¿Milei o Massa? La difícil decisión entre lo desconocido y más de lo mismo
Miles de argentinos votarán el próximo domingo por la negativa. Votarán para que no gane Sergio Massa o para que no triunfe Javier Milei. Pero más allá de ello hay que elegir entre un político experimentado con amplio -ayer en el debate quedó claro- conocimiento del Estado, o un novato de la política con muchas intenciones pero solo enunciadas en el plano ideal. ¿Puede bajar a la realidad Milei las cosas que afirma que hará? Anoche dejó dudas al respecto. A pesar de ello, sigue teniendo un punto a su favor: propone hacer algo distinto a lo que ha traído al país a su triste situación actual.
Lo desconocido encierra una cuota de riesgo. Riesgo a que lo nuevo sea aún peor. Pero al mismo tiempo alumbra una esperanza. La ilusión de que, de una vez por todas, demos vuelta la página y dejemos de ser un país rico con ciudadanos pobres. Con empresarios y políticos corruptos que se enriquecen a costa del sudor de millones de argentinos. Una bocanada de oxígeno en un país viciado.
Del otro lado, encontramos una propuesta similar a la que tantas veces hemos escuchado. Un político de carrera, quizás el más hábil de los últimos tiempos. Dueño de una labia cautivante que conoce como nadie la compleja burocracia estatal. Habla el mismo idioma que los empresarios nacionales y promete cambiar el presente pero aplicando recetas conocidas. Nada extravagante. Al igual que ocurrió con Alberto Fernández, se muestra como una versión superadora del kirchnerismo y -a diferencia de Alberto- probablemente lo sea.
¿Lo desconocido o más de lo mismo? ¿Hasta qué punto estamos cansados de la corrupción, la pobreza, la inseguridad y la inflación? ¿Estamos dispuestos a arriesgarnos algo incierto o preferimos seguir navegando en una tormenta que ya conocemos?
Esa es la ecuación que definirá el voto de cada argentino. Sin caer en extremismos dogmáticos, sin adentrarse en doctrinas filosóficas. La elección será entre algo nuevo que puede ser peor, o lo mismo de siempre con la esperanza de que, ésta vez, sí sea diferente.
Pero esa esperanza ya nos ha llevado a la decepción y esa memoria emotiva también jugará el 19 de noviembre. El miedo a lo desconocido no tiene nostalgia. Otra desilución, en cambio, nos dejará cantando una vez más la letra de "el último trago", canción que popularizó Andrés Calamaro: "Nada me han enseñado los años, siempre caigo en los mismos errores. Otra vez a brindar con extraños, y a llorar por los mismos dolores".
En conclusión, no hay un voto bueno ni otro malo. Plantear que votar a un candidato es avalar la corrupción o elegir al otro es reivindicar la dictadura es desconocer la compleja situación que atraviesa el país. Lo que millones de ciudadanos definirán el domingo es quién consideran que los sacará de las penurias cotidianas, esas que ya han empujado a miles de argentinos a armar las valijas para probar suerte en otro país. O, en todo caso, elegir cuál de ellos creen que es la peor opción para votar en contra de ella.