiar su discurso sobre la marcha quedándose prácticamente solo con dos banderas claras de pie: cambio y casta.

El parto para Milei implicó pasar de ser un tercero en discordia antes de las PASO a pensar que podía ganar en primera vuelta, para terminar necesitando hacer un acuerdo explícito con Mauricio Macri y Patricia Bullrich y así volver a ser competitivo.

Ese acuerdo tuvo su momento estelar el jueves, cuando Bullrich se subió al escenario del cierre de campaña en Córdoba. Lo hablaron con Milei el día anterior y solo lo sabían unos pocos asesores por lado. Ni Mauricio Macri, cuentan, estaba al tanto. En el ambiente cordobés giraba un misterio: ¿cómo iba a recibir la militancia libertaria a la excandidata presidencial de Juntos por el Cambio? La ovación tapó todos los miedos y allanó el camino para lo que podría ser la unidad en caso de ser gobierno. Aunque nadie lo confirma, si la noche del domingo el resultado es de triunfo, se espera que Bullrich también esté presente en el búnker. 

Sergio Massa difundió una foto familiar en medio de la veda. 

La suma de todos los miedos

A este balotaje se llega con una palabra que acaparó toda la atención: miedo. Desde el lado massista, insistieron hasta último minuto en remarcar el riesgo para la democracia que supuestamente significaría la victoria del conservador libertario. 

Es un speach que sale casi de memoria: privatizar la educación y la salud, liberar la portación de armas, permitir la venta de órganos, vulnerar todos los derechos de las minorías. En algunos Milei dio motivos claros, porque los planteó. Otros, como educación y salud, la campaña del miedo exagera.

Sin embargo, lo que generó coincidencias entre los encuestadores es que el debate del domingo último, en el que Massa pareció más fortalecido, no logró el efecto que deseaba. El balance general es que ganó la instancia debate pero que no tuvo ningún rédito electoral. Según los sondeos, todo quedó estable y otros incluso llegan a mostrar que perdió votos Massa.

La justificación que encuentran algunos analistas es que tanta campaña del miedo no solo terminó generando anticuerpos y volverse inofensiva sino que podría haber tenido el efecto contrario. 

Uno de los hechos que más se viralizó en redes sociales es que Unión por la Patria puso millones de pesos en publicidad en Google para promover el sitio “Loquedicemilei.com” justo en los días previos al debate en el que el ministro-candidato abusó del recurso de pedirle a la gente que “googlee lo que dice Milei”.

Javier Milei quedó envuelto en medio de una polémica el viernes en el Teatro Colón.

Pero los miedos de un lado están atados, cual cordón umbilical, a los miedos del otro. Los supuestos riesgos para la democracia caen en saco roto ante situaciones como el escrache a Milei en el Teatro Colón. Hecho repudiable que se suma a la golpiza que recibió un hombre que repartía boletas de La Libertad Avanza en Constitución, o la militante a la que le rompieron la nariz u otra que fue hostigada en San Martín. El colmo lo lideró Gastón Granados, intendente electo de Ezeiza, que lideró una patota que fue a amedrentar un acto callejero libertario, hecho que incluso terminó con ataques de piedras. Un canto a la democracia. 

Del otro lado no faltan los hechos repudiables: pintadas en la Universidad de Cuyo, amenazas a dirigentes como Massa, Cecilia Moreau, el piquetero Daniel Menendez o el radical Agustín Rombola, algunas con reminiscencias al Falcón verde o incluso con fotos intimidantes. Hubo también militantes echados de trenes por el solo hecho de hacer campaña pública.

El fraude que no es fraude

Momentos tensos se viven en una Argentina que define su futuro y no tiene idea hacia donde saldrá disparada en las próximas horas. En una elección que en los papeles aparece muy pareja. En ese punto, desde el entorno de Milei tienen otro miedo: que le roben la elección.

Sin embargo, cuando se tuvieron que presentar ante la Justicia para hablar de fraude no aportaron pruebas. Como en tantos otros temas, recularon. El apoderado de LLA, Santiago Viola, dijo que habían hecho una presentación basados en mensajes de redes sociales.

En el escrutinio de los votos, tanto provisorio como el definitivo, existe un consenso amplio de que el sistema electoral argentino es seguro. Hay trazabilidad y chequeos múltiples. Las dudas pueden surgir en el conteo de los votos en las propias escuelas, donde la presencia de fiscales se vuelve determinante. Tener o no tener puede ser determinante. 

De allí que sea histórica la frase en la política argentina de que en determinados distritos, como la provincia de Buenos Aires, al peronismo “le tenés que ganar por 5 puntos para terminar arriba por 2”. Un mito sustentado en este robo hormiga, pero que tampoco esté probado que sea tan crucial.

La presencia de Patricia Bullrich en el cierre del libertario fue una de las sorpresas del tramo final de la campaña.

Un consultor, que mira de cerca esos números, demuestra la dificultad de que ese robo hormiga de vuelta una elección. Explica que un punto porcentual, en una elección de 75% de participación, son unos 250 mil votos. Para tener una idea, en cada mesa están empadronadas unas 350 personas. Es mucho robo hormiga el que necesitas para dar vuelta un punto. “Y no solo se lo tenés que sacar a Milei, sino que tenés que poder sumárselos a Massa”, agrega.

En este contexto de miedos, se llega a una votación que se define en dos puntos. Cómo se moverán los indecisos en las últimas horas, sobre todo aquellos que responden que votan por uno u otro pero que a último momento se pueden arrepentir (alta volatilidad del voto). Y, por otro lado, cómo será el desempeño del aparato peronista, que el 22 de octubre trabajó, según dicen, al máximo de su potencial y llegó al 37%. ¿Puede dar más?

Ni Milei ni Massa se imaginaban hace unos meses el escenario en el que están parados, a minutos de llegar a la Casa Rosada. Este domingo, más de 35 millones de electores descartarán a uno u otro y darán a luz a un presidente completamente inesperado. Un presidente que tendrá que dar sus primeros pasos en un laberinto que lleva a dimensiones desconocidas.

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